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La geometría palpitante de Julio Pacheco Rivas

Centro y periferia por Julio Pacheco Rivas

Centro y periferia por Julio Pacheco Rivas

“Centro y periferia” se expone dentro del programa de actividades por el 25 aniversario del Centro Cultural BOD

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Antecedentes

De muy temprana edad, Julio Pacheco Rivas tomó varias decisiones con firmeza. La primera de ellas: ser pintor. Contaba apenas con 14 años de edad cuando realizó su primera exposición individual en la Galería Isla, en Caracas. Ya en aquel entonces, la pintura para él no era un juego.

Esta seguridad que caracteriza su primera juventud, signa diversos momentos en el devenir creativo del artista. Años más tarde, ante el deseo de la familia, se inscribe en la universidad a estudiar Derecho pero abandona los estudios casi finalizando la carrera pues ya había definido ser artista por vocación.

Su firme voluntad para asumir este oficio implicó disciplina y rigor. Muy pronto delineó su estilo personal: el tratamiento sordo del color y la construcción de espacios ficcionales a través de la geometría, cualidades que fueron perfilándose a partir de los inicios de la década de los setenta.

Mientras los jóvenes artistas de aquella década heredaron una sensibilidad figurativa opuesta al geometrismo y cinetismo en boga, Julio Pacheco Rivas, de manera autónoma, abogó también por la figuración pero sin sucumbir a tendencias artísticas imperantes. Entonces la mirada se volcaba hacia la naturaleza humana y las sensaciones perdidas del hombre, pero en Julio ese humanismo, paradójicamente, se caracterizó por la ausencia física del ser humano, y desde la ausencia, como ha señalado el artista, es que ha reclamado su presencia. Entonces, en lugar de representarlo, lo sustituyó por objetos, -como los pliegos de papel que dibujaba entre 1972 y 1975-, que marcan una presencia y ocupan un lugar en el espacio.

El dibujo siempre ha sido su herramienta fundamental. Lo ha sido desde aquellos años setenta cuando dibujó y pintó las pilas de papel con un trazo muy fino. Lo es en la actualidad al hacerlo mediante recursos digitales. Con el dibujo construye geométricamente espacios cada vez más complejos, completamente ficcionales, sin asomo de realidad que desafían nuestra capacidad analítica y racional. Luego, objetos, como sillas, escaleras y pedestales, que sirvieron de pretexto para concebir diversos entramados estructurales que resultan de un progresivo proceso de síntesis que caracteriza a sus obras más actuales.

Constructor de espacios

Al desaparecer el tema del pliego de papel, el espacio es el protagonista de sus obras. El artista se concentra en la creación de ámbitos o recintos como espacios multiplicadores –o multiplicados– en el que solo el lugar, su vaciedad, soledad o silenciamiento crean una justificada tensión en el espectador. El espacio interior, en algunos casos, es al mismo tiempo el exterior pues se trata de un juego ilusorio que se da en algunos “espacios reversibles”. Durante los diez años que el artista vivió en París continuó trabajando en torno al espacio y sus transformaciones. Radicalizó sus visiones arquitectónicas y luego, en los años ochenta, pasó de una pintura de ‘recintos’ a una obra de concepción cosmogónica del espacio exterior. Es cuando realiza espacios que se construyen a partir de diversas perspectivas y múltiples puntos de fuga donde imágenes especulares nos ubican en una constante ambigüedad espacial.

Los elementos arquitectónicos pasan a ser módulos o unidades diferenciadas que pertenecen a conjuntos urbanos de carácter ficcional. Representa ciudades imposibles, pinturas concebidas a escala monumental. El desafío al medio pictórico y al escultórico llega a un punto máximo a finales de 1989 cuando realiza Una ciudad, monumental muestra que presenta en el Museo de Bellas Artes de Caracas y que representará a Venezuela al año siguiente en la XLIV Bienal de Venecia.

El uso racional de la perspectiva, entonces, le permite crear mundos ficcionales, un sueño dentro del sueño.

La tecnología en función del arte

Después del ambicioso proyecto Una ciudad, Julio Pacheco Rivas comienza a trabajar con la computadora. Los nuevos medios digitales le permiten no solo mayor velocidad de ejecución, sino también la posibilidad de visualizar el espacio, las construcciones arquitectónicas y los objetos desde múltiples puntos de vista. Según la escala que utilice, la arquitectura es concebida como un objeto y, de igual manera, los objetos cotidianos son vistos a gran escala, como construcciones, en forma plana o bien tridimensionalmente según el tratamiento de la luz y el uso de la perspectiva.  

La tecnología digital se convierte en herramienta para el dibujo. Las imágenes son susceptibles a ser transferidas a pinturas o a piezas tridimensionales de mayor escala. En la pintura de finales de los noventa, establece una relación de contigüidad entre los objetos y los espacios arquitectónicos por la manera como trastoca la proporcionalidad. Dibuja objetos que ocupan un lugar destacado en el espacio pictórico y utiliza colores fríos, predominantemente grises, sin dejar los colores matizados, o “sordos” como él los denomina. La ilusión del volumen en cierto modo se mantiene mediante la perspectiva y se sugieren zonas más iluminadas que otras a través de las variaciones tonales. 

A mediados de la década del 2000, el artista cambia radicalmente la manera de representar el espacio y las figuras: los sintetiza de tal modo que reduce las formas a estructuras mínimas, esenciales y suprime el color que antes usaba para crear ilusiones espaciales. Paulatinamente se va alejando de la pintura (como medio sustentado en el uso de pigmentos) y trabaja en diversos soportes y materiales: serigrafía, instalaciones pictóricas, etc., o bien relieves en MDF, plexiglás o hierro cortados en láser, plasma o router, respectivamente. La computadora le permite crear la guía o matriz. Sus instalaciones pictóricas las trabaja mediante este mismo procedimiento. Son obras efímeras que realiza directamente sobre la pared, diseñadas según la conformación arquitectónica del espacio real en sala, modalidad, por cierto, que continúa desarrollando en la actualidad.

Al prescindir de recursos como el color matizado y los cambios tonales para sugerir volumen o distancia, el artista sustenta su proceso constructivo en la geometría. Las formas se definen por la perspectiva y el contraste que se produce al estar ellas a contraluz: las estructuras son oscuras mientras el fondo –el espacio– es zona de luz.

Bajo este principio, la representación de los elementos constructivos así como de los objetos (sillas, escaleras, andamios) se ven como estructuras esenciales que propician una lectura reversible y ambigua de la imagen.

El color del cristal

Precisamente, por la lectura ambivalente y reversible de las imágenes es que persiste –y se acentúa– en las obras recientes cierto grado de inestabilidad. La realidad, incluso la creada racionalmente, pierde objetividad desde el momento en que un mismo objeto se lee y se interpreta de distintas maneras. La percepción visual de las formas se vuelve incierta lo que confirma la condición relativa de muchas de las imágenes que actualmente Julio Pacheco Rivas expone en el Centro Cultural BOD. Si bien la geometría supone exactitud en la concepción y en el análisis de las figuras en el espacio, lo que sucede en estas obras es la constatación de que estas imágenes no pueden leerse de manera unívoca ni definitiva: están en tránsito, en proceso de transformación, en un incierto devenir.

Esta exposición titulada El color del cristal se sustenta en esta incerteza. Para realizarla Julio Pacheco Rivas se encontró en la situación de aquél que observa con cierta distancia lo hecho en etapas anteriores, lo que está develándose en el presente y lo que podrá ser. Está consciente de que en la preparación de esta muestra su obra se encuentra en tránsito hacia nuevos procedimientos y lecturas posibles. Esta sensación de transitoriedad predomina y se visualiza en los medios expresivos que utiliza en las obras realizadas para esta ocasión así como en las diversas maneras de apreciar o entender las imágenes resultantes.

Medios inestables

La condición ambivalente en los medios expresivos se debe a la naturaleza híbrida que presentan algunas obras. Ello genera interesantes reflexiones sobre la naturaleza misma de las piezas. Por una parte, el artista aprovecha los efectos existentes en la realidad como por ejemplo en las estructuras en hierro o en plexiglás cortadas con router o láser que, por carecer de lámina de fondo, sus formas se completan mediante las sombras proyectadas directamente a la pared. Por otro lado, están los relieves propiamente dichos, algunos realizados en MDF, organizados en forma de retícula. Las imágenes, cortadas con láser, se superponen y es por ello que se producen diferencias tonales generadas por la sombra real consecuencia del relieve mismo.

Sin embargo, en piezas más recientes Julio retoma la pintura como medio de representación de planos diversos y cambios de luminosidad. Crea ambivalencias mediante la tridimensionalidad del relieve así como por su condición pictórica, bidimensional, que genera cambios en la presentación de las imágenes. Se produce un simulacro entre la realidad y la ficción. Es cuando aparece el cristal pintado: una lámina representada pictóricamente, sin relieve real, que deja ver lo que ‘está detrás’. Los motivos pintados representan estructuras, andamiajes y objetos vistos en dos planos diferenciados ocupando el mismo espacio pictórico. El engaño óptico se produce por las variaciones tonales y por los cambios de matices en el color que se ‘transparentan’ a través de la representación –pintada– de esta lámina de cristal que se superpone a las imágenes.

Imágenes reales, simuladas… y palpitantes

La simulación es un recurso que el artista emplea tanto en obras tridimensionales como bidimensionales. Toda simulación supone la creación de un artificio que conduce a una realidad ficticia o inventada. El equívoco se produce cuando se confunde la realidad con la ficción. Ello ocurre cuando el artista representa pictóricamente dos planos espaciales, una superpuesta a la otra, con la imagen del cristal y los correspondientes cambios tonales y color, aparentando ser un escenario tridimensional. Las sombras proyectadas son representaciones ficticias ya que todo es pintado. En este caso, no solo el medio y los materiales crean efectos ambivalentes: también, puede darse en la naturaleza misma de las imágenes que crean una simulación.

La ambivalencia la vemos asimismo en la condición reversible que estas imágenes presentan. Según como se las mire, cambian su apariencia. No pueden verse bajo un solo punto de vista. Esto lleva al artista a señalar que muchas de sus obras son formas geométricas en evolución.

La ambigüedad de la imagen y el concepto de transitoriedad en su representación se hace aún más explícita cuando el artista presenta las estructuras arquitectónicas en movimiento en sus dos videos: Doble discurso y Boing!, ambas de 2016. En ambos, vemos las estructuras de unas construcciones en movimiento y en constante transformación: palpitan, cambian de color, e incluso, una de ellas se abre, se pliega como si fuera un impreso. Ambas recrean dos realidades ficcionales en paralelo. El título y las imágenes sugieren una condición discursiva, propia del intelecto humano. Las estructuras se organizan en el espacio y palpitan, al ritmo de su virtual ‘respiración’. Podría pensarse que con estos videos se trata de humanizar estos ambientes de por sí despojados de alguna presencia humana, pues, a fin de cuentas, el artista les provee de una función orgánica al movilizar las estructuras ‘otorgándoles vida’. Sería una manera de concretar una utopía, de hacer posible un imposible.  

De todo lo dicho se pone de manifiesto la coherencia que presenta la trayectoria plástica de Julio Pacheco Rivas a lo largo de los años hasta la actualidad. Hoy día persiste en su trabajo ejes conceptuales que son consecuentes entre sus etapas: la creación de espacios racionales e imposibles, la consolidación de la geometría como principal recurso conformador de sus imágenes, el uso del alto contraste entre luz y sombra, el juego proporcional entre la arquitectura y los objetos y, por último, la voluntad de expresar cierta humanidad en tales estructuras a través de todos estos recursos mencionados además del uso de la tecnología. Con ello, el artista cumple con uno de los objetivos más importantes de esta exposición: activar la mirada del espectador, movilizarlo, inducirlo a hacerse preguntas ante una realidad movediza, inquietante y relativa. Porque las cosas son según el color del cristal.