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Los dilemas de Milkor Acevedo

El Testigo por Milkor Acevedo

El Testigo por Milkor Acevedo

“Resultan bien exquisitos los referentes musicales, tanto cultos como populares. La rítmica  narrativa va en un in crescendo hasta la conclusión del relato. Asimismo, la verosimilitud de los imaginarios de los diversos personajes está muy bien lograda”

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Si algo caracteriza a la novela El testigo de Milkor Acevedo es su constante ahondar en uno y otro dilema existencial. Ésta es una pieza rica en argumentaciones y andamiajes mediante los cuales se va desarrollando una historia cuya intriga persiste luego de culminado el relato. De este modo lo especulativo queda en el territorio del lector. En efecto, con el pretexto del secuestro a un músico de rock por parte del ORAH (Organización de Resistencia Anti Humana) las vidas de dos amigos que se mantenían distantes se vuelven a entrecruzar. Empieza así un fecundo diálogo donde se dan las más variadas situaciones.

Emilio y Víctor son dos jóvenes venezolanos que compartieron la infancia en una Caracas que ya no es. Luego, éstos emigraron durante la diáspora nacional producto del chavismo y del descalabro continuado que dicho fenómeno trajo consigo. El primero termina siendo estrella de rock de la afamada banda Dostoievski and Mr. Hyde con el consecuente estereotipo de vida desenfrenada que dicha profesión trae en sí misma. Por su parte, Víctor llega a ser un literato de relativo éxito que hace periodismo para sobrevivir en España. De este modo, luego de años de separación, el escritor decide armar el relato del absurdo secuestro. Se va desentrañando toda una trama en la que hay dos incógnitas principales. Por un lado está el acertijo de cómo termina salvándose el músico del infame grupo terrorista que había decidido inicialmente ejecutarlo por haber permitido, si bien de manera indiferente, que se llevasen a cabo peleas de perros en su casa. Por otra parte está la sospecha de que un escritor famoso y su hija, conocidos de Víctor por el periódico donde trabajaba, pudiesen ser miembros de la banda de secuestradores. Así tenemos a Andrés Vargas y a su hija Amaranta. De esta última lo menos que se puede decir es que vive en una excentricidad permanente.

Los personajes no pueden ser más estrambóticos. De esa manera forman parte del ORAH María y su padrastro, quien también es escritor. Ambos habían llegado a mantener una relación incestuosa. La búsqueda de analogías entre ambos grupos familiares será leit motiv de este texto.

Si algo es de veras maestro en esta pieza son los diálogos. Los personajes argumentan y contra argumentan en una suerte de búsqueda continua por dilucidar las motivaciones para todas sus acciones. Así está la reflexión en torno a las implicaciones ético-morales respecto al castigo que debiera sufrir Emilio por haber sido pasivo en la situación de las peleas de perros. No en balde el autor apela al nombre de Dostoievski and Mr. Hyde y hace un guiño a Crimen y castigo. Aparecen también las especulaciones en torno al fenómeno de la música, de la creación y de la misma existencia. Incluso hay un regodeo alrededor del hecho escritural. Hay además, en esta novela, importantes referentes a momentos límites de la vida en los que una sociedad se hace cómplice en casi su totalidad del nazi fascismo; tal es el caso de Ana Frank y su Diario. Así, durante la narración aparece la hipótesis de que éste haya sido un detonante de la conducta peculiar de María, la secuestradora.

Resultan bien exquisitos los referentes musicales, tanto cultos como populares. La rítmica  narrativa va en un in crescendo hasta la conclusión del relato. Asimismo, la verosimilitud de los imaginarios de los diversos personajes está muy bien lograda. Ello es patente en el caso de la contraposición entre el maduro Andrés Vargas y el joven Emilio, dos de los escritores que protagonizan la novela.

En esta suerte de anti intriga que constituye saber cómo se salvó Emilio de ser asesinado hay una derrota anticipada. De hecho éste terminará pegándose un tiro tiempo después de los eventos del secuestro. De igual forma, la identidad  de los captores y su analogía con Vargas y su hija nunca será conocida.

Con Milkor Acevedo asistimos a una narrativa con mucho estilo y bien sesuda, una pieza clave de este período estético en el que queda muy bien retratada la diáspora venezolana. En El testigo hay un regodeo y un disfrute constante en torno al artefacto cultural.

 

 

El testigo.

Milkor Acevedo.

Oscar Todtmann Editores.

Caracas, 2014.