• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Nuestro amigo común: En el bosque

Fotograma de “En el bosque” / Foto cortesía

Fotograma de “En el bosque” / Foto cortesía

“La Bruja (Meryl Streep) ha puesto un hechizo sobre la casa del Panadero y su mujer (James Corden y Emily Blunt), sus vecinos, condenándolos a no tener hijos. Lo ha hecho en venganza por lo que le hizo el padre del Panadero, quien le robó sus vegetales y sus habichuelas mágicas”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El mayor atractivo del musical En el bosque (2014) es que las historias de los hermanos Grimm se nos presentan íntegras, sin edulcorar y sin haber sacrificado por ello la belleza de la puesta en escena, aunque también lo es el director Rob Marshall, responsable del último gran musical de nuestros tiempos, Chicago (2002).

En el bosque combina algunas de las historias de los hermanos Grimm en una ida al bosque repleta de referentes jungianos. Tres están entrelazadas a priori: la Bruja (Meryl Streep) ha puesto un hechizo sobre la casa del Panadero y su mujer (James Corden y Emily Blunt), sus vecinos, condenándolos a no tener hijos. Lo ha hecho en venganza por lo que le hizo el padre del Panadero, quien le robó sus vegetales y sus habichuelas mágicas. Le permitió llevarse el botín, a cambio, les pidió su primer hijo: una niña de cabellos dorados a la que llamó Rapunzel (Mackenzie Mauzy). Producto del hurto de las habichuelas la madre de la Bruja maldice a su hija haciéndola vieja y fea, y esta decide entonces encerrar a la niña en una torre. Cuando la Bruja aparece en la casa de sus vecinos para informarles que pueden revertir el hechizo que ella misma les ha puesto, les da una tarea: conseguir una capa roja, una vaca blanca, una zapatilla dorada y cabello amarillo como el maíz. Si lo hacen, tendrán a su hijo.

Este comienzo coral es uno de los mejores números de la película –el otro es Agony, interpretado por dos príncipes: el de Rapunzel y el de Cenicienta (este último, un maravilloso Chris Pine), en el que se quejan de no poder hacerse con las chicas que desean– y da un arranque lleno de expectativas. I wish, repiten los personajes, deseando esto y lo de más allá, como debe ser en el género. Poco a poco van internándose en el bosque. Cenicienta (Anna Kendrick), madrastra (Christine Baranski) y hermanastras van camino al festival en el castillo del rey. Jack (Daniel Huttlestone) lleva a vender su vaca que ya no da leche. Caperucita (Lilla Crawford) va ver a su abuela y se encontrará con el lobo (Johnny Depp), y el panadero y su esposa tratarán de reunir los objetos que necesita la Bruja. Nos adentramos con ellos en el bosque.

Luego de que las historias llegan a su conclusión única ya determinada por los cuentos de Grimm, y justo antes del vivieron felices para siempre, la tierra se sacude y aparece un personaje nuevo. La amenaza que este ser ajeno significa para las vidas de nuestros personajes los insta a replantearse sus deseos; no solo porque ya los anteriores se cumplieron, sino porque en el bosque se puede convertir en realidad lo que no sabemos que deseamos. A partir de este punto la historia se torna mucho menos consistente, varias decisiones parecen gratuitas y se pierde un poco la perspectiva. La historia pasa del final de los desenlaces conocidos por todos, hacia qué pudo haber sucedido luego, y lo que sigue es epiléptico. Los personajes muestran ahora un lado desconocido y lo único que puede llegar a concluirse es que en el bosque la naturaleza de sus caracteres se tuerce porque la condición moral humana puede ser muy frágil, para bien o para mal.

El filme de Broadway

Una obra original y su adaptación a la pantalla grande son distintas. Lo cinematográfico es visual primero. En teatro, la palabra construirá la imagen: la palabra está antes y es a través del actor, de los matices que pueda tener la voz de este al enunciar, de su volumen, de su tono, de la rapidez con la que diga, que se obtendrá el significado. En cine, los conflictos deben antes verse, no escucharse (la apariencia de este musical es engañosamente teatral: por ejemplo, da la impresión de que las monedas y el arpa que Jack roba de los gigantes no tienen el peso que les correspondería, los actores las alzan sin esfuerzo; además de la iluminación, que aunque sea hermosa, se siente artificial incluso antes de que se adentren en la magia del bosque).

Broadway ha acompañado durante mucho tiempo al cine. Los actores del teatro musical no solo enuncian con perfecta dicción y control del volumen, también saben cantar y bailar. Los musicales del cine extraen entonces mucho talento del teatro, en su mayoría el que da la cara: los actores. Eso sí, para que funcione, siempre debería mediar un guionista. Aunque provenga del teatro de Broadway, En el bosque es, tiene que ser, una obra distinta. Disney permitió que un dramaturgo –James Lapine, el autor de la obra de teatro–, y no un guionista, estuviese a cargo de la adaptación (algo que no pasó en Chicago). No se imaginó Marshall –pues hizo lo que pudo–, cuando hace años compró los derechos para En el bosque, que Disney lo comprometería haciendo a Lapine el guionista. El resultado es un musical de cine que parece uno de Broadway y es, por lo tanto, bastante menos importante de lo que pudo ser.