• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Una “habitación propia” sin mesa de ping-pong

La diferencia, ser crítico, disentir y tener “habitación propia” no es un delito

La diferencia, ser crítico, disentir y tener “habitación propia” no es un delito

Aymara Arreaza habla desde su posición de venezolana y de migrante. “Basta de tanto ping-pong”, dice.Y expone una preocupación y una solicitud: que en Venezuela se rompan con los estigmas y se asimile que las críticas son constructivas y necesarias en todos los órdenes de la vida

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Escribo desde una “habitación propia” construida sobre los cimientos de la distancia, es decir, como el ser migrante que me define. Sin embargo, no me parece que eso me niegue el derecho a opinar sobre lo que pasa en mi país de origen ni en mi país de acogida. Por eso, amigos de aquíy de acullá, permítanme todos exponer una preocupación y una solicitud.

Me resulta aplastante la invalidez de los criterios de muchos venezolanos que no se sienten incluidos en las políticas desarrolladas por el Estado. Es perturbador escuchar argumentos que descalifican y denigran con etiquetas como “fascistas” o “lacayos del imperio” ‒por citar solo algunas‒ a todos los que se oponen a un modo de hacer políticas exclusivamente partidistas. Prima una conciencia reproductora de dualismos que me parece una máquina de churros de exclusión. Si estás en desacuerdo, eres fascista. Si protestas, estás pagado por Estados Unidos. Si vives fuera, eres burgués. Si no dices sí a todo lo que promueve el gobierno, no formas parte del proceso ni eres “pueblo”. Basta de tanto ping-pong. La diferencia, ser crítico, disentir y tener “habitación propia” no es un delito. Ciertos intelectuales y activistas tanto en España como en Latinoamérica con redes como Conceptualismos del Sur se han pronunciado sobre la situación que se vive en Venezuela. Tengo la impresión de que practican una criba muy parcial de noticias. Por un lado, defienden la matriz ideológica y el proyecto político y, por otro, desatienden la cotidianidad venezolana. Respeto la divergencia de opiniones, pero es inaceptable la descalificación ante el desacuerdo.

Mi visión sobre algunos de los tantos problemas del país no es testimonial pero, aún así,me atreveré a mencionar las incidencias que me incumben y que puedo permitirme relatar. Colaboro regularmente con un suplemento cultural que no se imprime desde hace meses porque no hay papel (tampoco para periódicos o libros), mi papáes hipertenso y le es difícil conseguir su medicina, me comentan familiares y amigos que se ha establecido una red de informantes para saber cuándo llegan los alimentos básicos al supermercado porque son bienes escasos, caminar de noche por las calles de todo el país es un acto suicida: la inseguridad es la reina de esta tierra fábrica de bellezas. Menciono hechos que no son ficción y que fueron el día a día de todos los venezolanos antes de las manifestaciones que vive hoy Venezuela y que, probablemente, seguirán siéndolo cuando se calme este río revuelto. Valga decir que no me detengo en todas las denuncias de represión que se han presentado en este periodo de manifestaciones. Destaco pocas anécdotas del día a día del país para preguntarme si el derecho a protestar, según en quécontexto, se relaciona con una proposición para delinquir.

En estos días un amigo me decía “en España el gobierno fue elegido democráticamente. La mayoría votó al PP, pero mucha gente, como tú y como yo, sale a la calle a protestar. Por suerte ejercemos el derecho a quejarnos, a manifestar desacuerdos. Somos demócratas. En Venezuela ciertamente Maduro fue elegido democráticamente, pero, en cambio, si los estudiantes salen a la calle son fascistas, terroristas pagados por el imperio o son manipulados para hacer un golpe mediático”. “Sí, así lo condenan las autoridades del país y hay gente que estáde acuerdo con ese argumento”, le dije, y añadí: “Cuánto anquilosamiento retórico. Me niego. Seguiré observando y pronunciándome con autonomía cuando algo no me parezca, incluso en este país en el que marcho y pago impuestos, pero no voto”.

Amigos de aquí, de allá y de acullá, sólo pido que cada uno saque sus conclusiones y que reine el imperativo categórico en la formación del juicio en ambos lados del charco. Aunque los contextos son muy distintos, pienso que sin radicalismos y con tolerancia hay peticiones que pueden ser comunes a todos. Me refiero concretamente a romper con los estigmas y a asimilar que las críticas son constructivas y necesarias en todos los órdenes de la vida. Hay muchas formas de posicionarse y estoy convencida de que no hace falta caer en vehementes descalificaciones.