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Didascalia: Doñana ya está aquí

Escena de “El pie de la Virgen” / Foto Cortesía

Escena de “El pie de la Virgen” / Foto Cortesía

“La pieza, a través de la metáfora, representa la confrontación entre la Generación del 28 y la dictadura de Juan Vicente Gómez”

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La primera escena es un salón de clases con algunos pupitres desvencijados. Los pizarrones son 5 y en ellos se leen mensajes como “Arjona es el Lenon del siglo XXI”, “Topón” –el antagonista de la historia, interpretado por el actor Antonio Ruiz– y “Andrés Eloy Blanco”, quien escribió El Pie de la Virgen durante su confinamiento en Puerto Cabello en 1928.

La pieza, a través de la metáfora, representa la confrontación entre la Generación del 28 y la dictadura de Juan Vicente Gómez; llevada a escena por el director Orlando Arocha con elementos escenográficos y de vestuario actuales que conectan las acciones con los hechos de represión sucedidos en el país desde el año pasado.

La acción comienza con un grupo de niños que no tienen nombres sino sobrenombres: Cara de Colmena, Cunín, Pelotica, Granito de oro y Tumusa, que esperan la llegada de Cabeza Azul –guiño a las Boinas Azules estudiantiles de 1928– para rescatar a Doñana del malvado Topón, personaje que hace referencia a Juan Vicente Gómez y su poder despótico. Para lograrlo, los niños piden ayuda a la Virgen, que se muestra en desconocimiento del secuestro de Doñana y se dispone a ayudarlos.

¿Quién es Doñana? Según la pieza, es un personaje que “los niños llaman Alegría, y los ancianos llaman Libertad y la esclavizan”. Va vestida de negro la mayor parte de la obra y hacia el final cuando es rescatada se desprende de su luto para revelar un colorido faldón hecho de caramelos y plástico de colores. Doñana es el niño interior, la auténtica bondad con la que nace el ser humano y que, por diversas razones se va perdiendo y lastimando en el camino.

Hacia el final el lenguaje poético de Andrés Eloy Blanco se vuelve cada vez más literal y el desenlace es confuso: la confrontación final entre los estudiantes y Topón –con fragmentos de murales de la Universidad Central de Venezuela al fondo– es abrupta y poco comprensible a nivel de dramaturgia. Sin embargo tiene un colofón feliz, donde Doñana se reúne con sus hijos –los niños aquí son hijos de la Libertad– entre risas y abrazos. El mensaje final de El Pie de la Virgen es claro: todos fuimos niños, solo que algunos lo olvidaron en el camino.