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La bitácora urbana de Lesbia Quintero

 La bitácora urbana  de Lesbia Quintero

La bitácora urbana de Lesbia Quintero

La escritora nos presenta su primera novela Bitácoras ignotas, en la que se registran algunas miradas de los últimos tiempos de esta convulsionada Venezuela, desde un enfoque urbano pero, a la vez, inserto en una trama intimista.

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Carl Gustav Jung Lesbia Quintero nos presenta su primera novela Bitácoras ignotas, en la que se registran algunas miradas de los últimos tiempos de esta convulsionada Venezuela, desde un enfoque urbano pero, a la vez, inserto en una trama intimista. Bitácoras ignotas es una novela del espíritu, enmarcada en una supuesta revolución que se identifica con trapos rojos. En una abominable editorial donde trabaja Susa, la protagonista.

Ella decide viajar en su blog y se inventa un alter ego: Mila, personaje en el que Jesuita proyecta sus sueños.

En esta obra tan contemporánea, observamos la transmisión de contenidos colectivos que provienen del inconsciente de todo un pueblo. Pueblo que luce decadente en su infraestructura económica, político, social y en su cultura, lo cual prescribe el encuentro con la sombra, con lo oscuro de un pueblo, y del sí mismo, produciendo miedo, estados de angustia y desespero ante la inseguridad generalizada.

A través de sus personajes, la autora recrea el encuentro consigo misma, y esto hace que la novela se sienta en algunos momentos autobiográfica, sin serlo del todo, aunque Lesbia Quintero ha contado en algunas entrevistas que tomó experiencias de personas que le narraron sus anécdotas.

Hay algo en ese país habitado por los personajes que no se comprende totalmente, o ellos no lo comprenden, y tratan de interpretarlo. Quizá por eso algunos personajes (si no todos) son intelectuales, profesores universitarios, estudiantes de postgrado, trabajadores de editoriales y periodistas, entre otros.

El ambiente donde se desenvuelven los personajes es un país en decadencia, esto me remite a Sigmund Freud, quien señaló la existencia de restos arcaicos y formas funcionales primitivas en el inconsciente. Esos elementos están aflorando en la conciencia de la masa, afianzado por las capas dirigentes para su propio beneficio, según la interpretación que se desprende de Bitácoras ignotas. Carl Jung plantea que "el alma es un nido de demonios", este postulado se refleja en la novela desde el principio hasta el final, como algo denso, oscuro, nauseabundo, algo que invade hasta las instancias más íntimas y se expresa en lo incomprensible de la impunidad, de la criminalidad que produce un auténtico miedo que recorre Bitácoras ignotas.

Los personajes de Lesbia Quintero tratan de esclarecer intelectualmente el llamado proceso que nadie sabe explicar qué es. Con la intuición que caracteriza a los escritores, la autora asoma una explicación a esto, cuando Rodrigo dice respecto a su padre: "--Pobre viejo, se dejó embaucar con ese discurso copiado de modelos anacrónicos que ya no dicen nada. No acepta que el comunismo es el fracaso histórico más grande de la humanidad...". Más adelante, el mismo personaje piensa que "el comunismo hacía esfuerzos para resucitar y devenir en comunismo del siglo XXI". Rodrigo piensa que "la promesa socialista es un artilugio para entrampar al pueblo, como se ha hecho en otros países", por "hierofantes ideológicos del pasado", por un "comunismo antediluviano".

La reflexión interna de los personajes es sobre su vida en esta tierra sometida a esa especie de dogma que es el proceso, porque el común de la gente cree en él sin saber exactamente qué es. Esta es una tierra llena de peligros e inseguridad, incluso cuando la protagonista toma un baño, pues no sabe si se le va a ir el agua y quedará enjabonada. Susa se dice a sí misma: "--Llego a casa y me doy una ducha. Si hay agua, claro, --se corrigió--. Si no, totuma, balde y tres minutos para terminar".

Baño con totuma como hacían antiguamente, cuando no había servicios sanitarios, pero ahora es recomendado por el mandatario de turno sin siquiera sonrojarse por ello, ni sentirse aludido en su responsabilidad. Los apagones de luz son tomados en cuenta para afianzar o recrear la inseguridad que estamos viviendo los habitantes de este país. Esto hace que la trama a veces transcurra en penumbras o en absoluta oscuridad, como aquella noche en que Álvaro y Susa se separan para siempre: "pensó en abrazarla justo cuando un repentino apagón los sorprendió. Se sobresaltaron, y dirigieron sus miradas al mismo tiempo, hacia la ventana. Afuera todo estaba sumido en una oscuridad tenebrosa que hacía ver los edificios como inmensas moles negras.

Un cacerolazo llenó el ambiente con fuerza y rabia. Mucha gente comenzó a gritar obscenidades contra el Presidente, era un aullido colectivo que producía terror".

Lesbia Quintero dibuja con acertadas palabras el entorno de los personajes, palabras que muchas veces hieren porque toca el sentimiento común que estamos viviendo hoy en día los venezolanos, pues esta es una novela que sentimos muy real, concreta, urbana.

También se puede analizar esta obra desde el punto de vista de lo que Freud llama la novela familiar, porque inconscientemente, o no, la estructura de la familia de la protagonista está presente en la madre moderna profesional, sin mucho tiempo para atender a los hijos. Cada uno habla desde sí para integrar las voces de esa familia venezolana, carcomida hasta por los enfrentamientos ideológicos, como en el caso de Rodrigo y su padre, o en los encontronazos de Karla Sofía, la emancipada, y su familia que decide emigrar hacia el Norte ante tanta inseguridad. Las empresas de su padre serían expropiadas aunque funcionan bien.

Desde mi lectura he podido ver la estructura familiar actual, más que todo de la capa social media, enclavada en los claustros universitarios. En este aspecto, Bitácoras ignotas también recrea el ascenso social desde las capas depauperadas de la población, esto lo observamos en Álvaro, quien proviene del interior del país y llega a graduarse en la universidad, porque su tía siempre insistía en que tenía que estudiar para poder ser alguien en la vida."--El que no estudia en esta vida se convierte en bruto como tu papá, o en una infeliz como tu mamá..., o como yo".

Al final nos quedamos impresionados ante tanta desidia, no se puede comprender que un país se esté desangrando deliberadamente, como dice la autora citando a Bakunin, un anarquista comunista que plantea el concepto de tierra arrasada: acabar con todo para que pueda surgir lo nuevo.

¿Qué es lo nuevo? ¿Acaso el llamado proyecto país o proceso? En la página 228 de Bitácoras ignotas, el profesor universitario Emilio Celli (seguidor de Mijaíl Bakunin) trata de captar adeptos, especialmente al brillante Rodrigo ­uno de sus ex alumnos­ pero este lo contradice diciéndole: "Sueños del pasado, fantasmas ideológicos que no aportarán ninguna solución al caos social del país".

¿Anarquía en un país de por sí anárquico? Un país en el que la anarquía mantiene en estado de alerta y bajo amenaza a sus habitantes que sienten que el peligro los acecha.

Entiendo algo del proceso cuando leo en El proyecto Espartaco de Bakunin, acerca de la bandera SocialistaRevolucionaria que, para él, "está grabada con letras orgullosas y sangrantes...

Destrucción de todos los Estados, aniquilación de la civilización burguesa, y etc.". Liquidar el Estado, la Iglesia, las instituciones en general. Debo confesar que me quedé impactada ante tal interpretación, porque es muy acertada para explicarnos, aunque sea mediante la ficción, lo que está ocurriendo actualmente. No me queda más que felicitar a la autora por la creación de esta obra que muestra sin hipocresía, y sin lenguajes pacatos, la crudeza y la realidad de una verdadera novela urbana. No me queda duda de que Bitácoras ignotas quedará como un testimonio de estos aciagos años, de este comienzo del siglo XXI.