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Las fiestas de Elorza o el joropo como forma de vida

Fiestas de Elorza / Fotografía tomada de Internet

Fiestas de Elorza / Fotografía tomada de Internet

El joropo en Elorza es una forma de vida. Desde lo que expresan las letras y músicas de sus golpes y pasajes, hasta los símbolos que han caracterizado a un sector de nuestra nación desde hace al menos dos siglos

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El territorio

De una reunión de producción con el equipo responsable de los documentales Encuentro con, surgió la idea de cubrir una fiesta sobre la que pudiésemos mostrar la forma en la que el territorio y la actividad económica que allí se realiza se entretejen con la poesía, la música y el baile, para lograr un “sentido”, una identificación tal que termina convirtiéndose en emblema diferenciador para un colectivo.

Nos lanzamos entonces a la aventura de concretar algo tan poco tangible como hacer un audiovisual donde se pudiese evidenciar cómo los aspectos culturales están imbricados con elementos sociales y económicos de una comunidad. No cabe ninguna duda para mí que el recuerdo de las Fiestas de Elorza quedó marcado como una de las experiencias más telúricas que he vivido. Pude constatar que el joropo es la insignia que representa a un conglomerado humano que está dispuesto a vivir y padecer cualquier situación adversa con tal de escucharlo, bailarlo, vivirlo, colearlo.

El sabor del joropo impregna todas las esferas de esta fiesta, una de las más importantes para el sustento económico de Elorza. Según cifras de la Alcaldía Mayor del Alto Apure, anualmente llegan para esta celebración desde diferentes partes de Venezuela y Colombia más de 40.000 personas, cuando la población habitual es de unos 27.000. En otras palabras, se concentra en más del doble la cantidad de personas que, durante una semana, hacen vida en un espacio no mayor a 45 cuadras.

Familias enteras durmiendo en la calle, en chinchorros colgados de los árboles o postes o en colchones colocados en las aceras, colapso de los servicios públicos, caída del servicio de telefonía móvil, son sólo algunos de los elementos que acompañan a esta celebración, y son detalles sin importancia para quienes vienen a ver, disfrutar y conectarse con la maquinaria del joropo y sus mejores exponentes, con la fábrica de nuevos talentos como lo son los distintos festivales, competencias y presentaciones que allí se realizan durante la semana.

El encuentro

Mi guía para adentrarme en esta experiencia fue Juan Carlos Rodríguez, artista plástico y activista cultural de origen caraqueño, pero ya hace tiempo asimilado al llano como si hubiese nacido allí. Desde hace al menos ocho años, Rodríguez ha trabajado primero como asesor cultural y luego como Director de Cultura de la Alcaldía Metropolitana del alto Apure. Lo que ocurre durante la semana de las fiestas es altamente complejo, y coexisten diversas actividades que van desde la elección de la reina de Elorza y deportes indígenas, hasta competencias de coleo, baile y canto llaneros. Rodríguez fue quien llevó a Elorza el Joropódromo, desde Villavicencio (Colombia), un evento muy interesante y al mismo tiempo controvertido.

Existe todavía la noción de que es necesario conservar inmutables las expresiones tradicionales en el tiempo, con la finalidad de protegerlas de influencias foráneas y así evitar que desaparezcan. Una inquietud inicialmente académica, pero que luego fue incorporada por comunidades enteras, el eterno dilema puro vs contaminado que por mucho tiempo ha predominado en la escena a la hora de investigar y hablar sobre las tradiciones venezolanas. Elorza no ha sido la excepción.

Cuatros venezolanos / Fotografía tomada de Internet

El Joropódromo o Alpargatazo ‒como recientemente se le ha rebautizado‒, es una actividad al aire libre que se desarrolla en el marco de las fiestas de Elorza, una competencia que consiste en hacer un recorrido de casi dos kilómetros por avenidas y calles, bailando joropo en cuadrillas, a partir de una coreografía grupal estructurada con pasos tradicionales de este ritmo, pero incorporando elementos creativos en la forma de ejecutarlos.

En Venezuela, el Joropódromo se realizó inicialmente en Guasdualito. Lleva ya ocho ediciones en tierras elorzanas, y convergen agrupaciones de distintas partes del país y de Colombia, para demostrar sus habilidades creativas y de resistencia física al bailar. Al respecto, Rodríguez señala que, llevar este torneo a Elorza fue el resultado de la solicitud e insistencia de jóvenes bailadores y bailadoras que se sentían en desventaja en relación a lo que pasaba en poblaciones como Barinas o Arauca (Colombia).

Como respuesta a esta competencia, desde 2009 nace el Joropazo, diseñado por Ramón “Moncho” Ojeda, importante compositor y cronista del pueblo, con la finalidad de preservar la forma de ejecutar el género, principalmente en lo referente al baile y la vestimenta “criollos”. El recorrido también es de unos dos kilómetros y se realiza en grupo, pero la diferencia radica en que no hay coreografía en la ejecución del baile, y el mismo se limita a desarrollar los pasos considerados tradicionales (la zambullida del güiro, el pecho y cola, el cruzao, el enyugado y el valseado, entre otros).

Hay posiciones encontradas en relación a la valoración del Joropódromo: Diferentes expertos, académicos, docentes e intérpretes lo denigran por deformar las tradiciones, otros lo favorecen como una forma de mantener vivo el joropo entre la gente joven, por serles más atractivo.

En lo que concierne a los jóvenes de Elorza, la respuesta es muy simple: les gusta bailar ambas formas, e incluso, cuando no están haciendo una representación formal en la competencia o en la tarima, suelen mezclarlas, e inventan pasos nuevos para divertirse.

Los imaginarios

Comentaba Juan Carlos Rodríguez: “Yo le planteo este escenario de la Fiesta de Elorza a cualquier persona que quiera conversar sobre esto: vamos caminando por una calle y nos pasa por un lado un Joropazo con muchachas vestidas con unos camisones (traje “tradicional” de joropo), con su cabello suelto. Seguimos más adelante, vemos ahora el Alpargatazo, las muchachas con unos camisones transformados, con la idea de la fantasía, muy coloridos y ajustados, más abombados, haciendo unas figuras de baile muy acrobáticas. Seguimos caminando y nos encontramos con una tarima donde están cantando Vitico Castillo y Fernando Tovar, con botas Loblan o traídas del norte de México, unos sombreros Stickson y bluejeans con unas tremendas hebillas. Seguimos la travesía y nos encontramos a la orilla del Río Arauca a un grupo de llaneros cantando, unos con sombreros de paja, otros con sombreros Borsalino, todos con bluejeans. Y por supuesto llegan a caballo finalmente a la escena unos señores que vienen de la manga de coleo, con una camisa con diseños tejanos. Esa mescolanza habla de toda una dinámica que ha terminado produciendo una forma de ver y de imaginarse, pintar o dibujar a un llanero. Resulta muy llamativo ver que las mujeres se visten con el camisón criollo o con el camisón elaborado, con el cabello suelto o con su moño agarrado, únicamente para montarse en un escenario o aparecer en un evento formal; pero cuando termina el evento, se lo quitan y siguen bailando joropo en bluejeans”.

Golpes y pasajes llaneros están presentes no sólo en tarima y festivales; también acompañan en acontecimientos como bautizos, quince años, matrimonios y cumpleaños.

La maquinaria del joropo

Afiche que anuncia las fiestas de Elorza

Las fiestas de Elorza concentran varios festivales dedicados al canto y el baile llanero, para niños y adultos. Entre ellos, se encuentran el festival Doña María Aguilera (baile tradicional en pareja), el Elorzanito de Oro (competencia infantil), Doña Bárbara de Oro (canto llanero solista) y el festival de contrapunteo Claro Digno Graterol. Cada año, cantantes y bailadores de distintas partes de Venezuela y Colombia se dan cita para mostrar sus habilidades y construir una reputación profesional que luego los ayudará a proyectar sus carreras como cantantes y bailadores. Estos festivales inician generalmente por la tarde de un día, y terminan en la mañana del siguiente, debido a la gran cantidad de competidores que participan.

Para Gilmary Caña, joven cantante elorzana de 25 años, quien está grabando ya su segunda producción discográfica, estos festivales son los que forman profesionalmente a un artista de la canta llanera. Los festivales de Elorza forman parte de un circuito de gran renombre, y desde Reinaldo Armas, pasando por Reina Lucero y, más recientemente, Jorge Guerrero, prácticamente todos los grandes exponentes de golpes y pasajes llaneros han comenzado allí. Entre los de mayor importancia se encuentran el Alma Llanera (San Fernando, Apure), El Silbón (Guanare, Portuguesa), El Florentino de Oro y Florentino de Diamante (también en Apure) y La Panoja de Oro (Valle de la Pascua, Guárico), todos internacionales. En Colombia también se realizan festivales de este tipo, e igualmente son plazas obligadas para quien quiera internacionalizarse como artista llanero..

Muchos artistas coinciden en considerar al Táchira una de las regiones donde más se baila y canta joropo llanero, de manera que el territorio de esta expresión cada día abarca más estados. A las competencias llegan participantes de Barinas, Apure, Guárico, Portuguesa y Cojedes, pero también de Anzoátegui, Bolívar, Mérida y Zulia.