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En la boca de la ballena

Carlos Castillo, creador integral

Carlos Castillo, creador integral

Carlos Castillo es un creador integral y fue pionero del formato Super8 en Venezuela. Llevó a cabo la primera videoescultura realizada en el país bajo el título La bandera (1983). A pesar de una producción artística sin pausas desde los años 70, su primera individual fue en el año 2010 en La Caja del Centro Cultural Chacao

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ESCENA 1. EXTERIOR. CALLE EN PRADOS DEL ESTE / 4:25 de la tarde. Lorena llega a la casa de Carlos Castillo. Al bajarse del carro chequea el agua. El tanque está vacío. Toca el timbre de la quinta Varon. Las nubes anuncian tormenta. Carlos abre.

— ¿Tú tienes carro?

—Sí, pero se le acaba de vaciar el tanque y se recalienta. ¿Por qué, qué paso?

—Es que tengo que buscar unos exámenes y mi carro tiene el aire malo, a ver si nos íbamos en el tuyo. Pero ni modo, vamos antes de que llueva. Allí conversamos.

ESCENA 2. EXTERIOR. ROAD MOVIE DESDE EL CARRO / Van por la autopista de Prados del Este vía La Trinidad. Hay calor, el ambiente es denso.

—Cuéntame de que se trata…

—Tú sabes que desde hace algún tiempo estoy revisando…

En la vía irrumpen los acontecimientos perdidos y las imágenes hieren solas. Carlos nombra a Solveig Hoogesteijn y lo que hablaron a partir de la revisión curatorial sobre video arte que hizo Emilio Narciso en Los Galpones. Llegan.

—Espérame aquí.

La cámara se queda en el mismo lugar. González repasa lo sucedido. Su carro malo, el del cineasta sin aire, exámenes por esperar, incertidumbre, obstrucción, olvido, lo acostumbrado. Carlos regresa y parten.

—El tema me preocupa porque un artista me dijo que a él le parecía que el video arte en Venezuela estaba atascado en la cámara fija. ¡Imagínate tú! Cuando tú mismo lanzaste hace 20 años una cámara desde el piso más alto de Parque Central para Intento de vuelo fallido, ya se dijo bastante sobre ese punto. Lo otro es la torpeza de creer que una cámara fija es insustancial. Hay un video de Jaime Castro que es una bandera ondulando y el movimiento es significante por la inmensa cantidad de postproducción que el resultado demanda.

—Es una mala visión del asunto. En Diego Rísquez, quien es de nosotros el que más ha usado la cámara fija, ese sitio era un gran recurso visual. ¿Tú sabes cuál era el eslogan de Diego?

—No.

—Era una cosa bellísima. Él decía: ¡Luz! ¡Cámara!... ¡Nadie se mueva carajo!

Risas. Pausa larga. Se ve la ciudad.

—¿Dónde nos quedamos estacionados Carlos? ¿Dónde se pasmaron esas circunstancias de la investigación, el disfrute experimental, el estudio? Para muchachos que tienen ahora 28 años no existe casi nada…

Se ve la ruta. En especial la rasgadura del asfalto.

—Nada…Fíjate que uno de los cortos más importantes que yo hice fue T.V.O en el año 79. A nivel tecnológico era una referencia. Cuando Nela Ochoa lo vio me dijo que había encontrado el eslabón perdido…

Suena el celular.

—Aló. Estoy llegando…voy por la Paso Real.

Cuelga. Comienza a llover.

—Ajá… me decías que Nela había encontrado un eslabón…

—¡El eslabón perdido que era yo!

—El eslabón perdido ¿entre qué?

—¡Entre el cine y el video! Porque el cine era un acercamiento distinto y aquí nadie tenía video, no había información de lo que pasaba afuera. Y nosotros hacíamos cosas increíbles pero en Super8. No tener las herramientas nos dio una libertad total y el público lo aceptó porque era un formato conocido. El video era una cosa rarísima.

El carro se estaciona frente a la casa. Llueve a cántaros. En la puerta está su cuñada, trae una sopa para la esposa. Entran.

 ESCENA 3. INTERIOR TARDE / 4.58 pm. SALA DE LA CASA DE CARLOS CASTILLO.

Se sientan. La sala está repleta de las obras de los amigos, piezas de Jason Galarraga, Antonio Lazo, Sigfredo Chacón… González revisa un libro de Hundertwaser’s que está sobre la mesa.

—Eso lo conseguí de una manera curiosa. Siempre estoy cazando peroles por ahí. Una vez vi en la basura dos gráficas y las traje para mi casa. Estando en Miami me encuentro el catálogo donde están las obras. El tipo es un duro, técnicas sofisticadas, colores, repujados, es una maravilla.

Suenan truenos. González revisa el catálogo. Se abre la página 56. Aparece una gráfica sobre fondo negro que dice: “NO RELIGION /NO SOCIALISM/ NO DOGMATISM/ BRING US CLOSE TO PARADISE ONLY CREATIVITY DOES”. Carlos la saca de su repentino aislamiento.

—Mira en lo que estoy: La Diana. Un manejo de la imagen donde te despojas de todas las formalidades de la fotografía digital. Tengo siete lentes, incluso realiza capturas que repiten el principio de la cámara oscura. Estoy analizando resultados…

—¿Cómo surgió esa necesidad de la imagen?

—Cuando estudiaba tercer grado hice un portalápices de madera con una pintura de la corrida de toros a la que me había llevado mi padre. Es la primera vez que reproduzco un evento que me sedujo por la emoción. Desde ese día no he vuelto a desvincularme. Mi papá influyó mucho. Le gustaba hacer películas a lo Méliès. Un día agarró un pollo y lo guardó. Soltó maíz y lo grabó en cenital mientras el pollo enloquecido devoraba todo y puso la película al revés. Con ese background no era nada extraño lo que me iba a pasar…

—Pero ¿qué estudiaste?

—Soy diseñador industrial del Instituto Neuman, pero eso fue después. Cuando me gradué de bachiller comencé a hacer esculturas con chatarra. Así conocí a Fernando Irazábal quien me pidió que lo ayudara a soldar. Un día me dijo: ¿y por qué no haces tu propia obra? Hice dos y las mandamos al Salón Oficial. Fue atómico.

—Ese salón fue en el año…

—En el 70, creo. Déjame buscar la referencia.

Se dirige al estudio. Hay archivos, piezas, fotografías, carpetas. El papel del Salón no aparece.

—Tengo un dejavú… Creo que la otra vez que viniste pasó lo mismo, me puse a buscar algo que quería mostrarte y nunca apareció. Nos quedamos hablando de lo que brotaba.

Sigue buscando. Se escucha el sonido del papeleo. Ya no llueve.

—¿Cuántos años duró el festival de Super8?

—14 años, primero con los Neri y luego con mi esposa Lissette Ravard y yo.

—¿Y dónde está la documentación? ¿Esas películas no se guardaron?

—Tengo como 150… Era una época muy próspera.

—¿Qué piensas del nuevo aire que está dando la Villa del Cine?

Deja de buscar el papel y regresa al sofá.

—¿Un nuevo aire? ¡Es una ventolera! Hay un dineral produciendo películas.

—¿Y qué te parece?

—Bien, pero habría que saber cuántos proyectos han rechazado por tener una connotación política. Yo me negué. Porque el día que hiciera una película y me llamaran por teléfono para decirme: “Mire señor Castillo, el domingo hay una cosa presidencial y usted tiene que estar ahí. Sabemos que tiene 15 años intentando hacer una película y lo rechazaron en Foncine, y ahora con la revolución sí…”. Pues no quiero ni pensar lo que podría suceder en mí ese día. Por lo tanto, no me arriesgo.

—Lo que me angustia es no ver películas directamente controversiales como pudo ser la producción de Chalbaud en los occhenta. Hay películas venezolanas que tocan los problemas del país y reflejan una realidad compleja, pero golpes directos como Cangrejo no existen.

—Claro. Fíjate que en contrapartida a esa necesidad de presupuesto la gran ventaja del Super8 es la economía. Nunca le pedí dinero a nadie para hacer mis películas y eso es sinónimo de libertad. Yo soy mi propio límite. Hice piezas estelares, otras con las que no pasó nada. Pero las vuelvo a ver y encuentro un camión de audacia, de autonomía verdadera, de riesgo sin concesiones.

Ambos coinciden en que ser militante coacciona; no puedes señalar en el momento indicado. Cuando habla, Carlos lo hace con sonoridad, gesticula la imagen, repiquetea.

—¿Y el performance?

—El performance aparece cuando dirijo el festival pues salgo de concurso. Ya había hecho El pájaro bañista en Alemania. Era una bañera donde estaba oculto mientras una proyección sobre la espuma reflejaba mi cuerpo bañándose. En la filmación hay un momento en que salgo y en ese instante rompo el papel desde abajo y ¡Raaaaa!, aparezco desnudo. No se me borra la impresión de las personas ante una imagen que de pronto está viva. Allí empezó todo, en cada opening hacía un performance: Los cuchillos, Bienvenidos al color, Reverón…

—Pero siempre hay un punto crítico, tiene tu imagen un eco desestabilizador.

—Sí… ¿Sabes que Fernando me invitó a exponer en un aniversario del Techo? Eso era candela frontal contra el gobierno. Hice una pieza en hierro que se llamaba La boca de la ballena

Con la mención de los balleneros cae una lluvia torrencial. Ambos piensan en las ruinas actuales, la apatía, las negociaciones de turno.

—Desde esa época existió la semilla de fijar una posición frente a las cosas. Con Hecho en Venezuela en 1977 tiré el resto, allí está todo lo que cuestiono. En las artes visuales entendí que no se puede hacer un arte comercial y entre comillas, las obras tienen que manifestar compromiso desde la metáfora, porque sino caes en lo complaciente.

El agua se ha filtrado y les llega hasta los pies. La conversación se interrumpe. Salen coletos, tobos, escobas… los truenos no paran. Saltan. Ríen mientras solucionan.

 ESCENA 4. EXTERIOR NOCHE / 8.15 pm. Carlos carga de agua el tanque de González. Está oscuro y ya no llueve. Se despiden. Lorena González arranca en su carro pensando en los líquidos que fluyen, en la felicidad de una vida que cursa por los tranquilos conductos de una honestidad sin deudas. A lo lejos retumba, ya sin diluvio, el golpeteo voraz de una ballena sonora.