• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Con la boca llena de dinero

El gran Gatsby

El gran Gatsby

En El gran Gatsby, el consumo, el Sueño Americano y Daisy Buchanan escriben la tragedia de Estados Unidos: una sociedad de individuos marcados por el propósito de acumular dinero. El paso de la más reciente película de Baz Luhrman por el cine nacional pone en boga la novela publicada en 1925, si bien el filme, que costó 104 millones de dólares realizar, ha tenido mala crítica, los planteamientos de la novela sobre un hombre que intentó comprar el amor siguen vigentes

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Durante los primeros veinte años del siglo pasado, Estados Unidos tuvo un desarrollo económico como en ningún otro período de su historia, dejando atrás su condición de antigua colonia británica para colocarse en la lista de potencias mundiales. Apuntalado por el impresionante desarrollo industrial que siguió al fin de la Guerra Civil (1865), el país entró a la década de los años veinte, los Golden Twenties, en la cual se disparó el consumo y la sociedad comenzó a afianzarse como una definitivamente urbana. El gran Gatsby (1925), la segunda novela de Francis Scott Fitzgerald, es la obra capital de esta época, la Era del Jazz, que en lo cultural representó la entrada de las vanguardias. Sin embargo, si esta novela se mantiene casi un siglo después como una obra central de las letras estadounidenses (diría que también mundiales) es porque la densidad de su simbología muerde el mito fundacional del país: el Sueño Americano.

Si bien el enigmático Jay Gatsby es un personaje trágico porque su obsesión por enriquecerse busca agradar a Daisy Buchanan, la mujer que al final lo desdeña, es la caracterización de esta mujer la que puede decirnos más de los (inconcientes) fines moralizantes de Fitzgerald con la obra. Además de su pelo rubio, su seductora voz es el único atributo físico con el cual se la describe. Para Gatsby está “llena de dinero” y Carraway piensa que su atractivo inacabable estaba en “la seducción que subía y bajaba allí su cascabeleo, su música de címbalos”. Incluso, durante el primer encuentro entre Gatsby y Daisy, Carraway relaciona el enamoramiento del protagonista con la entonación que ella usa: “Creo que esa voz los apresaba con su fluctuación, ardor febril, porque no podía soñarse demasiado; esa voz era una canción inmortal”.

A pesar de que Daisy es el epítome de la flapper y, por ende, es evidente su identificación con el arquetipo de la femme fatale, al describir su voz como “llena de dinero” se la acerca a una sirena, cuyo canto suena a monedas. Allí hay una díada indivisible entre mujer y riquezas cohesionada por la fuerza del deseo de Gatsby, con lo que Fitzgerald desafía el Sueño Americano, o el convencimiento de que todos los habitantes de Estados Unidos, sólo con trabajo y determinación, pueden lograr sus objetivos de vida, mentalidad que enmascara el vano propósito de acumular dinero.

Es evidente que el arquetipo que subyace debajo de las figuraciones de Daisy es el de la femme fatale: la bella mujer demoníaca que seduce a Gatsby a través de la idea de que puede ser comprada, convirtiéndolo en un caza-fortunas al que abandona cuando descubre que si se escapa de su matrimonio para reunirse con él, perdería su status social.

“—Ahora te amo a ti. ¿No es eso suficiente? No puedo cambiar ya lo que ocurrió en el pasado –dijo, y comenzó a llorar desamparada– yo lo amé una vez, pero ahora te amo a ti también.

Los ojos de Gatsby se abrieron y se cerraron.

—¿Tú me amas, también?, repitió.

—Incluso eso es mentira, [dijo Tom Buchanan]. Hay asuntos entre Daisy y yo que tú nunca sabrás, cosas que ninguno de los dos puede olvidar nunca.

(...) Las palabras parecían morder físicamente a Gatsby”.

La cita es suficiente para consagrar a Daisy como una femme fatale, pero una especialmente marcada por su avaricia e indiferencia. En el último capítulo del libro, Carraway se refiere a ella y a su esposo como “gente descuidada”, al señalar que “reventaban las cosas y a las criaturas para luego meterse dentro de su dinero o su vasta despreocupación, o lo que sea que era aquello que los mantenía juntos, mientras otros venían a limpiar el desastre que ellos dejaban”.

 

Voz: el canto de sirena

Un ensayo de Glenn Settle, profesor del Bethany Bible College, titulado “Fitzgerald’s Daisy: The Siren Voice”, señala que la alusión a la voz de Daisy como el elemento central de su descripción permite leerla como una sirena clásica. En la antigua Grecia, estas eran tres ninfas acuáticas que seducían a los marinos con su canto. Hasta que Hades raptó a Perséfone, ellas eran sus doncellas y después, Démeter las hizo mitad pájaro para que ayudaran con su búsqueda. Eventualmente se cansaron de la pesquisa y se mudaron a una isla. Por su leyenda, se asocia a estos personajes mitológicos con dos atributos, uno físico y otro psicológico: el mar y la seducción.

Otros dos argumentos expuestos en el ensayo publicado en la revista académica American Literature de 1985 reforzaban la identificación de Daisy con una sirena. El primero compara la vida de Gatsby y su surgimiento desde la pobreza con el viaje heroico de Ulises en La odisea. Y el otro señala que el apellido de soltera de Daisy es Faye, que en inglés significa “hada de las flores”. Faye, a su vez, podría relacionarse con el nombre de la Isla de las Sirenas en el poema épico atribuido a Homero: Anthemocsa, que al inglés se traduce como flowery, o floreado. Cierto que parece rebuscado el razonamiento, pero de detalles como estos surgen los grandes hallazgos académicos.

El canto de las sirenas representa en la mitología griega, la seducción y más propiamente una forma de hechizo que intenta apartar al hombre de su ruta. Según La odisea, los marineros, al escuchar el seductor canto de estas criaturas, quedaban tan abrumados que estrellaban sus barcos. La comparación de la voz de Daisy con la de una sirena a través del atributo de que estaba “llena de dinero” agrega una dimensión adicional a su caracterización como femme fatale, que el personaje femenino también un símbolo del dinero; la obsesión sin tregua de Gatsby.

 

El dinero: una institución

Que al único atributo físico de la protagonista de El gran Gatsby, se le caracterice con el “tintineo” de las monedas permite la entrada al mundo psicológico de Daisy. Uno que tiene la profundidad de la vanidad y que está construido sobre la certeza del papel que le toca jugar en la sociedad. Ella misma gusta de su imagen de seductora, hija digna de la Era del Jazz que multiplicó la imagen de la flapper: el epítome de la “nueva mujer” consagrada a principios del siglo XX como el mito estadounidense de la sociedad avant-garde, también identificada con la femme fatale. “Yo seré el hombre fumando dos cigarros”, dice a su esposo antes de salir del cuarto de hotel donde se habían reunido los cuatro. Esto la viste con características masculinas, a la usanza flapper, pues en épocas más conservadoras se consideraba un tabú que las mujeres fumaran. Aquella mujer inhalando tabaco de dos cigarros está no sólo absorbiendo la virilidad de Gatsby, obsesionado con su belleza y su riqueza, sino también la de Tom, su marido.

La frase aparece unas líneas después de que el narrador explique que “la palabra ‘sensual’ tuvo el efecto de incomodar a Tom”, lo cual apunta a la conservadora moral de Buchanan. Así, si El gran Gatsby desafía la doble moral de la sociedad estadounidense, cuyas clases pudientes, aunque quisieran mantenerse en la cresta de la ola vanguardista son profundamente conservadoras. En el desenlace del argumento, queda más en evidencia el conservadurismo radical del esposo de Daisy:

“—¿Autocontrol?, repitió Tom, incrédulo: Supongo que está de moda sentarse y dejar que un Don Nadie de Ninguna parte le haga el amor a tu mujer. Bueno, si esa es la idea, me pueden dejar de lado (...) hoy en día la gente comienza por burlarse de la familia y las instituciones familiares y lo siguiente será botar todo por la borda y permitir el matrimonio entre blancos y negros”. Estas palabras, dichas por un hombre que representaba el status quo, evidencian que su sociedad continuaba siendo aún muy conservadora, pues a pesar de que el mismo Tom tenía una amante y otras compañeras sexuales que su esposa conocía, la sociedad todavía estaba construida sobre los paradigmas masculinos que relegaban la sexualidad femenina liberal a poderes malignos.

El poder de encarcelar emocionalmente a su amante es el elemento central de esta femme fatale, cuyo oscuro apetito sexual drenó la independencia de Gatsby, convirtiéndolo en la carcasa del hombre que una vez fue. Esto, sin embargo, no se debe sólo a su vanidad y avaricia, sino a que eran justamente estos atributos los que seducían a Gatsby. Así, el hombre que realizó el sueño americano desde el centro corrupto de los también conocidos como Los Locos Años Veinte no estaba tan interesado en el amor romántico de Daisy, sino que el fuego que avivaba la llama de esa pasión era la promesa del reconocimiento social que acompaña al enriquecimiento personal en una sociedad pujante como era la estadounidense a principios del siglo XX. Y fue esa obsesión por el dinero la que lo perdió, como a muchos de sus compatriotas desde los años veinte hasta la fecha. Daisy Buchanan, la sirena cuya voz tintinea como las monedas, fue apenas una herramienta para construir ese fracaso.