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"Soy escritora pero siento necesidad de expresarme con otros lenguajes"

Paula Parisot | Fotografía: Lisbeth Salas

Pau-la Parisot | Fotografía: Lisbeth Salas

Cuentista y novelista, la carioca Paula Parisot combina el ofi cio de escribir con otros lenguajes como la pintura, la ilustración, el diseño de moda y el performance. Discípula de Rubem Fonseca, ha publicado los libros A dama da solidão y Gonzos e parafusos

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Cuando era niña Pau-la Parisot (Rio de Janeiro) no pensaba en ser escritora, pensaba en ser pintora, "quería pintar y dibujar siempre". Su formación académica apuntó en esa dirección: estudió Diseño Industrial en la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro y fue becaria de la New School University en Nueva York, donde cursó una Maestría en Bellas Artes. Pero los caminos de las vocaciones son escarpados y zigzagueantes. 

Todo escritor debe comenzar por una vía: la lectura. A los 13 años la abuela de Parisot la acercó a la lectura y a su maestro literario. "Fui a vivir en la casa de mi abuela, por problemas familiares. En la casa de ella había una biblioteca muy grande. No había lugar en la casa para que yo durmiera, entonces colocaron mi cama en el medio de la biblioteca. Y me quedé a vivir allí por casi dos años. Cuando llegué allá no tenía hábitos de lectura, pero mi abuela leía mucho y se indignaba y decía `cómo es que esta niña no lee’. Ella comenzó a decirme que tenía que leer y me daba libros. Yo leía pero no con placer, no con pasión. Un día mi abuela me dio un libro de Rubem Fonseca, llamado Feliz año nuevo. Lo abrí una noche y lo devoré, no dormí. Quedé asustada con lo que estaba leyendo, era muy moderno, muy cercano. Antes mi abuela me había dado clásicos, cosas que creo que una niña de 13 años no comprendía bien. Pero Rubem es un clásico muy moderno. Quedé fascinada. A partir de entonces y a través de sus libros descubrí el placer de la lectura". 

Al convertir el hábito de leer en placer, la escritura vino de forma natural e inconciente, estimulada por las ganas de contar. Para Parisot el oficio de escritor era algo mayor. Y, como si se tratara de un cuento o una historia fantástica, su admirado escritor apareció para ayudarla a asumir su vocación. 

"Siempre me gustó escribir diarios, escribí diarios de mi vida desde los 14 años hasta los 26. En esos diarios habían historias de mi vida, y cosas que yo inventaba. Fui escribiendo y escribiendo, pero me parecía que ser escritor era una cosa mayor, que no era para mí. Pero siempre escribía. Y comencé a escribir una novela. 

Un día conocí a Rubem Fonseca en la calle. Lo abordé diciéndole `tengo una novela’. 

Él me trató muy mal, porque lo perseguí en la calle (risas). 

Quería mostrarle lo que había escrito. Quería saber si era bueno o no. Era mi héroe literario y descubrí que vivía muy cerca de la casa de mi madre. Yo no estaba segura de que Rubem Fonseca era Rubem Fonseca porque no había visto muchas fotos de él. Le di el libro y desapareció. Días después me llamó y me dijo: `sí, debes ser escritora, agarra tu novela y haz cuentos con nuevos personajes’. Yo hice lo que él me dijo, continué trabajando y terminé publicando mi primer libro, dama da solidão (Companhia das Letras, 2007). Cambié personajes, cambié la manera de narrar, unos están en primera persona, otros en tercera persona, unos en pasado, otros en presente, agregué otros personajes masculinos con otras historias y eso resultó en mi primer libro, una colección de cuentos. 

Rubem es como un padre para mí. Es una persona muy generosa, de una generosidad que yo nunca vi. Siento que tengo mucha suerte de tenerlo en mi vida, siempre me emociono cuando hablo de él porque me ayudó en un momento muy difícil de mi vida, él me dio la mano". 

Después del volumen de cuentos, Parisot publicó su primera novela Gonzos e parafusos (Leya, 2010). El lanzamiento del libro fue visto por la escritora como una oportunidad para asumir otra inquietud, otra forma de expresión. 

Parisot dibuja, ilustra, diseña, escribe y también le gusta el performance

Inspirada en la obra del artista alemán Joseph Beuys, creó un performance que la llevó a una experiencia de extrañamiento y transformación: la autora decidió asumir el papel de Isabela, la psicoanalista protagonista de Gonzos e parafusos. Durante siete días y seis noches Parisot se encerró en una caja acrílica de 3x4 metros cuadrados, ubicada en la Livraria da Vila, en São Paulo. Adentro de la caja había una cama, una mesa, una silla y un espejo. No podía comunicarse con nadie, sólo podía escribir y dibujar, y las personas cercanas le llevaban comida. Durante una semana estuvo vestida como la baronesa Elisabeth Bachofen-Echt, del cuadro de Klimt. La intención de la autora fue entrar en una intimidad mayor con el universo de Isabela y mostrarle al público esa relación. 

"Gonzos e parafusos es mi primera novela y cuando la hice, realicé un performance. Cursé una maestría en Bellas Artes y tengo un gran interés por el arte contemporáneo. Me gustan muchos los performances, creo que es una cosa efímera, al contrario de la literatura. El performance es lo opuesto, sólo existe en el momento que acontece, todo lo que queda son registros, pero nunca más vuelve. Decidí hacer un performace que duró siete días y siete noches. Me encerré y junté la vida de mi personaje con mi vida. Fue también un registro de mi proceso de escritura y, como no escribo más diarios, el performance pasó a ser un diario de mi trabajo, un diario de mi vida, porque creo que todo está muy ligado: la vida y lo que te propones escribir. Yo escribo para comprender cosas que no entiendo. Para mí fue muy importante hacer este performance, descubrí cosas muy nobles, descubrí cosas de mi dolor, que existe un dolor mayor, existe un desamparo mayor, existe una felicidad mayor que vi con toda la gente que fue a la librería. Fue una experiencia muy fuerte. En Brasil fue muy polémico, dijeron que cómo una escritora hacía eso, que eso no era literatura. 

Los críticos dijeron que Gonzos e parafusos era un libro sobre la locura pero, en mi opinión, es un libro sobre el amor, sobre la falta de amor, si no tienes amor la vida es muy difícil, se siente el abandono, para mí el libro trata eso. Tanto que en los siete días que duró mi performance,las personas que me alimentaron eran personas próximas a mi vida: mi madre, mi padre... Tenía siete años sin hablar con mi padre y apareció, me emociono cuando pienso en eso, es muy fuerte. El libro es eso, es una continuación de mí. Es una búsqueda mía en la que hablo de la mujer, que es bella, es aristocrática, es aceptada por todos y amada por todos, un poco como las mujeres de Klimt, pero ella se siente como las mujeres de Schiele que son frustradas, pobres, sucias. 

Eso es algo que vivimos con las expectativas que la gente tiene de nosotras. 

Soy una escritora pero siento necesidad también de expresarme con otros leguajes, como el performance o el diseño. 

No sé por qué, quizás se deba a mi formación, pero tengo esa necesidad".