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La crónica en Brasil: aquello que permanece

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La compilación de crónicas hecha por Joaquim Ferreira dos Santos, Las cien mejores crónicas brasileñas, ofrece un panorama poderoso y grato al lector sobre ese género en Brasil. Emoción, alegría, espanto, decepción y sorpresa por el vaivén del cotidiano, “textos hechos para el momento y que, por la calidad, van a quedar para siempre”, así podríamos definir en principio las crónicas que aparecen en el volumen.

La historia de la crónica en Brasil, por supuesto, está ligada a los periódicos, pero con un detalle especial: este género surge relacionado con los folletines, esos encargos sobre los hechos de la semana que los diarios encomendaban a los escritores. El folletín “Al correr de la pena”, publicado por el Correio Mercantil a partir de enero de 1854 y escrito por José de Alencar, comenzó a darle forma a la crónica moderna brasileña.

Cien crónicas y 62 autores que transformaron y transforman el género conforman la compilación. Samba, bossa, el habla informal, la ciudad, los libros, los escritores. Todo tiene espacio en las páginas de estos textos.

La crónica brasileña tiene una identidad propia, muy cercana a la calle, a la música, al buen humor. Y esa relación con la calle tiene que ver con los orígenes del género en Brasil, desde el inicio los cronistas buscaban un detalle cualquiera, un pretexto para escribir sobre el cotidiano que sucede en las aceras, en las esquinas, en las avenidas. Ferreira dos Santos y Antonio Cândido definen a estos escritores como perros callejeros talentosos, fajadores del cotidiano.

Aquello que en los ojos de los demás no vale o no significa nada, en los del cronista se vuelve brillo, tema y pretexto para escritos luminosos. Ellos utilizan el habla informal, juegan con la forma y la estructura, abordan cualquier tema, pero lo único que no se vale, como bien apunta Ferreira dos Santos, es ser aburrido.

Las cien mejores crónicas brasileñas tiene una introducción hecha por el compilador del libro, un texto iluminador, sencillo y directo sobre el género en Brasil, escrito además en un tono que va acorde con el espíritu de la publicación. En esa introducción Ferreira dos Santos explica que las crónicas fueron escogidas sin criterios académicos, con el uso de la subjetividad máxima, para hacer honor al género, y buscando “piezas de referencia con representantes de primero orden”.

Para justificar la elaboración de la selección, el autor explica que hoy la crónica ocupa por lo menos media página diaria en todos los grandes periódicos brasileños y cuando se transforman en libro están, durante semanas, en las listas de los más vendidos. También asegura que la crónica en Brasil es un fenómeno de aceptación popular y señala una característica especial: es el contacto más cotidiano con los grandes autores de la lengua portuguesa. La lista de escritores que están en este libro impresiona: Arnaldo Jabor, Luis Fernando Veríssimo, Otto Lara Resende, Ferreira Gullar, João Ubaldo Ribero, Moacyr Scliar, Lygia Fagundes Telles, Aldir Blanc, Chico Buarque, Clarice Lispector, Caetano Veloso, Mario Quintana, Nelson Rodríguez, entre otros, son algunas de las grandísimas firmas que podemos leer en Las cien mejores crónicas brasileñas.

Ferreira dos Santos nos dice que “literatura es todo aquello que permanece”, las crónicas de este libro están entre los capítulos más deliciosos de las letras brasileñas. Al pasar a este libro esos textos se revitalizan y adquieren otro valor, otro lugar: las leemos como grandes piezas literarias.