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Didascalia: Comer, actuar, cocinar

Escena de La Cocinera / Foto cortesía

Escena de La Cocinera / Foto cortesía

“La Cocinera”, de la directora Rossana Hernández, y la adaptación del clásico “Como agua para chocolate” del director Julián Izquierdo Ayala destacan entre las primeras presentaciones del año

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Sea cual sea el país donde usted se encuentre, por muy remoto que este sea, se dará cuenta de que el punto neurálgico de cualquier hogar es su cocina. Ahí se nutre –literal y figurativamente– la dinámica familiar. A su alrededor se comparten las alegrías, los fracasos, las preocupaciones. Si existe un lugar de la casa donde es más palpable el calor humano, ese es cerca de los fogones.

Tomando todo esto en consideración y partiendo del hecho de que el teatro ilustra las relaciones humanas no es de sorprenderse que los dramaturgos aprovechen este espacio como punto de partida de cualquier historia. Lo que llama la atención es que precisamente en la cartelera teatral venezolana se estén destacando dos piezas cuyo punto de partida es la cocina: La Cocinera, de la directora Rossana Hernández, y la adaptación del clásico Como agua para chocolate del director Julián Izquierdo Ayala como parte de su presentación en el II Festival de Jóvenes directores Trasnocho Cultural

Los ingredientes

La Cocinera es una pieza escrita por el autor cubano-estadounidense Eduardo Machado ambientada en el año 1959 en Cuba, con el inicio de la Revolución Cubana y la llegada de Fidel Castro a La Habana. Gladys, la cocinera de la familia –vinculada con el gobierno de Fulgencio Bautista– asume el mando de la casa y promete cuidarla en ausencia de sus dueños, período que se extiende 40 años y pone a prueba la resistencia de Gladys y su familia a los avatares de la revolución.

Como agua para chocolate es una novela original de la escritora mexicana Laura Esquivel enmarcada en México de 1910, durante la Revolución Mexicana y la caída de la dictadura de Porfirio Díaz. Mamá Helena ha decidido mantener la tradición familiar que exige que la hija menor no puede casarse para cuidar de la madre hasta que esta muera, situación que trunca el romance de Tita, la hija menor, con Pedro, quien ha decidido que la mejor forma de estar cerca de su amada es…casándose con la hermana mayor de esta.

Aunque la palabra revolución está presente en ambas historias, es en La Cocinera donde posee más peso y relevancia, ya que el estallido de la Revolución Cubana es el punto de no-retorno de la historia y el causante de las vicisitudes a las que tendrá que hacer frente su protagonista en los 40 años que demanda el desarrollo de la acción. Como agua para chocolate, en cambio, sugiere su respectivo momento histórico de forma tangencial. Lo importante en ella es el denso melodrama –mexicano, por supuesto– que empaña el romance de Tita y Pedro.

Preparación

La Cocinera presenta un elenco con actuaciones robustas, destacándose la de Laila Vargas en el personaje de Gladys y Ernesto Campos en el papel de Julio. Como agua para chocolate, en cambio, presenta algunos altibajos. Por una parte tiene actuaciones fuertes como la de Citlalli Godoy en el papel de Mamá Elena y Carla Muller en el estelar de Tita. Sin embargo, la actuación de Taba Luis Ramírez en el papel de Pedro necesita más aplomo y trabajo actoral.

Otro fallo en la adaptación teatral de Como agua para chocolate fue la escogencia de escenas con potencial escénico. Aquí tomo como referencia algunos momentos en los que la comida de Tita revelaba lo que sentía al momento de prepararla: fueron momentos tomados de la película que al ser llevados a teatro no pueden  ser post-producidos o editados, y la intención discursiva de la imagen se pierde en gran parte.

Presentación

Una cocina debe estar bien equipada. En este aspecto, la intención de llevar una a escena no puede ser llevada a cabo a medias, y en este sentido la producción de ambas piezas resulta diligente, minuciosa y detallista. Destaca la labor Ángel “Chucho” Rey, productor general de Como agua para chocolate. La labor de Gabriel Agüro Mariño y Elvis Chaveinte para La Cocinera también demanda reconocimiento por la utilización de línea blanca de época e, incluso, comida real.

¿Es una pieza mejor que la otra? No es mi deber como crítico llegar a esa conclusión, al menos no en esta oportunidad. Sí está en mi poder, en cambio, recomendar al espectador interesado que de ser posible espere un tiempo prudencial y asista a verlas en fechas alejadas al estreno. La razón es sencilla: las actuaciones, al igual que las recetas, suelen potenciarse de forma positiva cuando se les deja reposar.