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El futurismo y la guerra

“Los lectores que tengan buena memoria, recordarán sin duda el movimiento futurista, iniciado en Italia por un grupo de artistas y escritores, a cuyo frentese encontraba F. T. Marinetti, joven italiano aficionado al cultivo de las bellas letras y poseedor de una sólida fortuna

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“Los lectores que tengan buena memoria, recordarán sin duda el movimiento futurista, iniciado en Italia por un grupo de artistas y escritores, a cuyo frente
se encontraba F. T. Marinetti, joven italiano aficionado al cultivo de las bellas letras y poseedor de una sólida fortuna. Aquellos innovadores querían pegarles fuego a los museos y destruir a Venecia, por ser demasiado vetusta. Cuanto oliera a antigüedad les parecía digno de abominación.

Del Manifiesto en que se declararon sectarios activos –manifiesto que produjo muchos regocijados comentarios–, recordamos éstos o análogos propósitos:

«Queremos cantar el amor al peligro, el hábito permanente de la energía y de la temeridad. «Queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso gimnástico, los saltos peligrosos, las bofetadas y los puñetazos... «No hay belleza más que en la lucha ni obra maestra sin carácter agresivo.

«Queremos glorificar la guerra, única higiene del mundo, el militarismo, el patriotismo, el ademán devastador de los anarquistas, las hermosas ideas que matan y el desprecio hacia las mujeres». (Transparente alusión a las sufragistas inglesas).

Estos y otros cánones proclamados a voz en cuello y con estrepitoso aparato de escándalo, corriendo a toda velocidad de automóvil por las carreteras, y
arrojando proclamas chillonas a la muchedumbre, desde el viejo campanile de Venecia, que los futuristas quisieran derribar por tierra, armaron una bulla que logró darle al futurismo cierto auge entre los snobs y gente novelera y desocupada.

Por lo demás, los adeptos, sobre colaborar con frenesí en la Revista Poesía, fundada por Marinetti, publicaron una porción de libros que nadie se tomó la pena de leer; y el propio pontífice de la secta, el cual escribe ordinariamente en francés, compuso dos novelas futuristas: una llamada Mafarka el futurista, sembrada de impertinentes regodeos sexuales, y otra por puros sustantivos y verbos que parecía, por las muestras que se publicaron, una adivinanza difícilísima. No contento con esto, fue y cogió y escribió una comedia o pieza literaria por el estilo, de nombre

Le Roi Bombance, que tuvo vida efímera, a pesar de los cuartos que el acaudalado innovador hubo de gastarse para obtener que se la estrenaron en un teatro parisiense. Ahora que se ven realizados los deseos de aquellos poetas y pueden con toda holgura y a todo su talante, no ya cantar y glorificar la guerra y demás violencias humanas, sino tomar parte en ellas y distinguirse por dignas y atroces acciones futuristas, da la casualidad adversa de que el reino de Italia no parece sentirse inflamado por el mismo furor belicoso que ardía en las venas de aquellos hijos suyos, y ha resuelto categóricamente guardar la más pura y limpia neutralidad.

¿Pero no podrían los adoradores de los torbellinos, de la sangre y de la carnicería, alistarse en uno cualquiera de los ejércitos beligerantes? Miles de italianos, según anuncian las noticias de los periódicos, se han alistado en Francia, y han formado una falange entusiasta, dispuesta a pelear por el triunfo de la República. ¿Estarán entre ellos Marinetti y sus compañeros futuristas? ¿O habrán preferido ir a guerrear a las órdenes del Emperador Guillermo?...”

Nota: Este es un fragmento del artículo publicado en El Cojo Ilustrado, l de octubre de 1914.