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El Andrés Bello de Rafael Caldera

Rafael Caldera. Caracas, 1980 / Foto Eugenio Mendez. Archivo El Nacional. <br>Centenario / Logo cortesía Andrés Caldera Pietri)

Rafael Caldera. Caracas, 1980 / Foto Eugenio Mendez. Archivo El Nacional. Centenario / Logo cortesía Andrés Caldera Pietri)

Se celebran este 2016, los 100 años del nacimiento de Rafael Caldera. Dos veces presidente de Venezuela, fue un hombre multifacético. Un humanista. Además de profundo conocedor de la obra de Andrés Bello, fue un constante lector e intérprete de pensadores contemporáneos

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Para el bellismo venezolano fue la biografía de Caldera, con el mismo rango como para el bellismo chileno lo fue la de Amunátegui, el principal libro de iniciación al estudio de Bello. En cuanto a nuestro público lector medio, el libro de Caldera fue el primer y único acercamiento a la figura del humanista caraqueño. En uno y otro caso, ello reviste el más prodigioso logro receptivo del bellismo venezolano.

Se le deben al Caldera bellista el establecimiento de algunos importantes logros de estudio: el seguimiento de la sabiduría en Bello como fundamento biográfico; el énfasis en la filosofía en todos los órdenes bellistas dado por una filosofía de la filosofía que todo lo auspicia y que todo lo tutela; la hechura de una mirada crítica descreída de todo lauro insustancial y con la que toma distancia del biografismo canónico; la exploración de Bello en su relación topológica y el nacimiento de la biografía de los lugares, de arraigo tan profundo para el conocimiento de la vida de Bello; el esclarecimiento del período londinense de Bello; el adelanto de aspectos descriptivos de la naturaleza venezolana en su poesía londinense; la determinación de la ecuación “lenguaje y derecho”, por sobre otras materias, representarán la cúspide de sus intereses de estudioso bellista.

El sabio bueno y el hombre integral serán las cualidades y las condiciones que permitirán a Caldera entender la cabalidad de la figura de Bello desatada de cualquier forma de referencialidad y, ahora, hecha puro símbolo de los mejores augurios de pensamiento, arte y cultura. Bello como signo positivo y su estudio como indicador de salud espiritual. Una manera de comprender desde Bello y el bellismo la situación de cúspide o de abismo en la que se desarrolla la vida del país. Mucho más que una apreciación desde el gusto, la fascinación o la entrega personal a la figura del sabio, está queriendo asentar, como lo hicieran sus antecesores decimonónicos Juan Vicente González y Cecilio Acosta, que Bello y el bellismo suponen una lucha contra la pobreza, el atraso y la decadencia mentales. Gestiones de la razón en momentos de oscurantismo. Hitos de civilidad en tiempos de caídas humanas.

Al prologar Tiempo de Bello en Londres y otros ensayos, de Pedro Grases, el año 1962, busca Caldera observar el auge del movimiento bellista que vive Venezuela como signo afirmativo de cultura. Es el tiempo en que coexisten en torno al estudio del coloso los mejores talentos y las más grandes vocaciones que, en muchos sentidos, Caldera motiva, congrega e influencia. Es la etapa de las grandes realizaciones de edición y de fundaciones institucionales iluminadas por Bello que, en sentido rotundo, Caldera preside. En uno y otro caso, glorias de su prodigio maestro y de su madura precocidad. Todas las razones anteriores nos sirven, hoy, para explicarnos por qué se vuelve a editar hoy su Andrés Bello y, todavía más, por qué se volverá a editar este libro una y otra vez mientras estemos seguros de todo el bien que nos hace entendernos en el portento de orden reflexivo que Bello representa.

Cerebro y corazón americanos es la definición binomial que para él tiene Caldera al momento de cerrar su libro. Recorrido del hombre íntegro en la búsqueda de los hombres integrales. Admonición para hacer que resuene el nombre del astro en nuestros oídos y en nuestra conciencia. Recolección del legado como responsabilidad histórica. Cultivo filosófico descreído de toda idolatría e ideología. Confesión de estudio ajena a la religión de los héroes. Gesto triunfante ganado espléndidamente por la belleza que se anida en el nombre mismo del genio; idea de Ernesto Sábato tanto y tantas veces cierta.

Este libro sobre Bello, no importa si biografía o crítica, estará allí para promover las reflexiones largas en el tiempo bueno de nuestra vida y para propiciar las longevas esperanzas en el tiempo oscuro de nuestra barbarie. Bello como pensamiento de larga duración y como veneración interminable.