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En los caminos del abismo
(y III)

Poesía

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Sálvate

por ese derrotero

Yolanda Pantin, País

 

quizás no existimos ya,

pero aún no podemos darnos cuenta de eso

Luis Gerardo Mármol Bosch, Purgatorio

–Para empezar, no hay.

–La patria.

–¿Conspiran?

–Para la eternidad.

–¿Y esa tos?

–El cuerpo, pues.

–¿Miedo?

–Resaca, despecho bien abajo.

–¿Te vas?

–Sí, a los altares.

–¿Con quiénes?

–Con los vengadores.

–¿Tantos son?

–Viven todos en mi sistema.

–¿Ah, sí?

–Desde que la República nació.

–Algo pasó con la partera.

–Pobre. Ni los héroes fueron enterrados. Pero es que todavía se oyen a lo lejos muchos gritos y berridos entre los matorrales, sobre todo cuando pasa la lluvia y se alborotan las raíces. Pero creemos, creemos. Nos hincamos.

–¿Te oyen?

–Cuando rezo. Suenan, aparecen por montones.

Hablan desde un lugar borroso, opaco, mal sintonizado.

Solo yo puedo sentirlos, ¿estamos?

–Invítame a desayunar.

–Que no.

–¿Ya te habituaste a la servidumbre?

–Se vuelve bella cuando es voluntaria.

–¿Tanto así?

–Son esfuerzos históricos.

–Una pena.

–Es mi vida, mi lucha.

–Nuestra muerte, la de todos, ¿no te interpela?

–Ustedes la apresuran.

–Huele muy mal.

–Tanto da.

–¿No temes?

–Perdí el dolor. Perdí mi voz hace tres años.

Ahora solo me arrastro por los caminos. Muchos vivimos así.

Mejor no ver, mejor vivir como si nada, mejor irse.

–Tu jefe te ha donado cierta metafísica.

–Hasta eso le debo.

–¿Y no puedes retroceder?

–¿Puedo?

–Francamente, no.

–¿Tienes pal’ pasaje?

–Voy a piel.

–Los caminos están envenados.

–Hay espantos.

–Lugares que no se ven.

–Arden. Arden hasta los que andan más lejos.

–¿Y tú?

–Nada.

–¿Ni un parpadeo?

–Me olvidé de ti, alma.

–Frito estás.