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Como la niebla con olor a café colado, La Oculta, nueva novela de Héctor Abad Faciolince

“La Oculta” de Héctor Abad Faciolince

“La Oculta” de Héctor Abad Faciolince

“Es, a la vez, moderna, y muestra la grave fragmentación contemporánea antepuesta a la necesidad de unidad para poder mantener la herencia de los antepasados, espiritual y material”

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Los encuentros fortuitos casi siempre están cargados de una simpatía inicial que facilita la conversación y el intercambio. Esa tarde en Medellín, Héctor Abad Faciolince estaba en un trueque de libros, justo antes de ir a la piscina a hacer sus reglamentarias brazadas diarias que le mantienen ese tono de piel casi mediterráneo, en una ciudad sin mar.  Me lleva la amiga Mafer a saludarlo. Llegué con su nueva novela La Oculta. Me la firmó y preguntó por Venezuela. Me llamó la atención que sabe mucho del país y, después de una conversa sobre fincas, entre suaves modulaciones de voces antioqueñas y, no tan suaves,  caraqueñas, seguí mi paseo por la ciudad, queriendo ya ponerme a leer.  

Leí La Oculta en tres sentadas. La comencé esa misma tarde y la terminé poco después de mi regreso a casa. Me atrapó desde el primer momento. Siento que la novela es un homenaje a la tierra antioqueña, al campo fértil, a su montaña de niebla donde se da el más sabroso café colombiano.

Es, a la vez, moderna, y muestra la grave fragmentación contemporánea antepuesta a la necesidad de unidad para poder mantener la herencia de los antepasados, espiritual y material.

La Oculta es la finca de la familia Ángel y en ella ha transcurrido la vida de varias generaciones. A la muerte de la madre, Anita, las dos hijas, Eva y Pilar, y el hijo, Antonio, se reúnen en la antigua casona y sus voces comienzan a hilar la historia. En una narración a tres voces el autor explora la toma de conciencia de los cambios necesarios a los que la vida y las circunstancias empujan, cambios que implican, muchas veces, el sacrificio y la renuncia, no porque se deseen sino porque la misma vida los impone.

Antonio es el violinista mundano que vive en Nueva York. Sueña con regresar a la finca y vivir una vida idílica con su pareja masculina Jon. Es el guardián de la memoria. Hurgando en viejos papeles y en los archivos de Jericó reconstruye la génesis del pueblo, fundado por antepasados judíos y vascos, en una especie de experimento social que se basó en la repartición equitativa de las tierras y no en la tradición colonial de opresión y trabajo casi forzado del pobre.

Pilar es la guardiana de la finca. Remodela constantemente y se niega a vender y marcharse. Es la hermana más tradicional mientras que Eva es la liberal. Esta ha sufrido la violencia que impusieron los grupos armados que azotaron la región de Antioquia por muchos años. Eva es la mujer que huye. No se aferra ni a la finca ni a sus maridos. Representa el ser existencial en su más pura manifestación, sin ataduras ni pertenencias, sintiendo su plena realización en su libertad.

Los tres están al final de un ciclo: tienen que vender la finca. Mas el apego a la tierra hace imposible una ruptura fácil y sobreviene el dolor.

La Oculta es la historia de la fractura inevitable que marca los ciclos del tiempo. Al final, en una reminiscencia al talar de los cerezos chejovianos, los árboles de teca van cayendo bajo el peso de las motosierras, en los campos ya vendidos, y, en su caída, arrastran los sueños y las expectativas.

Actual y fresca, esta novela se cuela ligera como el olor a café en una mañana que despunta y llena de dorados y ocres el corredor delantero de una vieja casona de finca. Narrada con maestría y profundidad, la novela distancia del ajetreo citadino y mantiene en vilo al lector hasta que cierra la última página.