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De hadas y ratones: versiones originales vs Disney

Ilustración para versión de “Blancanieves” de los Hermanos Grimm publicada en 1905 en Alemania

Ilustración para versión de “Blancanieves” de los Hermanos Grimm publicada en 1905 en Alemania

Hace mucho, mucho tiempo, los cuentos de hadas vivían en paz. En sus bosques oscuros los árboles crujían susurrantes, las hechiceras desataban magias ancestrales, y las bestias rugían antes de devorar a sus presas. Pero un día, un ratón de orejas parabólicas aterrizó en el reino de los dragones, y todo cambió. Los árboles sacaron ojos y sonrisas, las hechiceras se volvieron hadas rechonchas y pasteleras consumadas, y las bestias se transformaron en coros de pajarillos y ardillas que acompañaban números musicales, presididos siempre por soñadoras princesas adolescentes

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Hace mucho, mucho tiempo, los cuentos de hadas residían en nuestra memoria relatados en sus versiones originales. Versiones que nacieron del folklore milenario de los pueblos indo europeos y euro asiáticos –celtas, normandos, sajones, teutones, mongoles, balcánicos etc.–  y que fueron inmortalizadas en tinta y papel por los Hermanos Grimm, Madame d'Aulnoy, Hans Christian Andersen y Charles Perrault, entre otros.  

Luego vinieron Disney, Hollywood y las grandes empresas del entretenimiento. Y diluyeron estas historias, las “suavizaron” hacia versiones socialmente más “higiénicas”. Versiones adaptadas a la nueva “moralidad” que imponía el “civilizado” siglo XX. Un siglo que engendraría las peores guerras y las masacres más salvajes.

Este proceso de “higienización” –que los estudiosos de habla inglesa apodaron “sanitizing”– implicaba –en la mayoría de los relatos– despojarlos de su objetivo real: su función moralizante. Los cuentos de hadas eran fábulas medievales creadas con el objetivo de educar a los niños, no de entretenerlos. No eran historias para dormir, eran historias para tener pesadillas. Para pasar la noche en vela comprendiendo y ponderando los peligros del mundo. Eran relatos para pensar, nunca para divertirse.  

Y entre ese universo de cuentos que pasaron por el proceso de “industrialización hollywodense”, destacan –por su increíble impacto social– el caso de los relatos recolectados y editados por los míticos Hermanos Grimm. ¿Usted cree que conoce a Blancanieves, Caperucita y La Bella Durmiente? Piénselo de nuevo, en realidad no es así. Lo que usted conoce es lo que el maestro Walt Disney consideró “apropiado”. Acompáñenos ahora a redescubrir las versiones originales, y entérese que tan profunda es de verdad, la fuente de las hadas.

Thor Perucita Roja

De la famosa Caperucita Roja existen dos versiones originales. Una donde el lobo devora a la abuela y a Caperucita y FIN. Y otra posterior, de Perrault, donde luego de devorar a Caperucita, el lobo es confrontado por un cazador que lo atrapa dormido, saca a la abuela y a Caperucita, y llena el vientre del lobo con piedras. Luego despierta el animal, que desesperado por la sed –producto de las piedras– se acerca a un riachuelo a beber. Allí muere ahogado por el peso de las rocas en su estómago. Por el peso de su culpa.

Sobre ambas versiones hay que explicar que, el relato original, es un relato con la finalidad de prevenir a las jóvenes sobre los peligros de la violación. La “Caperucita” roja es una niña que está “teñida de rojo” es decir, una adolescente que acaba de tener su primer período menstrual. Como tal, es a partir de ese momento, presa de cualquier depredador sexual, cualquier “lobo”. Por eso el relato enfatiza en aquello tan sabio y tan europeo de “no hables con extraños”.

Un hecho curioso y poco conocido es que el diálogo tan famoso entre el lobo y Caperucita podría tener su origen en un relato previo, de las Elder Edda –sagas nórdicas que narran las aventuras de los dioses del panteón vikingo– donde el gigante Pyrm roba el martillo Mjölnir de Thor. Como rescate pide la mano de la diosa Freyja. Ante esta situación Loki y Thor deciden intervenir. Loki disfraza a Thor de Freyja y lo presenta al gigante vestido de novia. Al verlo Pyrm dice “¡Que ojos tan grandes!”, a lo que Loki contesta “Son para apreciar tu belleza mejor Pyrm”. Pero no convencido, el gigante continúa preguntando por las enormes piernas, los músculos en el cuello, la manera de beber y de comer, y por la increíble fuerza de su supuesta “novia” al levantar un barril de cerveza.

 A cada pregunta del gigante, Loki responde con un halago. Hasta que al final, cuando el gigante pregunta sobre las manos, Thor es el que contesta “Son grandes… para estrangularte mejor Pyrm” y termina el relato.

La primera sangre

Vayamos por partes, porque no es poco lo que cambió Disney en la Bella Durmiente. Primero, la princesa se llama Thalia, no Aurora –Aurora y Día se llaman sus hijos. Sí, tiene hijos–. Segundo, la princesa no tiene 16 años de edad, simplemente es descrita como “al entrar en la adolescencia”.

La versión original de la “Bella Durmiente” consta de siete hadas madrinas, que son invitadas al bautizo de una princesa –no tres como en el relato de Disney– y cada una recibe un regalo de parte del rey: un cofre de oro con utensilios para hacer magia. Pero en el reino no hay siete hadas, hay ocho. La octava se creía perdida y por eso no fue invitada. Sin embargo, aparece en el bautizo y decide castigar al rey por no tenerle su correspondiente regalo. Luego de que las hadas distribuyen los dones de belleza, gracia, astucia, danza, canto y música, la octava hada interviene repentinamente y lanza una maldición: “La niña, al llegar a la adolescencia, se pinchará con el huso de rueca. Y al caer su primera gota de sangre, morirá.” Ante esto, la última hada decide revertir el encantamiento sacrificando su don –que iba a ser “la felicidad”– y le regala a la niña la sustitución de la muerte por el sueño eterno hasta ser despertada por un príncipe.

En el cuento se hace un símil claro entre la llegada de la niña a la adolescencia y “el derrame de la primera sangre” que en el caso de la historia se produce cuando se “pincha” con una aguja. El relato es una metáfora sobre la entrada de la mujer en la adultez a partir de la primera menstruación. Una adultez donde la felicidad no era un deseo a perseguir, y donde la mujer no “existía” para la sociedad –estaba dormida– hasta conseguir un hombre que se hiciera responsable de ella: ¿un príncipe?

¡Pero espere, hay más! Disney cortó el relato a la mitad. “La Bella Durmiente” sigue: la princesa se casa con el príncipe y tienen dos hijos. Y aquí se producen dos versiones. En la primera los niños son cocinados por la reina –la mamá del príncipe– que no quiere perder a su hijo a manos de otra mujer. Y son servidos al príncipe y a la Bella Durmiente, quienes al darse cuenta que acaban de cenar a sus hijos, se suicidan. En la segunda versión la reina –madre del príncipe– intenta cocinar a sus nietos nuevamente. Pero el chef del palacio se apiada de los niños y los sustituye con carnero. Sin embargo, para que el engaño funcione, necesita disfrazar la carne con una salsa potente, que aniquile el sabor del animal y lo sustituya completamente. Y entonces inventa la hoy en día famosa “salsa Robert”.

“Basado en hechos reales”

“Blancanieves” es el único relato de los Grimm que está basado parcialmente en una historia real. El historiador alemán Dr. Karlheinz Bartels demostró que la ficticia Blancanieves se inspiró en la condesa Maria Sophia Margaretha Catharina von Erthal. Hija de un noble “condestable” –una especie de gobernador civil con rango nobiliario– de la provincia alemana de Lohr am Main. Según las investigaciones de Bartels la muchacha, nacida el 15 de junio de 1729, fue hija de un padre viudo, Philipp Christoph von Erthal, que viajaba constantemente como representante de asuntos exteriores para el Sacro Imperio Alemán, y que contrajo matrimonio en segundas nupcias, con la también condesa Claudia Elisabeth Maria von Venningen. Esta mujer, Claudia Elizabeth, odió a la niña por ser más hermosa que ella –y reputadamente más hermosa que todas las demás mujeres de Lohr am Main– y planificó cuidadosamente la violación y asesinato de la pequeña en un bosque cercano, llamado en aquel entonces “Bosque Virgen”,  nombre que coincide con el del popular relato.

La “malvada madrastra” Claudia Elizabeth tenía, entre otras curiosidades comprobadas por documentos y testimonios registrados en la época, una afición sospechosa a las artes alquímicas. Siendo reconocida en la localidad por su “excelencia en la preparación de emplastes y pócimas adormecedoras”. Pócimas para las cuales Claudia Elizabeth utilizaba el fruto de la belladona, abundante en el Bosque Virgen y el cual –en dosis suficientes– causa una parálisis casi total. Un estado catatónico que puede ser fácilmente confundido con el de la muerte. ¿Recuerdan la manzanita envenenada?

Al margen de todo esto, la coincidencia más bizarra, macabra y sorprendente, es la referente al famoso “Espejito, Espejito”. En el relato se habla incesantemente de un “Espejo Mágico” que es capaz de “hablar” y que “adula a quién lo observa, diciéndole a la persona aquello que quiere oír”. Pues bien, resulta que después de 250 años, apareció el espejo. En 1986 se encontró en la localidad un espejo ricamente decorado, de 1,60 metros de alto, que además formaba parte del mobiliario de una de las mansiones atribuidas a la familia Von Erthal. Dicho espejo no tenía nada de particular, salvo una inscripción en el tope que decía Amour Propre. Fue esa inscripción la que llamó la atención a los anticuarios, quienes al acercarse a examinar la pieza, se llevaron una sorpresa: el cristal del espejo no era un cristal regular, sino una rara aleación de carbonato sódico. Una fórmula que se creía perdida para la fabricación de cristales y que produce un vidrio que “vibra” con las frecuencias sonoras. En efecto, cuando los investigadores “susurraron al espejo” el cristal vibró imitando las palabras en un murmullo escalofriante. El espejo, en efecto, repite lo que le dicen…