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El hombre de arena, Metallica y la burbuja de un artista

"Enter Sandman" es una de las composiciones más populares de la banda de metal

Sandman

En 1991 la agrupación estadounidense popularizó la canción "Enter Sandman", una composición basada en la historia creada por Ernst Theodor Amadeus Hoffmann

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En Venezuela es poco popular el Hombre de arena, aunque el miedo que suscita la historia pueda llegar a ser familiar en cualquier parte del mundo. Metallica se ha encargado de popularizarla entre sus seguidores desde 1991 con la canción “Enter Sandman”, perteneciente al llamado “álbum negro” y que se inspira en el relato de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.

En el tema, James Hetfield recomienda a los niños rezar para evitar que la terrorífica criatura los visite en las noches y considera pertinente alejarse de todo pecado. Hay angustia en la letra, el monstruo puede estar escondido debajo de la cama o en el clóset, los ruidos se escuchan más intensos y parece imposible escapar del acecho.

El protagonista encomienda su alma a Dios, pues existe la inquietante posibilidad de no despertar. El que escucha la pieza no quiere sacar los pies de la cama. No se puede hablar de disfrute, sino de terror en la oscuridad. El mínimo error, cualquier fallo, cuesta caro en la composición que firman Hetfield, Lars Ulrich y Kirk Hammet.

Si la metáfora de la maravillosa canción de la agrupación de Los Ángeles se aplicara al mundo artístico venezolano, varios le pondrían al Hombre de Arena la cara de un burócrata y este deambularía en la penumbra del Estado. Existiría el temor a ser mordido con solo intentar ponerse los zapatos preferidos y los sueños de fama podrían estar en peligro si se habla demasiado.

Al Hombre de Arena no le gustaría la solidaridad. Preferiría que todos se queden ensimismados en sus burbujas, en aquellas zonas neutrales en la que los artistas no representarían ningún peligro.

Las oraciones de algunos serían exclusivamente para el beneficio propio y no importaría que al colega inconforme lo humillaran o menospreciaran con tal de mantener asegurado su pequeño espacio en la exigua cama de la habitación. Nadie querría perder un centímetro en tiempos en los que el hacinamiento sería considerado privilegio.

La tiniebla sería cada vez más digerida, y los resquicios de luz serían administrados por el Hombre de Arena, quien los repartiría entre aquellas criaturas más obedientes, los que podrían conciliar el sueño a expensas de las pesadillas de otros.