• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

A casi 60 años de Venezuela en la Bienal de Venecia

A casi 60 años de Venezuela en la Bienal de Venecia / Graziano Gasparini

A casi 60 años de Venezuela en la Bienal de Venecia / Graziano Gasparini

Alrededor de seis décadas de participación de Venezuela en una de las confrontaciones de arte contemporáneo más importantes del mundo, la Bienal de Venecia, registran una historia en la que han desfilado grandes del arte venezolano. La propuesta más reciente pareciera querer ignorar estos antecedentes

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Inicios

Desde 1954 Venezuela se integra en la Bienal de Venecia. Este inicio lo determinó la edificación del pabellón nacional dentro de los Giardini venecianos. De estos tiempos data una movilización de gestores culturales y gubernamentales interesados en apoyar el renombre de Venezuela, al menos en este caso, desde las representaciones artísticas. Con justificación podríamos regodearnos de que tenemos una historia inicial calzada en enormes y concretas bases que nos hacen, quizá, veteranos en el evento: estuvimos entre los primeros latinoamericanos en mostrar el arte local en esta confrontación. Además, junto con Brasil, fuimos los primeros de nuestro continente en poseer pabellón propio.  

Quien dio los primeros pasos para que Venezuela ingresara a la Bienal de Venecia fue el historiador veneciano Graziano Gasparini (hoy día radicado en nuestro país. Atesora una marcada trayectoria investigativa en Venezuela). En 1948 pisó estas tierras para ejecutar una importante encomienda asignada por el presidente de la Bienal, Rodolfo Pelluchini: venir a Venezuela, Colombia y Curazao para incentivar la participación en 1950. Fue hasta entrado el mandato de Marcos Pérez Jiménez cuando uno de sus ministros, primero de Educación y luego de Relaciones Exteriores, José Loreto Arismendi, le confirma la asistencia de Venezuela. En respuesta y motivado, Gasparini acude a su profesor y amigo, el arquitecto veneciano, Carlo Scarpa para que proyectara el pabellón venezolano.

Este edificio se construyó entre 1954-55, en medio de las sedes de Suiza y Rusia. La historiadora del arte Bélgica Rodríguez, –curadora en la Bienal de 1982 con la obra de Alejandro Otero–, en su libro Venezuela en la Bienal de Venecia (1954-1982), describe el pabellón así: “La originalidad de Scarpa radica en haber jugado con los dos cuerpos del edificio (…) el tercer ambiente, la sala de los dibujos según la destinación original, parece (…) un momento de tranquilidad y de descanso”. 

Para la Bienal de 1954 al pabellón, aunque estaba casi listo, faltaba afinarle destalles así que se inaugura dos años después al recibir oficialmente las obras de la delegación venezolana. El primer comisario fue Graziano Gasparini, quien envió una colectiva que incluía a Armando Reverón, Alejandro Otero, Francisco Narváez, Armando Barrios y donde Venezuela fue doblemente premiada: Héctor Poleo por la obra Barlovento y Gasparini por Pueblo. Así pues comenzamos a habitar un espacio importante dentro de este circuito de arte con una participación casi ininterrumpida. La Bienal de Venecia para el mundo artístico venezolano ha significado un bastión que, a pesar de las eternas polémicas, ha legitimado en espacios nacionales e internacionales determinados lenguajes plásticos venezolanos así como ha articulado discursos curatoriales importantes.

 

Appasionata Competenza

Entre las búsquedas de la Bienal de Venecia destacaba “la elevación de la cultura y del gusto por el arte y por su valoración”. Nuestro país, por su parte, se mantuvo constante en ello.

En un principio se caracterizó por enviar muestras colectivas, sin embargo, esto cambió en 1968 cuando se exhibe la primera individual con la obra de Marisol Escobar bajo la curaduría del maestro Carlos Raúl Villanueva.

Repasando este escenario inicial es posible percatarse de la grandeza de los nombres que nos han representado como nación productora de discursos de arte. Gasparini, Alejandro Otero, Armando Barrios, Villanueva, Oswaldo Vigas, Clara Diament Sujo, Anna Gradowska, María Elena Ramos, –y un injusto etc.– para mencionar intervenciones curatoriales. Y Virgilio Trompiz, Mateo Manaure, Carlos González Bogen, Régulo Pérez, Rafael Monasterios, Oswaldo Vigas, Jesús Soto, Mercedes Pardo, Carlos Cruz-Diez, Roberto Obregón, Miguel von Dangel, –y otro injustísimo etc.– son algunos artistas que han conformado la delegación venezolana.

 

Eternas querellas

Esta historia no siempre ha sido tono rosa. Ha estado minada de discusiones y denuncias en torno a los criterios de escogencias de los artífices y al “enorme” desembolso económico que significaba para el país las reiteradas restauraciones del pabellón.

1984. Carmelo Niño, Angel Peña y Henry Bermúdez fueron los artistas designados y Rafael Pineda el curador. Además, Venezuela cumplía treinta años participando y la idea era celebrarlo con una monumental restauración del pabellón: al estar destinado exclusivamente para el fin expositivo, de manera bianual, el resto del tiempo estaba desalojado, por lo que su destino era el constante deterioro.  No obstante, por órdenes del Ministerio de Cultura la participación de esta delegación fue cancelada tras alegar carencia de presupuesto. Varios intelectuales se opusieron a esta decisión, entre ellos Mateo Manaure como presidente de la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos (AVAP) y el arquitecto Domingo Álvarez, quien señalaba que la solución residía en una acción bilateral entre los gobiernos venezolano e italiano. Ninguna de estas voces fueron escuchadas y la Bienal de Venecia de 1984 no recibió representación venezolana. Para la siguiente confrontación (1986) estos mismos artistas asistieron junto con Pineda como curador.

1994. Por mayoría de votos fue designado Meyer Vaisman con su obra Verde por fuera, rojo por dentro. Había dudas entre algunos integrantes del Conac acerca de la pertinencia de esta obra pues “temían que pudiese poner a Venezuela en una situación embarazosa (…) [ya que] no debería ser representada por un mero 'ranchito' (…) un rancho es una construcción muy precaria que pone en evidencia el fracaso de quien ha gobernado el país”, declaró Vaisman tras renunciar a su participación. En su lugar fueron designados Paolo Gasparini y Sammy Cucher.

2003-2004. Javier Téllez y Pedro Morales son los elegidos. Téllez se retira ya que no comulgaba con la política del gobierno venezolano y Morales es revocado de su participación porque su obra City rooms ponía en duda la pertinencia del contenido: era una clara denuncia de la crisis política del gobierno de Hugo Chávez. Es una obra que merece ser leída y vista, incluso hoy, pues contiene un conjunto de signos que resemantizan los mensajes políticos actuales: por ejemplo, la imagen de una moneda con la cara de Simón Bolívar en una habitación rodeada de moscas da cuenta de su poder discursivo.

 

2013: la representación que no representa

En esta 55ª edición, que lleva por título El Palacio Enciclopédico, Venezuela está siendo representada por grafitis de varios colectivos de ideología chavista. Aparentemente la intención es legitimar un arte de calle (y a sus “artistas”) que ha sido discriminado. Se ha enviado como muestra de arte contemporáneo venezolano un arte cuyo mensaje es subversivo pero a la vez oficializado, que hay que suponer simboliza todo el pensamiento nacional. Contradicción difícil desenmarañar.

Por otro lado, el curador Juan Calzadilla alega que: “En esta ocasión se tuvo que sacrificar a figuras consagradas para darle la oportunidad a los chamos, muchos de ellos sin formación académica”. Si se trata sólo de apoyar a “los chamos”, quien esté atento a las nuevas producciones de arte actual y local se percataría de que son numerosos los jóvenes talentos que requieren de mayor apoyo gubernamental, sobre todo para la inserción de sus obras en nuestros museos y en confrontaciones internacionales tal como los antecedentes Reverón, Otero o Poleo. Pero la finalidad está clara: se trata de apoyar a “los chamos” que estén de acuerdo con el proceso revolucionario.

Para cerrar dejo declaraciones del historiador y crítico venezolano Roldán Esteva-Grillet, en una entrevista hecha para El Nacional en 2011: “El gobierno no quiere reconocer que el arte es un producto individual. Su idea del arte es romántica, de principios de siglo XIX, de rescatar una creación colectiva (…) El único contacto que tienen los artistas plásticos con el gobierno es cada dos años (…) [para] representar al país en alguna bienal internacional. Pero no va uno, sino cuatro o cinco; ahí vale también eso de que no se promueven individuos. (…) ¿Por qué no envían artistas populares? Porque no quieren hacer el ridículo”. Sin embargo, parece que en dos años esto cambió: ya no importa hacer el ridículo.

@grisarvelaez