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Tres fragmentos de El arte de tener razón

“El arte de tener razón”, por Arthur Schopenhauer

“El arte de tener razón”, por Arthur Schopenhauer

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Estratagema 22

Si nos apremia a admitir algo de lo que se seguiría inmediatamente el problema en discusión, nos negaremos, presentándolo como una petitio principii; pues será fácil que él y los oyentes consideren idéntica al problema una proposición estrechamente relacionada con el problema, y así le privamos de su mejor argumento.

 

Estratagema 23

La contradicción y la discusión incitan a la exageración de la afirmación. Podemos pues, mediante la contradicción, incitar al adversario a enfatizar más allá de la verdad una afirmación que en sí misma y en sus debidos límites es en todo caso cierta: y cuando hayamos refutado esa exageración, parecerá que hemos refutado también su tesis original. Por el contrario, nosotros mismos debemos cuidarnos de que al contradecirnos nos induzcan a la exageración o a la desmedida extensión de nuestra tesis.

Muchas veces el propio adversario buscará directamente extender nuestra afirmación más allá de los límites en los que la habíamos expuesto nosotros: debemos ponerle coto de inmediato y reconducirle a los términos de nuestra afirmación con «esto es todo lo que he dicho, nada más».

 

Estratagema 24

Forzar consecuencias. De la tesis del adversario, mediante falsas conclusiones y tergiversaciones de los conceptos, se fuerzan tesis que no están en la suya y que no se corresponden en absoluto con su opinión, sino que, por el contrario, son absurdas o peligrosas: y puesto que parece que de su tesis se desprenden tesis semejantes, contradictorias consigo mismas o con verdades reconocidas, se hace pasar esto por una refutación indirecta, apagoge, lo que es otra aplicación de la fallada non causae ut causae.

 

*Tomados de El arte de tener razón, Alianza Editorial, España, 2002.