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Un epistémico planisferio de los escritos de Arturo Uslar Pietri

Arturo Uslar Pietri | Foto cortesía

Arturo Uslar Pietri | Foto cortesía

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“Dignum laude virum Musa vetatmori:

caelo Musa beat”.

(“Al digno de loanza la Musa le impide morir:

lo beatica en el cielo”).

Horatius, Odae, Lib. IV, 8. 

Hay países cuyo lento, laborioso hacerse, lo deshacen otras naciones vecinas o lejanas mediante disímiles guerras movidas por intereses, a veces definibles, en otras inconfesables. Pero en Venezuela la fatal contienda entre el construirse y destruirse –después de la Independencia– se ha dado dentro de sus fronteras. Este destino, por tal inmanejable, Arturo Uslar Pietri lo expone en su libro Del hacer y deshacer de Venezuela (Caracas, 1962). Amó Uslar Pietri a Venezuela con térrea identidad, toda su obra es prueba fehaciente de ese haber, suficientemente rubricado en su vida doméstica, en su laboreo social, en su actividad política, en su ejemplaridad ética, en lo profesional y por supuesto en lo intelectual. Poseía los créditos morales para atreverse a dividir a los venezolanos en quienes hacemos y quienes deshacen este privilegiado territorio. Ubícalo a él en el primer término de la oración sus más de ochenta años de trabajo desde diversos frentes por fortalecer los muros espirituales, también los físicos, de esta pasión llamada Venezuela.

Conoció Uslar Pietri su entrañable espacio de casi un millón de kilómetros cuadrados como nadie con iguales o mejores recursos lo ha estudiado. Para él, saber Venezuela, una necesidad existencial significó. Cada afectivo entorno, cada recinto de su geografía, cada episodio de su historia, cada uno de los hombres o mujeres significativos de ese hacer país; cada poeta, narrador, ensayista, historiador, científico, artista, los meditó para extraer sus disímiles saberes, sumarlos así luego con optimizante fe a esa primera parte de la oración rótulo de su libro Del hacer y deshacer de Venezuela. La presencia –la parousía, cual dirían los griegos– de su saber de esta nación quedó depositado para la eternidad en su inmensa, substanciosa, hermosa obra impresa: narrativa (novelas y cuentos), poesía, teatro, ensayística, biografía, conferencias, colaboraciones breves en publicaciones periódicas, en fin.

El joven humanista tachirense –Doctor en Historia, profesor universitario, editor– Ildefonso Méndez Salcedo organizó en un volumen rotulado Arturo Uslar Pietri: una vocación al servicio de la cultura (San Cristóbal: Fundación de Estudios Históricos, 2014. 103 p.) ese complejo kosmos de la palabra impresa de Uslar Pietri. Escribe al respecto sobre esa prolijidad Méndez Salcedo: “Vemos que es uno de nuestros intelectuales más prolíficos, al constatar que es autor de setenta libros, de mil cuatrocientos artículos para la prensa y de mil cien capítulos para sus programas de televisión. Además de un gran número de conferencias, discursos, prólogos y entrevistas” (p. 21).

Abre Méndez Salcedo el volumen de su publicación con tres disertaciones sobre la uslariana contemplación globalizante del país en sus manifestaciones históricas, políticas, especulativas, mirando siempre desde la atalaya de su contemporaneidad hacia el devenir de la existencia de estos pueblos: “Pizarrón, o el afán de un escritor por entender el mundo en el siglo XX”, “Una antología uslariana” (sobre Medio milenio de Venezuela, obra de 1986), e “Hispanoamérica en la obra de Arturo Uslar Pietri”.

Continúa Méndez Salcedo con el capítulo más exigente de su libro, la oferta de un proyecto para armar las Obras completas de Arturo Uslar Pietri: “una existencia plena cuyo nombre será muy difícil de olvidar por quienes amamos entrañablemente este país y creemos en sus inmensas posibilidades para enrumbarse hacia un destino mejor” (p. 19).

Propone, para quien a ello se atreviere, un bibliomapa facilitador del proceso con el señalamiento de las recomendables rutas, vías, perspectivas a seguir para tan ambiciosa tarea a la par de impostergable puente hacia el escritor caraqueño. Desarrolla Méndez Salcedo paso a paso, con su prosa de historiador, con su peculiar seriedad discursiva, la organización totalizante por líneas de géneros, subordinando los ejes temáticos solo a los despejes y precisiones, apuntado ello a una sistematización lógico-literaria de los impresos de Uslar Pietri. El reto está, pues, lanzado. Requiérense, no obstante, ciertas condiciones espirituales para quien acepte el compromiso de realizar con exactitud geométrica esta labor: filía, paciencia, vocación venezolanista, el sentirse incluido entre los hacedores del país, en el sentido uslariano del vocablo “hacer”. Cierra, finalmente, su opúsculo Méndez Salcedo, con una “Breve semblanza y bibliografía selectiva” de Arturo Uslar Pietri.

Invito a los lectores a pasear sus ojos por las páginas de este texto de Ildefonso Méndez Salcedo. Observar su kantiana prosa expuesta armoniosamente en lúdica dynamis de lo patético con lo equilibrado, lo científico con lo sugestivo, el respeto con el cariño, el reto con la esperanza. Verá así el leyente a un Arturo Uslar Pietri detrás de los lentes –los cuales nunca se los quita– del valioso joven humanista tachirense.