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Un diccionario para los escritores venezolanos

Imagen de un diccionario

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El texto reúne la vida y actividad de los escritores venezolanos y busca ofrecer luces sobre el panorama difuso y amplísimo de nuestras manifestaciones plurales de escritura

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Obras sin posibilidad de caducidad, los diccionarios nunca envejecen. Nacidos para dar cuenta de los conocimientos sobre la lengua y vida de un tiempo específico y sobre el pensamiento y los afectos de los hombres de una sociedad concreta, cumplen con encomiable o cuestionable efectividad la meta de ser reflejo de identidad de ese tiempo y de esos hombres. Ajenos al vencimiento de sus materias, los diccionarios señalan edades en el desarrollo de sus capacidades descriptivas, al tiempo que referencian los estados en proceso en que ellas se encuentran. De esta suerte, la mayoría de edad de un diccionario es asunto serio y digno de atención.


 Digno de atención y asunto serio resulta la tercera edición del Diccionario de escritores venezolanos, de Rafael Ángel Rivas Dugarte y Gladys García Riera, que acaba de publicar la Universidad Católica Andrés Bello, gracias al patrocinio de la empresa Venezolana de Reaseguro. Viene a significar su primera mayoría de edad. El acontecimiento se asienta en la idea de que la obra ha cumplido para los usuarios el papel de compañía ejemplar en la búsqueda de conocimientos. También, que la obra ha quedado marcada por la necesidad impuesta por su disciplina haciéndola cuerpo solvente para su rescate, reconstrucción o difusión. Por último, que la obra ha querido instalarse como saldo capital en su actividad de ciencia, estética y pensamiento.


Esta nueva entrega (que no la última, pues los autores saben de la imposible inconclusión que estos trabajos suponen y por ello ya preparan la que será en su momento cuarta edición) nos dejará satisfechos en las tres circunstancias antes señaladas, pues ha cumplido con sus usuarios y les ha proporcionado conocimientos seguros en las búsquedas y pesquisas que ellos han intentado; asimismo, porque la obra ha rescatado, reconstruido y difundido sobradamente el área de conocimiento que se impone; y, por último, porque este diccionario ha quedado ya instalado como saldo de pensamiento, arte y ciencia en nuestros espacios de cultura escrituraria.

Como recordará el usuario consecuente de esta obra o su lector eventual, el diccionario fue editado por primera vez en el año 2004, a cargo de la Dirección de Literatura del Conac; y la segunda, en edición privada de los autores, en 2006, en distribución convenida al Grupo Alfa.  En esta tercera oportunidad le ha tocado la tarea a la Universidad Católica Andrés Bello y ello es motivo de aplausos para la prestigiosa casa de estudios de Montalbán, acreedora de una larga tradición de publicaciones lexicográficas que aún son motivo de recordación y estudio (imprescindibles sus ediciones de diccionarios sobre lenguas indígenas venezolanas y sobre el español coloquial de Venezuela).

La presente edición, en relación con las dos anteriores, resulta notablemente aumentada y ello habla del impenitente esfuerzo que sus autores han desarrollado desde la aparición de la segunda a esta parte, y del tesón y empeño continuados que han puesto en práctica para alcanzar el difícil reto de promediar la primera mayoría de edad que supone la tercera imagen de un diccionario (son pocos en Venezuela los que han conseguido una tercera visita a las imprentas). Así, una revisión somera de la obra actual frente a los anteriores ofrecimientos podrá corroborar lo que ha supuesto en trabajo diario y sostenido para sus autores desde hace cuatro años a esta parte. Deviene en una actualización diaria de una materia que se renueva sin fin, ya que la vida y actividad de los escritores no cesa, sino, que crece permanentemente. Empeño evidente ha sido, entonces, recoger sin criterios de exclusión y actualizar sin cierres metodológicos diacrónicos. Han cumplido tan cabalmente este empeño que aún en proceso de pruebas han modificado datos y aumentado registros en la medida en que se sucedían contingencias biográficas de los escritores y acontecimientos editoriales fundamentales.

En sentido estricto, los diccionarios promueven al menos dos tipos de usuarios, los que son inteligentes y se acercan a una obra tal con ojos generosos y con gestos de dignidad; y los usuarios torpes que con injusticia e inclemencia irán a escarbar la piel delicada de estas obras para buscar naturales inconveniencias y defectos de elaboración siempre explicables. Me adelanto a decir que este Diccionario de escritores venezolanos, heredero de los repertorios generales de cultura venezolana y de los específicos de literatura (v.g. el Diccionario de historia de Venezuela, de la Fundación Polar; el Diccionario de literatura venezolana, de la Universidad de Los Andes; y del Diccionario de las letras de la América Latina, de la Fundación Ayacucho, el Celarg y el Conac) recibirá el acercamiento gentil de muchos usuarios inteligentes, esos que sabrán sacar el alto provecho que esta obra reporta en una materia tan inmensa, plural y no siempre tan conocida como creemos  (el acopio de datos elementales sobre algunos autores y sobre muchas obras de nuestra literatura ha sido y es un terreno de lagunas innavegables y de discrepancias puntuales). También, cómo dudarlo, se acercarán a esta obra los usuarios mezquinos que se solazan en la búsqueda de lo que creen defectos y caídas en una elaboración lexicográfica tan compleja y en una investigación de tan vasto alcance.

En otra consideración, estoy seguro que la nobleza estudiosa de los autores de este diccionario hará que las siguientes apariciones de esta obra singular crezcan en refinamientos descriptivos y en cruces de informaciones entre los temas relacionados en la obra. Me refiero en particular a los cuerpos metacríticos del diccionario; a aquellos apartados en donde debe anotarse el trabajo de estudio sobre autores y obras que, en razón a las delicias de esta obra, están consignados en el mismo corpus del diccionario; una hermandad de referencias que abona notablemente el campo de estudio y que lo lleva a una posición de privilegio gracias al reporte de las obras y de la crítica gestada por ellas.

Por todo ello, y suscribiendo de nuevo cada una de las palabras que escribí al frente de las ediciones segunda (nuevamente reproducidas en ésta) y tercera, me lleno de entusiasmo ante una obra que busca ofrecer luces sobre el panorama difuso y amplísimo de nuestras manifestaciones plurales de escritura y hacer que ellas resalten como hitos de noble cultura y como contribución de estudio y creación.

Finalmente, la presente obra abona el triunfo que para la inteligencia del país han significado las obras de referencia en general (diccionarios, enciclopedias, bibliografías, documentarios, antologías, etc.) durante los tiempos más recientes, como reconocimiento científico y lego del valor del diccionario y de su utilidad, en un mundo que cada vez tiene más medios para obtener la información y que, en contradicción, está más desprotegido ante el saber y en lastimosa situación de orfandad.

Si, como quiso el reconocido crítico e investigador peruano Antonio Cornejo Polar, en nuestro continente tres ediciones de una obra vienen a significar y valen como si fueran la primera (una versión intelectualizada del célebre adagio “a la tercera va la vencida”), esta tercera que hoy se edita será la primera más satisfactoria y promisoria con la que hoy cuenten todos los que escribieron y escriben en Venezuela y los que se interesen por el multiforme fenómeno de perpetuar en papel lo rotulado con las señas imborrables de nuestro país.