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Cuatro fragmentos sobre Marx

Karl Marx

Karl Marx

Se ofrecen aquí fragmentos de Isaiah Berlin, Joseph Crosey, Karl Löwith y Ludovico Silva, todos pensadores que leyeron e interpretaron a Marx, desde distintas perspectivas

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Isaiah Berlin

“Estaba dotado de un espíritu poderoso, activo, concreto y nada sentimental, de un agudo sentido de la injusticia y de poca sensibilidad, y lo repelían tanto la retórica y las fáciles emociones intelectuales como la estupidez y complacencia de la burguesía; las primeras le parecían charla vacua, alejada de la realidad y, ya fuese sincera o falsa, de cualquier modo irritante; las segundas le parecían rasgos de hipocresía de una clase que se engañaba a sí misma, ciega a las características sobresalientes de la época por estar absorbida en la conquista de riquezas y de posición social.

Esta sensación de vivir en un mundo hostil y vulgar (acaso intensificada por el latente disgusto que le producía el hecho de haber nacido en una familia judía) aumentaron su natural aspereza y agresividad y produjeron la figura formidable que le prestó la imaginación popular. Sus más grandes admiradores hallarán difícil sostener que era un hombre accesible o de corazón tierno, o que se preocupara por los sentimientos de la mayoría de aquellos con quienes entraba en contacto; en su opinión, la mayor parte de los hombres que conocía eran locos y sicofantes, y frente a ellos se comportaba con abierto recelo o menosprecio. Pero si su actitud en público era arrogante y ofensiva, en el círculo íntimo compuesto por su familia y sus amigos, en el que se sentía completamente seguro, era considerado y gentil; su vida conyugal no fue desdichada, sentía cálido apego por sus hijos y dispensó al amigo y colaborador de toda su vida, Engels, una lealtad y devoción casi inquebrantables. Tenía poco encanto y su comportamiento era con frecuencia rudo, presa de odios ciegos, pero hasta a sus enemigos fascinaba la energía y vehemencia de su personalidad, la audacia y alcance de sus puntos de vista, así como la amplitud y la brillantez de sus análisis de la situación contemporánea”.

Karl Marx. Alianza Editorial. España, 2000.

Joseph Crosey

“Todo fluye, como lo afirma el marxismo siguiendo a Heráclito, y todo fluir es movimiento. Para comprender el carácter de todas las cosas es necesario captar la ley universal del movimiento, ley que gobierna la naturaleza, la historia humana y el pensamiento. Esa ley deriva de la doctrina marxista de lo esencialmente contradictorio del movimiento mismo. Desde la época de Zenón de Elea ha existido una ‘prueba’ de que el movimiento es imposible: cada cuerpo en movimiento está a cada instante en un lugar y sólo en uno: lo cual es la definición de estar en reposo. Así, estar en movimiento es estar en reposo y también no estar en reposo. Por tanto, cada cosa es, por analogía con un cuerpo en movimiento, también lo que ‘es’ en un instante y lo que ‘es’ históricamente, no a pesar sino en virtud del hecho de que los dos son contradictorios.

La contradicción es fundamental para el desarrollo, es decir, para el cambio histórico, cuando el cambio se equipara al movimiento físico. El cambio es generado por la contradicción por medio de la mutua oposición de los dos elementos contradictorios presentes en la cosa en cuestión. Consideremos un ejemplo ofrecido por Engels: se siembra un grano de cereal, y es aniquilado como grano de cereal mientras la planta crece. Al desarrollarse la planta hacia su propia extinción, produce muchos granos como aquél del que brotó. El grano es la afirmación (o ‘tesis’), la planta es la negación (o ‘antítesis’) y los muchos granos con la negación de la negación (o ‘síntesis’). Consideremos otro ejemplo más: seleccionemos cualquier cantidad algebraica a como la afirmación. Neguémosla multiplicándola por -1, para formar –a. Neguemos la negación multiplicándola por sí misma, y el producto será a2: la afirmación en un nivel superior. La secuencia de esta afirmación, negación y negación de la negación se llama dialéctica, y esta es la que Marx cree que es la ley universal de la naturaleza, de la historia y del pensamiento. Todo desarrollo ocurre siguiendo esta pauta”.

Historia de la filosofía política. Compiladores: Leo Strauss y Joseph Cropsey. México, 1993.

Karl Lowith

“Uno se pregunta si alguna vez Marx tuvo en claro los presupuestos humanos, morales y religiosos de su exigencia: crear un mundo nuevo mediante la creación de un hombre nuevo. Parece totalmente ciego a las condiciones de un posible renacimiento y haber estado dogmáticamente satisfecho con la fórmula abstracta de que el nuevo hombre es el comunista, el partero de la nueva sociedad, el zoonpolitikon, el ‘ser colectivo’ de la moderna ‘cosmópolis’.

La matriz de estos hombres nuevos es, según Marx, la más miserable criatura de la sociedad capitalista, el proletariado, alineado de sí mismo hasta el extremo porque, por un salario, ha debido venderse al propietario capitalista de los medios de producción. Lejos de conmoverse por el destino individual del proletario, Marx vio en el proletariado el instrumento que permitirá a la historia del mundo la meta escatológica de toda la historia por medio de una revolución mundial. El proletariado es el pueblo elegido del materialismo histórico, justamente porque está excluido de la sociedad dominante. Así como Sieyés había proclamado antes de la Revolución Francesa que el burgués no es nada y, precisamente por eso está justificado a convertirse en todo, Marx proclama, cincuenta años después del triunfo de la sociedad burguesa, la misión universal del proletariado, que se ha desarrollado a partir de ella. El proletariado puede pretender todo, porque está totalmente alienado. Como una excepción de la sociedad existente, viviendo al margen de ella, el proletariado es la única clase que guarda en sí la posibilidad de ser normativa. Pues, aun cuando el derrumbe de la sociedad existente afectará tanto a la burguesía como al proletariado, solo este último tiene una misión universal y una función redentora, porque su carácter único consiste en la total privación de los privilegios burgueses. El proletariado no es una clase que está dentro, sino fuera de la sociedad existente y, por eso alberga la posibilidad de realizar la sociedad absoluta, sin clases. Dado que el proletariado lleva a su máxima expresión humana los antagonismos de todos los sectores de la sociedad, es la clave para el problema de la sociedad humana en su totalidad. No puede emanciparse de las cadenas del capitalismo sin liberar, al mismo tiempo, a toda la sociedad”.

Historia de mundo y salvación. Los presupuestos teológicos de la filosofía de la historia. Katz Editores. Argentina, 2007.

Ludovico Silva

“Todo el aparato analítico de El capital está montado sobre unas cuantas categorías. Debemos preguntarnos, en primer lugar, por qué podemos llamarlas categorías. Es decir, por qué podemos llamar con el ciertamente pomposo nombre de ‘categorías’ a cosas tales como la mercancía, el valor, el valor de uso, el valor de cambio, el dinero, la fuerza de trabajo, el tiempo de trabajo, etcétera.

Las categorías, decía Aristóteles, son los modos o maneras en que puede decirse el ser. Relación, cantidad, cualidad, etcétera, son los modos en que puede decirse el ser, el ser en general. Pero para Marx esta palabra revestirá un significado diferente. Ya no se tratará del ser en general, sino del ser concreto de la sociedad humana, y más concretamente aún, el ser de la sociedad humana organizada según el modo capitalista de producción. Por supuesto, sigue tratándose de categorías, esto es, de máximas generalizaciones sobre un ser dado. Pero se tratará, en Marx, de categorías generales acerca de una sociedad concreta, una sociedad que está a la vista, ahí, frente a nosotros.

Forma parte esencial de la metodología científica de Marx este procedimiento por categorías. Es más: lo fundamental del método empleado en El capital reside en ese empleo de categorías. Preguntémonos, entonces, qué es una categoría económica y cuál es el orden lógico en que vienen expuestas en  la obra máxima de Marx (…..) Esto quiere decir, por de pronto, que lo más importante que tenía que decirnos Marx acerca de las categorías que empleaba, es que estas eran de carácter histórico. No se trataba, pues, de modos en “que se dice el ser”. Se trataba, por el contrario, de los modos en que se dice el ser capitalista, un ser concreto y específico”.

Marx y la alienación. Monte Ávila Editores. Caracas, 1981.