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21 crímenes de papel 11/21: Crimen y anillo de Moebius

El relato breve “Continuidad de los parques” fue publicado por primera vez en 1964, integrando la obra <i>“Final del juego”</i>, por la editorial Sudamericana en la ciudad de Buenos Aires

El relato breve “Continuidad de los parques” fue publicado por primera vez en 1964, integrando la obra “Final del juego”, por la editorial Sudamericana en la ciudad de Buenos Aires

En esta entrega de la serie que Juan Carlos Chirinos dedica al "suspense", 21 crímenes de papel, el relato breve de Julio Cortázar, “Continuidad de los parques” es su fuente para indagar en las incontables aristas que pueden descubrirse tanto en el escritor de “Rayuela” como en su cuentística

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Antes de descubrir quién era el asesino, porque estoy casi seguro de saberlo, pasé años leyendo y releyendo este brevísimo relato, rebañando sus secretos y aprendiéndome trozos de memoria, buscando las trampas que el autor había colocado allí, detrás de las palabras. Me impuse la tarea, para estudiarlo de nuevo, de hablar de él cada vez que diera una charla o un curso de narrativa policial o fantástica, o una clase de creación literaria; una copia del texto anda siempre en mis estanterías y en alguna carpeta de la computadora que esté utilizando en ese momento. Quizá porque obedece fielmente el consejo de Gracián (“lo bueno, si breve, dos veces bueno”), “Continuidad de los parques” es un cuento que se puede leer una y mil veces sin sentir que su materia narrativa se fatiga; al contrario, cada lectura abre nuevas posibilidades, cada lector tiene su propia opinión al respecto. Esto sin duda lo supo Julio Cortázar (Bruselas, 1914 – París, 1984); y yo imagino el placer que debió de sentir cuando puso el punto final y descubrió que había condensado semejante universo en solo dos páginas. Porque este relato, a mi modo de ver, se aproxima bastante a la perfección.

He discutido con amigos tan “cortazaristas” como yo sobre la obra de este escritor que pasó por el mundo como un cronopio gigante que se alargaba con los años y que tenía cara de axolotl. Discutimos sobre lo que hará permanecer a Cortázar dentro de cien años como uno de los grandes narradores de nuestra lengua. Será su novela mayor, afirman. Muchos la desprecian en la actualidad por envejecida, pero yo creo que Rayuela sorteará este circunstancial desdén y prevalecerá por encima de tanto libro inane como se publica y de tanto autor mediocre que ondea la bandera de la contemporaneidad en un asta de lugares comunes: para disgusto de su autor, esta novela compartirá eternidad, entre otras, con Misericordia de Benito Pérez Galdós, y sin duda es el pasaporte a la posteridad de Cortázar. Obra mayúscula, creo que aún no ha sido completamente leída y esa es la suerte que tienen los grandes libros: sus lectores no hemos curucuteado todavía en todos sus rincones. No obstante todo esto, no puedo soslayar sus relatos, varios de los cuales serán “carne de antología” para siempre: “La noche boca arriba”, “Las puertas del cielo”, “Carta a una señorita en París”, “Casa tomada”, “El perseguidor”, “El hijo del vampiro” y, con especial cariño, “Orientación de los gatos”. Y, claro, esta “Continuidad de los parques”.

La anécdota es muy sencilla, casi graciosa: un hombre se sienta, por fin solo en su casa enorme, a terminar de leer la novela que lo tiene absorbido y fácilmente regresa a la historia de los amantes que quieren huir para siempre. Embebido en esa lectura no se da cuenta –o se da cuenta demasiado tarde– de que él es la víctima que han de sacrificar para que el amor de los amantes de la novela triunfe. No se da cuenta porque está sumergido en la lectura: “su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba”. Sí, la “ilusión novelesca”, ese veneno que emboba a todos los lectores, es la culpable de que el protagonista olvide que cuando la ficción manda hay que tener mucho cuidado, pues es muy fácil caer en su trampa. (Hay un interesantísimo cómic de Mike Carey, The unwritten, que bucea en las infinitas posibilidades de la ficción como intrusa de la realidad: una historia que le encantaría leer a Cortázar –autor él mismo, por cierto, de un breve relato/cómic: “Fantomas contra los vampiros multinacionales”–). Y ese “irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba” del personaje protagonista es lo que le permite al narrador realizar la pirueta narrativa: con el lector que es víctima de lo que lee, que lee su propio asesinato, Cortázar traza una estructura anular en la que el relato y el discurso regresan al lugar de donde han partido: pero este ánulo no es uno cualquiera; se trata de un anillo de Moebius, esa banda por la que podemos caminar de un lado y del otro sin necesidad de dar saltos, en un continuo sin fin que desafía las leyes de la naturaleza. Para cuando el lector siga al asesino a través de la casa y llegue a las líneas finales (“nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela”), será demasiado tarde para comprender: el criminal ha pasado frente a sus ojos y no lo ha visto, ganado como está a la ilusión novelesca. Vuelva a leer: el asesino ha estado allí todo el tiempo. La magia de Cortázar lo mantiene oculto: es el micro crimen de la metaficción.

CONTINUIDAD DE LOS PARQUES

Julio Cortázar (Publicado por vez primera en Final de juego)

Sudamericana, 1964

Buenos Aires