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La educación después de Auschwitz

Gustavo Hernández Díaz / Foto Archivo El Nacional

Gustavo Hernández Díaz / Foto Archivo El Nacional

“Theodor Adorno será nuestro entrevistado imaginario en esta edición que Papel Literario ha dedicado al Shoá (Holocausto), punto de inflexión para la humanidad”

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Theodor Adorno nació en Alemania el 11 de septiembre de 1903 y fallece en Suiza el 6 de agosto de 1969. Es uno de los máximos representantes de la Escuela de Fráncfort. Se formó en filosofía, sociología, psicología y música. El pensamiento de este filósofo alemán de origen judío abreva de la teoría marxista y el psicoanálisis. Junto con otros intelectuales como Max Horkheimer optó por el camino del exilio para escapar de la persecución nazi. Dialéctica de la Ilustración. Dialéctica negativa, Educación para la emancipación, Teoría estética, Crítica de la cultura y sociedad I y II, son algunas de sus obras. Theodor Adorno será nuestro entrevistado imaginario en esta edición que Papel Literario ha dedicado al Shoá (Holocausto), punto de inflexión para la humanidad. Con este insigne pensador de la cultura y de la comunicación hablaremos sobre qué significa la Educación después de Auschwitz y otros asuntos de su libro Educar para la emancipación.

–Profesor Theodor Adorno (TH.A), usted nos advierte sobre la posibilidad de que se reedite Auschwitz si la educación no es capaz de crear un estado de consciencia sobre el peligro del autoritarismo como la barbarie y la discriminación social. Indica Umberto Eco en Cinco escritos morales que el fascismo o el “Ur-Fascismo”, puede contaminar los sistemas democráticos mediante prácticas militaristas y un proyecto político-doctrinario tildado de “nueva república, hombre nuevo”. ¿Cómo es posible que se haya legitimado el terror y el antisemitismo en el siglo XX ufanado de promesa moderna con una Ley para la protección de la sangre alemana y del honor alemán, promulgado por Hitler el 15 de septiembre de 1945?    

– “Cualquier debate sobre ideales educativos resulta vano e indiferente en comparación con esto: que Auschwitz no se repita. Fue la barbarie, contra la que la educación entera procede. Se habla de una recaída inminente en la barbarie. Pero no se trata de una amenaza de tal recaída, puesto que Auschwitz realmente lo fue. La barbarie persiste mientras perduren en lo esencial las condiciones que hicieron madurar esa recaída. Ahí radica lo terrible. Por invisible que sea hoy la necesidad, la presión social sigue gravitando. Empuja a las personas a lo inenarrable, que en escala histórico-universal culminó con Auschwitz. Quisiera referirme a un hecho que, muy significativamente, apenas si parece ser conocido en Alemania. Ya en la Primera Guerra Mundial, los turcos –el movimiento llamado de los Jóvenes Turcos, dirigido por Enver Pachá y Taleat Pachá– habían asesinado a más de un millón de armenios. Como es bien sabido, altas autoridades militares alemanas e incluso jerarquías del gobierno tuvieron noticia de la matanza, pero guardaron estricto silencio al respecto. El genocidio hunde sus raíces en esa resurrección del nacionalismo agresivo sobrevenida en muchos países desde fines del siglo XIX”.

Sigmund Freud nos adelanta ciertos signos de insatisfacción sociocultural en su obra El malestar de la cultura, que muy bien pudiera explicar esas recaídas históricas que nos ha llevado a dos conflagraciones mundiales, guerras regionales y otras no convencionales como el terrorismo. Advierte el psicoanalista que existen tres fuentes que marcan la infelicidad del hombre y que determinan el malestar cultural y psicológico: “la hiperpotencia de la naturaleza, la fragilidad de nuestros cuerpos y la insuficiencia de normas que regulan los vínculos recíprocos entre los hombres en la familia, el Estado y la sociedad”. Cito a Freud porque observo que es un pensador en el que Usted se apoya para discernir sobre el futuro incierto de la sociedad contemporánea.    

–“Entre las ideas freudianas de mayor alcance afectivo también en la cultura y en la sociología destaca, en mi opinión, por su profundidad el de que la civilización engendra por sí misma la anti civilización, y la refuerza progresivamente. Habría que prestar mayor atención a sus obras El malestar en la cultura y Psicología de las masas y análisis del yo, precisamente en relación con  Auschwitz. Si en el principio mismo de la civilización late la barbarie, luchar contra ella tiene consecuentemente algo de desesperado. El Malestar en la Cultura tiene, con todo, un lado social que Freud no ignoró. Puede hablarse de una claustrofobia de la humanidad en el mundo administrado, de un sentimiento de encierro dentro de un nexo enteramente socializado tejido como una tupida red. Cuanto más tupida es la red, tanto más se procura escapar, y al mismo tiempo precisamente su espesor impide la salida. Esto refuerza la furia contra la civilización, una furia que se vuelve violenta e irracionalmente contra ella”.

–El término Industria Cultural, acuñado por usted y su colega Max Horkheimer nos da la impresión de que niega de plano la posibilidad de que los medios masivos sean favorables a la democracia y por ende a la educación. “La Industria cultural. Iluminismo, como mistificación de masas”, refleja un abismal pesimismo cultural cuando ustedes afirman: “La civilización actual concede un aire de semejanza. Films, radio y semanarios constituyen un sistema. Las manifestaciones estéticas, incluso de los opositores políticos, celebran del mismo modo el elogio del ritmo de acero.” Un pesimismo que pudiera albergar nostalgia hacia la alta cultura y Bellas Artes.

–“Mis reticencias afectan más bien el uso que en buena medida se hace de la televisión, porque creo que este medio contribuye, en muchas, cuanto menos, de sus realizaciones concretas, a difundir ideologías y a orientar de un modo falso la consciencia de las personas que la contemplan. Pero sería también el último en negar que el medio televisivo contiene un potencial enorme de cara, precisamente, a la formación cultural en el sentido de la difusión de una información clasificadora. Comparto enteramente la tesis de que habría que enseñar a ver televisión a los espectadores. No debería proponerse sólo capacitar a los espectadores para elegir lo adecuado, sino que debería desarrollar capacidades críticas; debería poner a las personas en condiciones de desenmascarar ideologías, por ejemplo, debería ponerlas al resguardo de intensificaciones falsas y problemáticas, y debería sobre todo, protegerlas de esa propaganda general a favor del mundo que viene ya inmediatamente. La formación cultural de la que hablamos debería, por el contrario, capacitarlas para ponderar su problemática y formarse un juicio propio y autónomo al respecto. Hay que dar acogida en la televisión a las cosas que no llegan al gran público. Pero no tiene que estar herméticamente cerradas para minorías. Es probable que este empeño el shock sea un medio más efectivo que el hábito. Que las personas aprendan el amor en la televisión, no me parecería ni siquiera grave. Aunque aprendiera modales eróticos por este medio, no sería ningún inconveniente. Valéry dijo una vez que el amor se aprende realmente en los libros, y lo que vale para los libros tendría que valer para la televisión”. 

–Eric Fromm subraya en ¿Tener o ser?, una tesis pedagógica muy genuina sobre el significado del humanismo en el campo educativo. Distingue entre el aprender a pensar y el consumo desmedido de información. Enseña este destacado psicoanalista y filósofo humanista: “En el modo de tener, los estudiantes sólo tienen una meta: retener lo aprendido. En el modo de ser, captan y responden de manera productiva y activa”. Creo que su propuesta educativa se orienta en ese sentido.  

–“La educación en general carecería absolutamente de sentido si no fuese educación para una autorreflexión crítica. La educación política en su conjunto debería, en fin, centrarse en hacer imposible Auschwitz. Tal cosa sólo será posible si aborda además este problema el más importante de todos, abiertamente, sin miedo de chocar con poderes establecidos del tipo que sea. Para ello debería transformarse en sociología, es decir, tendría que instruir sobre el juego de fuerzas sociales que tiene lugar por debajo de la superficie de las formas políticas. Debería ser analizado críticamente, por sólo citar un modelo, un concepto tan respetable como el de la razón de Estado: cuando se sitúa el derecho del Estado por encima del de sus miembros, el terror está ya potencialmente asentado. Quisiera seguidamente arriesgarme, a presentar lo que concibo como educación. No precisamente la llamada formación de las personas porque nadie tiene el derecho de formar a las personas desde fuera; pero tampoco la simple transmisión de conocimiento, sino la consecución de una consciencia cabal. Una democracia exige personas emancipadas. No es posible representarse una democracia realizada sino como una sociedad de emancipados. Quienes defienden, dentro de la democracia, ideales educativos que apuntan contra la emancipación, contra la decisión autónoma consciente de cada persona, son antidemócratas, por mucho que propaguen sus representaciones ideales en el marco forma de la democracia”.