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El celofán de Aló, Ciudadano

Leopoldo Castillo, conocido como “El ciudadano” / Sandra Bracho. Archivo EN

Leopoldo Castillo, conocido como “El ciudadano” / Sandra Bracho. Archivo EN

El periodista Ramón Hernández escribe este libro a modo de larga entrevista. Fue publicado en 2015 por Libros El Nacional

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Entrevistar a un periodista suele ser complicado. Quien se sabe tranquilo tras un micrófono o una grabadora, a veces hasta insolente, puede tener algo de temor frente a quien lo interroga para que sea parte de una historia.

Leopoldo Castillo, abogado de profesión y periodista de oficio, se prestó al quemarropa que le infligió su colega Ramón Hernández y empezó a revelar detalles de unos acontecimientos que representan parte de la historia de Venezuela, y también parte de la historia del periodismo venezolano. No se trata de catalogar si el “Ciudadano” –como mejor se le conoce– hizo buen o mal periodismo, se trata de que su programa cambió el modo, los horarios, las maneras de entrevistar y de abordar el hecho noticioso diario en un país convulsionado por la crisis política que se suscitó a la sombra del chavismo.

Libros de El Nacional invita a “romper el celofán” de Aló, Ciudadano –uno de sus recientes títulos–, que presenta a modo de larga entrevista a este personaje que para los jóvenes era un desconocido y para los adultos era un rudo entrevistador de Venevisión; para otros –más versados en los asuntos políticos– fue quien fungió de canciller venezolano en los duros momentos de la violencia en El Salvador en los años ochenta.

Con su desparpajo habitual, el Ciudadano contesta a Hernández las verdades que conoció desde su trinchera del canal Globovisión. Su punto de vista puede ser relevante para aquellos que quieran reconstruir la historia de estos años aciagos de lo que algunos llaman revolución bolivariana. Castillo va dejando ver no solo lo que vivió en primera persona, sino también cómo va padeciendo las ausencias de sus seres queridos, la diáspora de miles de venezolanos, la decadencia de su país, la oportunidad perdida de su generación, lo difícil que –a su juicio– será levantar a Venezuela de estos años.

Cuando Hernández insiste en el tema de recuperar la democracia, el Ciudadano no deja de hacer varias veces la salvedad que esta nunca más será la misma Venezuela. Será otra, con nuevas élites, con venezolanos que viven una realidad diferente a la que vivió la generación el período democrático, pues tienen otras referencias.

No le quita el mérito que muchos le han dado a Hugo Chávez como gran comunicador, pero tampoco deja de quitarle responsabilidad por el presente que se vive, habiendo dejado en manos de Nicolás Maduro las riendas del país. Así mismo, va desempolvando duros episodios del pasado reciente y vertiginoso que le tocó vivir como ancla de un programa que –lo admita o no– fue haciendo opinión pública, especialmente en sectores de la clase media que no se veían representados por el gobierno.

Aló, Ciudadano es un libro interesante, que se parece a su entrevistado: rápido, cambiante, con muchas pinceladas de historia contemporánea. Un texto conveniente para entender mejor la realidad que aún se transita.