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La cultura del espectáculo

Gustavo Hernández Díaz / Foto Archivo El Nacional

Gustavo Hernández Díaz / Foto Archivo El Nacional

“La experiencia audiovisual abraza la emotividad y en el inconsciente como consecuencia del peso de la forma de expresión de los contenidos mediáticos”

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Pink Floyd: “Hay alguien en mi cabeza, pero no soy yo”.

Joan Ferrés es profesor en Comunicación Audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Entre sus publicaciones destacan: Televisión y Educación (Paidós, 1994); Educar en una cultura del espectáculo (Paidós, 2000), La educación como industria del deseo (Gedisa, 2009) y Las pantallas y el cerebro emocional (Gedisa, 2014).

Su propuesta pedagógica es innovadora. Fomenta la comprensión de las emociones a partir de la recepción de contenidos de los medios de comunicación, Internet y tecnologías avanzadas. Se apoya en el psicoanálisis, la inteligencia emocional y la neurociencia para desarrollar su método de gestión de las emociones. Método poco abordado en la enseñanza de los medios cuyo interés tradicional ha sido el análisis de textos mediáticos desde perspectivas económicas, políticas y culturales.

“La escuela tiene la obligación de ayudar a las nuevas generaciones de alumnos a interpretar los símbolos de la cultura. Si educar exige preparar a los ciudadanos para integrarse de una manera reflexiva y crítica en la sociedad, ¿cómo se integrarán unos ciudadanos que no están preparados para realizar de manera crítica aquella actividad a la que más horas dedican?”. Rol esencial de la educación en la sociedad de la comunicación.

Espectáculo nuestro de cada día

Walt Whitman: “Soy vasto y contengo multitudes”.

Hablar de una “cultura del espectáculo” es referirse a la cultura audiovisual. Es referirse a un espectáculo globalizado por las tecnologías. Supera los límites del espacio y tiempo convencional. “Hoy, gracias a la televisión y a las tecnologías, el ciudadano tiene acceso en su propia casa a cualquier tipo de espectáculo, a cualquier hora del día o de la noche. La televisión fagocita toda clase de espectáculos desde el cine o el teatro hasta los conciertos. La misma realidad es fuente de espectáculo”, afirma Ferrés.

La experiencia audiovisual abraza la emotividad y en el inconsciente como consecuencia del peso de la forma de expresión de los contenidos mediáticos. La cultura audiovisual seduce y apabulla, privilegia la iconosfera sobre la logosfera mediante la hiperestimulación sensorial, el fenómeno del zapping y la cultura mosaico.

Imágenes en movimiento, yuxtaposición trepidante de imágenes, aparición constante de planos y estímulos visuales y auditivos, son recursos significantes concretos de la potenciación de lo sensorial.

También estimula los sentidos la lógica de la narración audiovisual y su secuencia: tensión, clímax y relax. Los relatos se caracterizan por la dialéctica entre el amor y el odio, entre el afecto y la agresión, entre el eros y thanatos.

“En los relatos, la estabilidad y la seguridad vienen dadas por la estructura narrativa, por las convenciones de los géneros. Orden y caos, fascinación por lo previsible y atracción de lo imprevisible. En proporciones diversas, los necesitamos constantemente como espectadores”. El placer de la fabulación estimula, consciente o inconscientemente, la imaginación y la fantasía.

El uso del control remoto deviene en estimulación audiovisual y en una nueva modalidad de edición doméstica de los relatos. Zapping para evitar la publicidad. Grazzing para seguir varios programas a la vez. Flipping o uso irracional del control remoto por el simple placer de experimentar el “jump with the view” de un programa a otro.

Cultura mosaico de Abraham Moles, refiere a mensajes dispersos, fragmentados y descontextualizados. Inmediatez y simultaneidad se la ponen difícil a la serenidad, el sosiego  y el buen pensar. La agudeza visual de Neil Postman, el autor de Divertirse hasta morir, se expresa así: “El problema no es que la televisión nos dé temas entretenidos, sino que nos presenta todos los temas como entretenimiento”. Televidentes y cibernautas tienen la palabra.

Pedagogía, publicidad y emociones

Carl Jung: “En cada uno de nosotros hay otro al que no conocemos”.

Joan Ferrés es un provocador: “Los educadores tenemos mucho que aprender de los publicitarios en cuanto eficacia comunicativa”. Y advierte: “No es que los profesionales de la enseñanza tengan que copiar a los creativos de la publicidad, ni tampoco convertir las clases en spots  publicitarios. Se trata que tomen buena nota de las estrategias, los mecanismos y los recursos expresivos, en los que los publicitarios están demostrando ser más hábiles que ellos”.

El educador debe apuntar bien a su “target” estudiantil, de lo contrario no habrá sintonía ni mucho menos aprendizaje significativo y contrastable. Soslayar las necesidades, intereses, deseos y temores de los interlocutores mediáticos nos aleja de una educación liberadora, consciente y advertida.

Hay una máxima en la publicidad: “Si tiene algo viejo que decir, dígalo en forma nueva. Si tiene algo nuevo que decir, dígalo simplemente”. Si los publicitarios diseñan sus mensajes en función de la audiencia, esa misma estrategia debería aplicarse en la educación. Sin embargo, los educadores trabajan en clases en función de los contenidos curriculares prescriptos por el magisterio.

Ferrés desarrolla un método para radiografiar la experiencia del consumo audiovisual. Los estudiantes deben explicitar sus reacciones sobre el texto mediático de manera libre y espontánea, no guiada ni inducida. Estas reacciones están vinculadas con lo sensorial (música, ruidos, efectos sonoros), con lo narrativo (realidad, ficción, intriga, conflictos, sorpresas) y con los mecanismos psicológicos de proyección e identificación (personajes, acciones y situaciones). También es importante detectar qué dice la obra sobre la audiencia. “Esta valoración permite descubrir hasta qué punto las experiencias de visionado y análisis han supuesto un aprendizaje, un enriquecimiento para el receptor, hasta que punto le han llevado más allá de sí mismo”.

La educación mediática será eficaz si es capaz de convertir el “objeto del deseo” o la atracción ejercida por los medios masivos, Internet y tecnologías, en “objeto de aprendizaje y crecimiento personal”. Dicho de otro modo: El deleite o rechazo hacia el relato audiovisual, hacia las pantallas de Internet, hacia el uso de tecnologías móviles debería conducirnos a una comprensión más íntima del placer. Aprender de las emociones y sentimientos. Distinguir entre la realidad y la ficción. Es el placer de conocer más sobre el lenguaje, la estética, la tecnología y la producción creativa y responsable de contenidos.

Umberto Eco afirmaba: “La civilización democrática se salvará únicamente si hace del lenguaje de la imagen una provocación a la reflexión crítica y no una invitación a la hipnosis”. Urge sintonizarse con las emociones de las audiencias y canalizar la energía liberada por estas hacia objetivos educativos, culturales y sociales. Es alcanzar el “placer de ser conscientes” de la cultura del espectáculo.