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El efecto Dahbar

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Sergio Dahbar es, seguramente, uno de los cronistas más reconocidos del periodismo y la literatura del país e internacionalmente.

Dahbar, escritor, periodista, ex Director Adjunto del diario El Nacional, fundador del Grupo Editorial Cyngular, editor de El Librero, La Hoja del Norte y Dahbar Ediciones, colaborador de las revistas El Malpensante y Gatopardo, ha publicado dos libros de crónicas: Sangre, dioses, mudanzas (Caracas: Alfadil, 1989 y Debate, 2003) y Gente que necesita terapia (Caracas: Mondadori, 2004).

Tomás Eloy Martínez le atribuye "el don de convertir en ficciones todas las realidades que toca con su lenguaje preciso y elegante".

En la escritura de Dahbar, como dice Susana Rotker, la crónica no es sólo el lugar de encuentro del discurso periodístico y del literario, sino que alcanza la transformación del texto informativo, noticioso, en una obra de carácter ficcional; es decir, la voluntad de escritura hace prevalecer el arte verbal en la trasmisión del mensaje referencial; es en esta autonomía del discurso, de su preeminencia verbal sobre la historia que trasmite, donde reside el pasaje del discurso periodístico al discurso literario; que como se sabe tiene su origen en el género de la crónica literaria modernista, lugar donde se funda esta transformación decisiva para la autonomía literaria y para la renovación de la prosa hispanoamericana.

Juan Villoro, el gran narrador y cronista mexicano, la define, contemporáneamente, como la encrucijada de dos economías, la ficción y el reportaje: el ornitorrinco de la prosa, animal literario que se nutre de procedimientos derivados de la novela, el reportaje, el cuento, la entrevista, el teatro grecolatino, el ensayo y la autobiografía; mecanismos que usados por la crónica en exceso, pueden ser letales; pero que como metáfora biológica del equilibro garantizarían la naturaleza literaria, artística, del género.

Dahbar cuenta en sus crónicas historias que evitan la neutralidad política, respondiendo a la elección de la crónica como escritura de la subjetividad en su condición de testigo de la realidad; restituyendo la palabra perdida de los que la ocultaron; el cronista como el testigo audaz de la mentira e hipocresía ajenas transmutadas en la verdad suya, personal; opuesto a la maquinaria social de la locura y la insensatez, el odio y la intolerancia; oscilando entre la grieta de la objetividad abierta y pactada entre su punto de vista narrativo y los lectores.

Pero Dahbar es Dahbar. Ha dotado a sus crónicas de un efecto singular: el que se produce en y desde las primeras líneas de su escritura.

Cada crónica de Dahbar, de Gente que necesita terapia, comienza con un aforismo que encierra el sentido total del texto, produciendo un efecto de sentido que Martínez caracteriza como la construcción de un mundo personal y reconoce como una propiedad infrecuente tanto en el periodismo como en la literatura: el efecto Dahbar.