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La bóveda celeste de George Steiner

George Steiner / Archivo

George Steiner / Archivo

Las cinco conferencias radiales agrupadas en Nostalgia del absoluto, de 1974, ahondan en la tensión entre el declive de las grandes religiones y el ascenso de mitologías alternativas (el marxismo entre ellas)

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Algunos ejemplos: En 1961 publicó La muerte de la tragedia, que podría ser el primero de sus inmensos trazos: un recorrido que despunta en Job y en Esquilo, y se proyecta hasta Brecht, con el propósito de desbrozar ante los ojos extasiados del lector, las razones de por qué el género de la tragedia desapareció. En el castillo de Barba Azul, de 1971, Steiner responde a los teóricos del fin de la cultura, formulando los enunciados de una postcultura (postmoderna) cuya relectura hoy conmociona por su vigencia.

Las cinco conferencias radiales agrupadas en Nostalgia del absoluto, de 1974, ahondan en la tensión entre el declive de las grandes religiones y el ascenso de mitologías alternativas (el marxismo entre ellas). Después de Babel fue publicado en 1975: se trata de una obra magna, dedicada a las tensiones entre cultura, lenguaje y traducción, imposible de sintetizar en dos o tres líneas, cuyo universo de referencias, conceptos y temas está al límite de lo inagotable (en mi opinión, en este libro se produce el salto que se anunciaba en La muerte de la tragedia: Steiner se expresa en un pensamiento exponencial: sus viajes se vuelven verdaderas exploraciones por las vastedades de las escrituras: a partir de Después de Babel, su capacidad de relacionar ideas, obras y autores, tanto en sus fórmulas más detalladas o en sus más altas dimensiones simbólicas, adquieren la categoría de gran arte).

De 1978 es el ensayo cuyo título habla por sí mismo de la ambición que lo suscita: Sobre la dificultad. De 1989, el que fue traducido a nuestra lengua como Presencias reales, donde se interna en la aspiración a la trascendencia inherente a todo esfuerzo estético. De 1996 es la colección de ensayos Pasión intacta, donde redimensiona las lecturas de Kafka, Simona Weil, Soren Kierkegaard, Shakespeare y otros, y vuelve a la cuestión esencial del lenguaje como vía a la trascendencia (en 1972 había publicado otra colección bajo el sugestivo título de Extraterritorial, que reúne ensayos dedicados a autores que han revolucionado en el uso de la lengua como Celine, Borges y Beckett).

Libros que ponen a prueba los límites entre los géneros; libros que superan los obstáculos de las clasificaciones; libros que transcurren por el espacio-tiempo de lo escrito, dando forma a una dimensión creativa propia; libros de escritura irrepetible (siento una extraña vergüenza cuando leo que a este autor lo presentan como crítico literario o crítico de la cultura); libros cuyos antecedentes nos remiten, no a autores, sino a bibliotecas enteras (quizás sean libros sin epígonos); pero sobre todo esto: libros que fundan una visión, un arte escritural (no un arte literario) que sobrepasa los campos temáticos y las ambiciones y se expande, en un personalísimo bingbang, hasta el punto de crear una bóveda celeste de la sensibilidad, resultado constatable de una fructífera vida consagrada a leer y a escribir.

Libros que alumbran el cielo: son, a la vez, núcleo, estela e irradiación; libros que cruzan el aire por rutas inéditas: a su paso, nuevas figuraciones de lo humano quedan incorporadas a la escena de la condición humana (quizás uno de los momentos más perturbadores de la producción de Steiner nos remite a una cabaña enterrada en la Selva Negra alemana, donde Paul Celan visitó a Heidegger en julio de 1967); libros cuyo trazo es simplemente incalculable: Gramáticas de la creación (2001), donde Steiner, el último Prometeo de lo sensible, sale a buscar los primeros hitos, los relatos fundadores, los gestos iniciales de la condición humana. Los logócratas (2003), libro de la generosidad, de los reconocimientos, de auscultación del propio pensamiento, del orgulloso nombrar a quienes han sido sus maestros. Lecciones de los maestros (2004): el gran magma desentraña los significados de la transmisión de conocimientos. Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento (2005), en cierto modo el arsmentem de Steiner, en el que afronta ese campo inextricable y minado donde el pensamiento se encuentra con el lenguaje y la gramática. ¿Y qué decir de Los libros que nunca he escrito (2008)? Un lujo desparramado en siete textos: una exaltación entre la angustia y el sosiego, entre el júbilo y la proximidad del capítulo final: una confirmación de que eso que llamamos impronta existe y se expresa de modo ejemplar en algunos hombres: quizás también una manera anticipada de despedirse: “Lo que yo propondría fervientemente es esto: la fe o la falta de fe es o debiera ser el elemento más privado, más discretamente protegido de la persona humana. El alma también debe tener sus partes íntimas. La publicación abarata y falsifica la fe de manera irremediable. El creyente adulto trata de estar solo con su Dios. Como yo trato de estar con su Soberana ausencia. Ya he dicho –he dejado de decir– demasiado”.

 

Por último

A ese impulso de la gran elipse, del trazo amplísimo que inventa su exclusiva manera de recorrer el mundo, se corresponde La poesía del pensamiento. En la instancia donde Giorgio Agamben se pregunta por la pregunta del “¿yo puedo?” (la potencia/impotencia del pensamiento) Steiner se interroga sobre el encuentro entre el pensamiento y la poesía, entre la poesía y el pensamiento. Bajo la apariencia de lo erudito, la indagación es la del asombro: si la creación poética es una experiencia de la más alta intensidad intelectual, el lenguaje de la filosofía es el lenguaje de la literatura.

Me serviré de sus propias palabras, cuando trae a Esquilo a la luz de su lámpara, para iluminar el propósito de La poesía del pensamiento: “La leyenda de suicidio, de su sandalia (¿de oro?) hallada al borde de un cráter, ha otorgado a esta presencia un rasgo de icono. Empédocles sigue siendo el filósofo-poeta celebrado en la poesía. Ningún documento de la mitografía del pensamiento, ninguna reconstrucción de la extrañeza y el aislamiento sacrificiales de la creatividad intelectual supera las tres versiones de La muerte de Empédocles, de Hölderlin. Los comentarios sobre este texto sobresaliente constituyen por sí solos un género metapoético y metafilosófico. Todas las cuestiones que trato de aclarar en este ensayo están expuestas en Hölderlin”.

A lo largo de doscientas páginas repletas de documentación sensible, George Steiner traza afinidades, genéticas de proximidad, pistas que pueden rastrearse de la sensibilidad filosófica en los grandes poetas (Borges entre ellos) y de la sensibilidad poética en los grandes pensadores (Galileo y Freud entre ellos). El mapa que dibuja, posiblemente es el primero de una aspiración que va de Grecia a Paul Celan. Si George Steiner nos incita a preguntarnos “cuánto puede leerse en una vida”, porque la suya parece ubicada en el extremo más alto de cualquier respuesta posible, varios de sus libros parecen llamarnos a un horizonte más hondo y más lejano. De Después de Babel proviene la pregunta de si hay un lenguaje que pueda llevarnos más allá del lenguaje. De Gramáticas de la creación proviene la interrogante de si la pesadumbre de la condición posmoderna nos permite la potencia de volver a comenzar. De La poesía del pensamiento se levanta la pregunta de si lograremos sobreponernos a la dictadura de lo efímero. Preguntas de sentido. Preguntas entre las preguntas. Preguntas dirigidas a la inteligibilidad del mundo.

 

 

La poesía del pensamiento. Del helenismo a Celan

George Steiner

Ediciones Siruela

España, 2012