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Un fragmento de Matthew Gregory Lewis

“Inscripción de una ermita”, pertenece a “El monje”, novela gótica que denunciaba la Inquisición. Se publicó por primera vez en 1976. Matthew Gregory Lewis (1775-1818) fue dramaturgo, traductor de Schiller al inglés y político británico. Durante una visita a Jamaica contrajo fiebre amarilla, lo que le causó la muerte. Posterior a su muerte, en 1833, se publicó “Diario de un plantador de las Antillas”, libro memorable por la caracterización que logra de la vida cotidiana de los agricultores de las islas del Caribe

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Inscripción en una ermita

Quienquiera que sea el que ahora lee estas líneas

No creas, aunque retirado del mundo

Disfruto los solitarios días que transcurro

En el desierto lúgubre,

Que con remordimiento una conciencia herida

Me ha guiado hasta aquí.

Ningún sentimiento de culpa lastima mi pecho;

Por propia voluntad huí de las moradas distinguidas,

Pues bien vi en castillos y en torres

La lujuria y el orgullo

Los poderes más queridos y oscuros del Archienemigo

Presidir con pompa.

Vi a la humanidad recubierta de vicio;

Vi oxidada la espada del honor;

Que pocos anhelaban otra cosa que la insensatez:

Que incluso era engañado quien confiaba

En el amor o la amistad;

Y aquí me vine, disgustado con el hombre,

A dar fin a mi vida.

En esta solitaria cueva, humilde de ropa,

Como un adversario de la bulliciosa locura,

Y cabizbaja, sombría melancolía,

Voy desgastado

Mi vida, y con mi sagrado oficio

Consumo el día.

El contento y regocijo ,e bendicen más en

Esta gruta, de lo que jamás sentí antes en

Un palacio, y con pensamientos aún volando

Hacia Dios en las alturas

Cada noche y albor con voz implorante

Esto deseo entre suspiros.

“Déjame oh Dios, de la vida retirarme,

Ajeno a cualquier fuego mundano y culposo,

Al latido del remordimiento, o al deseo desatado;

Y cuando muera

Déjame expirar en la creencia,

¡Hacia Dios levanto vuelo!”

Extranjero, si pleno de juventud y rebeldía

Ningún pesar ha estropeado tu paz,

Por acaso echas una mirada burlona

A la plegaria de la ermita;

Pero si tienes razón para suspirar

Por tu falta, o tu cuidado;

Si has conocido a la aflicción de un amor falso

O has sido expulsado de tu nación,

O la culpa aterra tu contemplación

Y te hace sufrir

¡Oh, como debes lamentar tu condición

Y envidiar la mía!