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21 crímenes de papel 21/21: La jefa de todo esto

“Suspense” de Patricia Highsmith

“Suspense” de Patricia Highsmith

 Juan Carlos Chirinos cierra la serie 21 crímenes de papel haciendo referencia a la obra “Suspense” de Patricia Highsmith pues, al igual que “Mientras escribo” de Stephen King, le han sido útiles en su camino como escritor y no deja de recomendarlos a cualquiera que quiera oírlo

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“No hay ningún secreto para alcanzar el éxito escribiendo, salvo la individualidad o, si se prefiere, la personalidad.”, dice la autora de este ensayo, y no puedo evitar la tentación de comenzar citándola. Yo quería, sin embargo, cerrar este ciclo de crímenes haciendo caso a Aristóteles, comenzando “primero por lo primario”, y por eso he estado semanas esperando con justa concupiscencia para hablar de este libro, pues también quería echar una mirada a ese otro crimen que tiene lugar cuando un narrador cuenta lo que sale de su imaginación calenturienta: el proceso de creación de una novela policial, negra o de suspense. Ese proceso según el cual el autor saca de la nada un cosmos intrigante que el lector debe decodificar e interpretar si quiere saber, finalmente y antes de que se lo revelen, quién es el asesino.

Este proceso es parecido al que tiene lugar entre el criminal y el detective: el bandido, en un camino de ida, “crea” un crimen, y el trabajo del detective es –recorriendo ese camino a la inversa– descubrir las pistas que darán sentido al estropicio y le llevarán, como quiere, hasta el autor de la fechoría. Quiero hurtar dos palabras de la semántica para designar ambos senderos: un camino onomasiológico de ida (el criminal, como artista del mal, crea la obra de arte); y, otro, semasiológico de vuelta (el detective, como crítico, interpreta el sentido de la obra).

¿Y quién mejor para explicar lo que ocurre en ese laboratorio de los asesinatos sino una autora como Patricia Highsmith (Estados Unidos, 1921 – Suiza, 1995), que nos dejó más de tres decenas de títulos noir, entre novelas y libros de relatos? ¿Alguien mejor para señalar el camino que la autora de Extraños en un tren (de la que Alfred Hitchcock hizo una célebre versión, con guión nada menos que de Raymond Chandler), El juego de Ripley (llevada al cine por Wim Wenders) y Crímenes imaginarios, esa magistral pieza de ocio creativo?  Como todo buen –y generoso– escritor hace, nos dejó en un pequeño volumen sus consejos sobre el arte de escribir, y lo hizo de la manera como debe hacerlo un escritor: desde su mesa de trabajo. Porque no otra cosa es este libro que me toca comentar hoy, Suspense, cuyo título en inglés es más explícito, como suele suceder, Plotting and Writing Suspense Fiction, entendiendo “Plotting” como el proceso para idear un argumento.

Sin embargo, el que ande buscando un libro de autoayuda, un manual que le resuelva los problemas con que se va a encontrar en el tedioso camino de la escritura, que se vaya cayendo de ese caballo damasceno, pues la autora es muy clara al respecto: “El presente libro no es un manual de instrucciones. Es imposible explicar cómo se escribe un buen libro, es decir, un libro que sea ameno. Pero esto es lo que hace que la profesión de escritor sea animada y apasionante: la constante posibilidad de fracasar.” Pero de inmediato aclara con generosa sinceridad: “Así pues, hablaré de mis fracasos tanto como de mis éxitos, porque puede aprenderse mucho de los primeros.” Sin embargo, tengo (temo) la íntima convicción de que este libro solo servirá a aquellos tocados con “eso” que tenía ella al escribir pues, como enseñó Kant en su momento, un genio sólo puede hablarle a (y ser entendido por) otro genio. Al resto apenas nos queda escucharlos dialogar y acaso recoger alguna migaja que pueda parecernos útil. Pero hasta eso será un tesoro para nosotros.

En once capítulos sin desperdicio, Highsmith nos lleva a través del proceso de preparación y escritura de una novela (“Suspense empieza desde el principio y va dirigido a los escritores jóvenes y principiantes, aunque, por supuesto, un principiante de edad madura también es joven como escritor”), y nunca deja de ser rigurosa en el orden que se ha trazado. Y como buena maestra, una de las primeras cosas que hace es definir el concepto fundamental de su libro: “(…) utilizaré la palabra suspense en el sentido en que se emplea en el mundo editorial: un relato en el que hay una amenaza de violencia y peligro, amenaza que a veces se hace realidad.”

De aquí en adelante, es al lector al quien corresponde ir recogiendo trucos, frases, estrategias que quizá le sirvan en el futuro, porque a veces una sola frase basta para entender, y más si la esa frase viene acompañada de humor inteligente y delicado, ese que se llama eutrapelia: “(…) lo bueno del género de suspense es que el escritor, si así lo desea, puede escribir pensamientos profundos y páginas sin ninguna acción física porque el marco es esencialmente un relato animado. Crimen y castigo es un espléndido ejemplo de ello. De hecho, creo que a la mayoría de los libros de Dostoievski se les llamaría libros de suspense si se publicaran ahora por primera vez. Pero, debido a los costos de producción, los editores le pedirían que los acortase.”

Como suele ocurrir que las prisas por ver la obra terminada nos empujan a ser más negligentes de lo que le conviene al libro, recomiendo con insistencia la lectura del capítulo nueve: “Las revisiones”, y recurro a la voz de la autora para hacer una severa advertencia: “Si un editor comenta que algo no queda claro –aunque sea algo que hayas escrito dos veces para que quede claro–, entonces no está de más que procures que quede aún más claro. Si no está claro para el editor, puede que tampoco lo esté para el lector.” Porque no son pocas las veces en que el escritor cae en su propia trampa argumental y trata de justificar lo injustificable, como el hecho de que el policía de tu historia tenga demasiadas buenas pistas y no termine de dar con el criminal; son, dice Highsmith, “problemitas mentales que tienes que resolver en casa, sobre el papel, trazando garabatos o anotando cosas que salen en el libro para ver cómo se pueden combinar para que encajen en el relato.”

Hace años que este libro me acompaña, como el Mientras escribo de Stephen King; y nunca han dejado de serme útiles, y por eso los recomiendo a cualquiera que quiera oírme: pero ojo, estos libros no son solamente para escritores de género, y Patricia Highsmith lo sabía: “Espero que haya algunos lectores del presente libro que no piensen ser escritores de suspense, sino sencillamente escritores, porque creo que gran parte de lo que he dicho es aplicable a la profesión de escritor en general”. Sí; cada escritor debe tener su enquiridión sobre el cual verter sus dudas, sus alegrías y sus frustraciones, y cada escritor va formando su propio manual, aunque no sea consciente de ello y aunque nunca mate a nadie –en sus historias.

 

SUSPENSE

Patricia Highsmith

Editorial Anagrama

Traducción de Jordi Beltrán

Barcelona, 1986