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El ojo del detalle en Isaac Chocrón: la vida requisada

“¿Qué es la vida? Una ilusión”, filosofaba Segismundo, aquel personaje de la obra universal “La vida es una sueño” de Pedro Calderón de la Barca estrenada en 1635. El teatro es una de las formas artísticas capaces de crear clásicos por su poder inmensamente catártico. Hoy “Papel Literario” dedica su espacio al mundo de la dramaturgia reuniendo ensayos de José Antonio Parra, Catherine Medina, Edgardo Mondolfi Gudat, Narcisa García, y una entrevista realizada por Annie van der Dys al dramaturgo Fernando Calzadilla

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El planteamiento teórico de Leonardo Azparren Giménez en Isaac Chocrón: la vida requisada es impecable. La mirada del detalle que el autor vuelca sobre el dramaturgo es producto de una aproximación sucesiva a la obra de éste durante más de cuarenta años. Para los estudiosos del teatro venezolano y, en general, para los interesados en comprender la lectura que la dramaturgia nacional ha hecho del propio país este texto es un aporte singular.

Dividido en bloques temáticos que abordan los diversos tópicos presentes en la obra de Chocrón, este libro muestra de manera clara y precisa la arquitectura literaria de la totalidad de su trabajo. Es un recorrido, sin precedentes, que presenta una vida de creación y sus vínculos con la sociedad, al igual que con los tipos individuales presentes en ella.

Con franca exactitud, Azparren identifica tres ejes fundamentales en este autor; las relaciones entre el individuo y su contexto familiar y social, las tensiones afectivas generadas por ellas y, finalmente, la muerte como horizonte cierto de la soledad. Y es que el abordaje de este texto no implica únicamente un acercamiento a la creación del artífice en estudio, sino que permite trazar una línea por los diversos períodos que atravesó el teatro venezolano desde el siglo XIX. Así, queda identificada una fase de “realismo ingenuo”, enunciada en tanto anecdótica y descriptiva del fenómeno de la realidad, pero que no ahonda en sus mecanismos ocultos. Seguidamente, el crítico expone un segundo momento a partir de 1936 y a raíz de la muerte de Gómez, que es nombrado “realismo crítico”. En éste quedan develados aquellos mecanismos ocultos que el “realismo ingenuo” no muestra. Finalmente, y aquí es donde está inscrita la obra de Chocrón, aparece una etapa denominada “realismo subjetivo” y donde el eje es el Yo del personaje en tanto quintaesencia del discurso dramático, así como punto de partida desde el cual se plantea una nueva enunciación de la realidad.

En lo relativo a lo más estrictamente formal, en el texto son señalados aspectos como la economía de elementos y la sobriedad en el lenguaje de las  piezas de Chocrón. Así mismo, Azparren traza una minuciosa geografía del cronotopo en la obra del dramaturgo. En este sentido, es particularmente brillante la mirada hecha a Clipper de 1987.

Ultimadamente lo existencial y la experimentalidad son signos inequívocos del teatro del autor en estudio. Sus personajes se debaten en el drama de la soledad y de las relaciones entre la familia heredada y la familia elegida, marca que apunta a la propia biografía del dramaturgo. El sujeto vive una suerte de “exilio de su contexto social”, tal y como lo plantea Pablo, protagonista de La máxima felicidad, cuando expresa: “ocupo un espacio. No vivo en sociedad”. Este “Yo des-ubicado” es el que distingue con claridad al teatro de Chocrón del de Cabrujas y Roman Chalbaud, donde los énfasis están en el “desconcierto ideológico” y la “crudeza cotidiana”, respectivamente.

Sin embargo, en lo que a la visión del país se refiere, este creador estuvo avanzado a su época cuando planteó la venta del mismo en Asia y el Lejano Oriente. En efecto, esa denuncia tan radical que consistía de una nación que concordaba venderse al mejor postor para librarse de la responsabilidad de forjar su propio destino se terminó quedando corta con el devenir real del país político. En definitiva, parte de la riqueza nacional fue regalada a intereses foráneos.

Hacia el final del libro, resultan una muy grata lectura las notas de prensa que en torno al trabajo del escritor dramático realizó Azparren. Se observa aquí el despliegue de una crítica sesuda y que bajo ningún respecto hace concesiones. Son, en este mismo contexto, muy sabrosas las apreciaciones estilísticas de los montajes y de los personajes protagónicos del quehacer del teatro en el país durante las últimas décadas.

Isaac Chocrón: la vida requisada es una celebración, no sólo de la obra de un dramaturgo imperecedero, sino de la encomiable labor de Leonardo Azparren Giménez. En este libro confluyen el trabajo creador y su otro lado, la mirada del espectador en el ejercicio crítico.


ISAAC CHOCHÓN: LA VIDA REQUISADA

Leonardo Azparren Giménez

bid & co. editor

Caracas, 2012