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Didascalia: Compadres. Fuga con Pajarillo

Obra de Teatro Los Compadres / WILLIAMS MARRERO

Obra de Teatro Los Compadres / WILLIAMS MARRERO

“A pesar de que los sucesos expuestos en la pieza se ubican a finales del siglo XIX y comienzos del XX, el argumento de la pieza es terriblemente actual”

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“Hay pasados que no terminan de irse, el pasado venezolano es uno de ellos”, afirma Ana Teresa Torres en su libro La Herencia de la Tribu. La escritora hace referencia a una especie de empeño que presentamos como pueblo en querer emular los tiempos de la Independencia y guerra una y otra vez, como si de eso dependiera nuestro éxito como nación. Lo cierto es que no ha sido así: la receta de comenzar una y otra vez desde cero con miras a los remotos tiempos de la Independencia nos ha anclado al pasado y nos ha impedido avanzar.

Es por ello que es tan importante fomentar la autocrítica, porque sólo de esta forma podremos darnos cuenta de lo que estamos haciendo mal para no repetirlo en un futuro. Es aquí donde toma auge el teatro histórico, cuyo exponente actual es Compadres, original del dramaturgo, actor y director Javier Vidal Pradas; dirigida a su vez por la actriz Julie Restifo.

La pieza, original de Javier Vidal, “forma un díptico con Diógenes y las camisas voladoras en cuanto a estructura, tema y género”, como el mismo autor afirma en el frontispicio del texto. Está basada en el ensayo que hiciera el difunto historiador, periodista y político Simón Alberto Consalvi titulado La Guerra de Los Compadres, y que explica las intrigas existentes en la relación amistosa entre Cipriano Castro, Cabito, y Juan Vicente Gómez, El Bagre.

A pesar de que los sucesos expuestos en la pieza se ubican a finales del siglo XIX y comienzos del XX, el argumento de la pieza es terriblemente actual: Cipriano Castro, el Presidente de la República –Juan Carlos Gardié– anuncia que debe abandonar su cargo temporalmente mientras trata sus problemas de salud en el extranjero. Por esta razón decide delegar sus funciones en Juan Vicente Gómez –Antonio Delli–, para el cual pide el máximo apoyo por parte del pueblo.

Es aquí donde reside la mayor importancia del teatro histórico, pues funciona como una bisagra que le permite al público ver su situación actual reflejada en personajes. En el mismo hecho que se coloca sobre las tablas se encuentra el mal y la forma de erradicarlo, como si de un récipe médico se tratara. Sólo en el teatro los fantasmas del pasado son capaces de reencarnar en los actores y hablarle al público para advertirlo, para concientizarlo, como sucede con Compadres.

Uno de los detalles que no se toma mucho en cuenta a la hora de buscar una sala es la relación entre el teatro como fenómeno social –la pieza en sí– y el teatro como espacio físico. Hay espacios que son grandes y mantienen al público a distancia, otros que son más pequeños e íntimos. El último es el caso de Compadres, donde el espacio obliga al espectador a observar muy de cerca el hecho histórico que se representa. Lo obliga a ser testigo inmóvil de su propia historia.

La producción es detallista y acorde con la estética de principios del siglo XX. La atmósfera de elegancia contrasta con la compleja situación de decadencia que experimenta el gobierno de “El Cabito”: por una parte sus problemas renales, por el otro los estallidos civiles y el bloqueo económico a los que tuvo que hacer frente durante su mandato, sin contar el golpe de estado que vienen planeando sus más íntimos colaboradores.

Compadres puede tomarse como una comedia o como una tragedia. Diego Arroyo Gil, en el prólogo escrito para Compadres, afirma que la pieza no pertenece al género trágico sino que pudiera calificarse como un sainete por los personajes satirizados y las adulaciones excesivas que no pueden ser sino jocosas.

Por otra parte, es deplorable hecho de que los personajes que ostentan –u ostentaron, en este caso– el poder del país sean tan prestos a ser satirizados de una forma como la expuesta en esta pieza. Su comicidad deja el mal sabor en la boca de que como pueblo nunca hemos sido tomados en serio, o no hemos tomado en serio a nuestros gobernantes, cosa que de una u otra forma es bastante trágica.

¿Por qué la historia venezolana se repite de una forma tan cíclica? No sabría responder  esa interrogante y espero que un historiador lo haga alguna vez. Prefiero pensar que existe algo bueno en esta constante repetición de eventos desafortunados que presenta nuestra historia. Después de todo, como afirma el Gómez de Vidal: Dios da segundas a quien en primeras yerra.