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Nuestro amigo común: El hombre que quiso matar a John Wayne

John Wayne en “El hombre que mató a Liberty Valance” / Foto cortesía

John Wayne en “El hombre que mató a Liberty Valance” / Foto cortesía

“En 1983 el gran Orson Welles le diría con su voz cavernosa que durante la filmación de ‘Waterloo’ (1970) el director Sergei Bondarchuk hizo comentarios al respecto” 

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Dos hombres están arrodillados y esposados en la arena húmeda. La luz de los faros de un automóvil  encendido alarga sus sombras sobre la playa. Murmuran en ruso. Dos hombres de pie detrás les apuntan. Cuentan hasta tres. Disparan. Parece la escena de una película, pero se trata de una historia real. El doble de acción Yak Canutt, quizá el más famoso del cine, relata esta escena digna del cine negro al escritor Michael Munn, biógrafo del vaquero más famoso del cine, en el bar de un hotel londinense en 1976. Era cierto: Josef Stalin había enviado agentes de la antigua NKVD a asesinar al actor John Wayne.

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El cineasta Aleksei Kapler había sido enviado al gulag de Vorkutá, al norte de la Unión Soviética. Cinco años después Kapler fue liberado y visitó muy brevemente Moscú antes de ser condenado de nuevo, en 1948, al gulag Inta, en la región de Komi, en el Círculo Ártico. A su colega y compañero, el director Sergei Bondarchuk, le llegó a comentar los planes de Stalin con respecto a Wayne durante su corto tiempo en libertad en la capital. Stalin enviaría al cineasta Sergei Gerasimov, presidente de la Academia Soviética del Arte y quien fuese profesor de cine de Bondarchuk, al Consejo Mundial de la Paz en Nueva York en 1949 con instrucciones de tomar nota acerca de actividades y posturas antisoviéticas en personalidades del espectáculo norteamericano. Gerasimov le contó luego al tirano de las fuertes convicciones anticomunistas de Wayne, y el hombre del bigote resolvió lo incuestionable: hay que matarlo.

Cuando Munn creía tener suficientes testimonios –incluyendo el del propio Wayne– para afirmar que la conspiración para asesinar al actor de El hombre que mató a Liberty Valance era completamente cierta, se topó con uno nuevo que acabaría con cualquier duda, pues se trataba de alguien lejano e indiferente a Wayne. En 1983 el gran Orson Welles le diría con su voz cavernosa que durante la filmación de Waterloo (1970) el director Sergei Bondarchuk hizo comentarios al respecto. “Stalin estaba loco, tanto como para una camisa de fuerza –resonaría la voz de Welles–. Solo un demente intentaría asesinar a John Wayne”.

La primera vez que la KGB falló el asesinato a John Wayne (sí, fueron varias), sucedió en 1949. Los agentes soviéticos se hicieron pasar por unos del FBI y entraron a los estudios de la Warner Brothers. Poco les duró, pues fueron desenmascarados con rapidez por agentes reales. Otro incidente sucedió durante una visita de Wayne a las tropas estadounidenses en Vietnam: un francotirador le disparó y falló (al parecer se trataba esa vez de una orden de otro hombre cabal y sensato: Mao Zedong). Y uno más, en México, mientras filmaba Hondo (1953, John Farrow).

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En la playa los hombres de rodillas, agitados y aterrorizados, siguen vivos. Solo eran balas de fogueo, utilizadas por el guionista James Edward Grant y su amigo cercano John Wayne, para darles un merecido susto al par de matones. Agentes del FBI le preguntan a Wayne qué hacer con ellos, a lo que este responde que los envíen de vuelta a Rusia. Uno de los matones reacciona de inmediato en inglés para que por favor no los envíen de regreso con Stalin. “Moriremos”, dice. “Parece que estos dos le tienen más miedo a Stalin que a ustedes”, le dijo el actor a los oficiales del FBI mientras los rusos continuaban de rodillas en la arena. Y añadió, cuando el FBI los sentaba en la patrulla: “Bienvenidos a la tierra de los libres”.