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Didascalia: ¿Matthew descansa en paz?

Proyecto Laramie (2000)

Proyecto Laramie (2000)

“El proyecto salió de Wyoming, pasó por Broadway, y ahora llega a Venezuela en el marco del II Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense en La Caja de Fósforos, bajo la dirección de Orlando Arocha”

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Érase una vez un pueblo diminuto que saltó a la palestra pública por un homicidio. Se diría que es una premisa recurrente en la historia contemporánea de EEUU: Tiroteos en cines y campus universitarios, atentados contra rascacielos, la policía contra civiles de color. Es un país que ha sido cuna de las mentes más brillantes de la historia contemporánea, pero también ha creado las más sanguinarias y retorcidas que se hayan visto jamás; quizás porque para ver la luz es necesaria la oscuridad.

Pero lo ocurrido en Laramie fue distinto. Es una herida profunda e infectada que aún no consigue cerrarse. Porque el asesinato que tuvo lugar en la tercera ciudad más poblada de Wyoming no fue perpetrado por un grupo fundamentalista, ni fue fecho para sentar un precedente. Ni siquiera por odio, porque los asesinos de nuestro protagonista ausente ni siquiera le conocían. A Matthew Shepard lo lincharon y torturaron por ser homosexual en octubre de 1998.

Son crímenes como este, que no responden a la regla de acción/reacción, los que llaman la atención de quienes no queremos acostumbrarnos a la muerte por una causa distinta a la naturaleza de la enfermedad o del paso del tiempo. ¿Por qué, si cada vida importa? Porque a Matthew Shepard lo asesinaron no por lo que hizo, sino por lo que era. Desde esta perspectiva nos damos cuenta de que la vida es tan frágil como un cristal fino, y tememos por ella. Y alzamos nuestra voz. Y llegan los medios de comunicación.

Pasado algún tiempo después del revuelo, llegaron los integrantes de la compañía Tectonic Theatre –liderados por Moisés Kaufman– e hicieron alrededor de 200 entrevistas a los habitantes de Laramie, algunos de ellos del círculo más personal de Matthew. Este trabajo vio la luz en el año 2000 con el nombre de Proyecto Laramie, un documental escénico sobre el impacto de este suceso en su locación.

El proyecto salió de Wyoming, pasó por Broadway, y ahora llega a Venezuela en el marco del II Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense en La Caja de Fósforos, bajo la dirección de Orlando Arocha con un elenco de con un elenco de veintidós actores que cambian constantemente de rol para dar vida, voz y el testimonio de cada habitante de Laramie.

En ese sentido se trata de un grupo actoral cuyo comportamiento se asemeja al de una coral. Hablamos de actuaciones parejas y uniformes. Ninguna se destaca, ninguna se queda atrás.

La Caja de Fósforos cumplió recientemente tres años y es uno de los pocos espacios en Caracas donde se evidencia la buena inversión del capital obtenido y de las alianzas estratégicas para mejorar las condiciones del espacio escénico. Para Proyecto Laramie no hablamos de una caja negra sino de una blanca en cuyas paredes de proyectan imágenes para recrear el famoso cielo azul y brillante del pueblo, los noticieros que transmitían primero los partes médicos, luego el destino final del protagonista ausente.

El componente audiovisual se divide en dos partes. Las visuales que visten la Caja de manera casi holográfica corresponden a Noel Cisneros. Y los videos de Yeixon Rodríguez, se pasean entre aciertos y fallas monumentales. Un buen ejemplo de ello son los pases de cámara que enfocan a los sospechosos principales del crimen y que le confiere al espectáculo la precisión del documental escénico.

Pero el video deja de ser un soporte cuando no es verosímil, como el caso de la recreación de ruedas de prensa y pases de prensa de los diversos medios de comunicación. En ninguno de los casos se utilizan los planos visuales que comúnmente se utilizan en televisión para estas ocasiones y por ende se pierde la credibilidad que tanto cuesta construir en escena, ante un público que sabe que lo que está viendo no es del todo real.

Hacia el final de la pieza, uno de los personajes reflexiona sobre el impacto de la muerte de Matthew Shepard en el terreno legal, más allá de la creación de una fundación que lleva su nombre y la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. No hay que olvidar que Proyecto Laramie llega al país poco después de la masacre de Orlando, y este artículo es publicado dos días después de un tiroteo en Dallas.

El sistema legal y el educativo falló en explicarle a la civilización que su libertad termina donde comienzan el derecho del otro. No es la legalidad sino la humanidad quien está fallando. Y de esta forma, seguirán ocurriendo casos como los de Matthew Shepard.