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Nuestro amigo común: No podemos vivir así

“No podemos vivir así” fue hecho en 1990 / Fotograma Youtube

“No podemos vivir así” fue hecho en 1990 / Fotograma Youtube

“El cineasta y actor ruso Stanislav Govorukhin dirigió el documental”

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I

El documental inicia con imágenes de violaciones y asesinatos como si de un programa amarillista se tratase. Luego los títulos anuncian la segunda parte, “Criminales al poder”. Las imágenes cuentan desde el asesinato del zar Nicolás II durante la revolución, documentan las matanzas de los burgueses bajo órdenes de Lenin, las hambrunas (inducidas por el régimen, naturalmente), los millones de apresados y asesinados durante el estalinismo, la destrucción de las iglesias y el ataque contra los religiosos, la alteración de las miradas sobre los horrores de la realidad a través de la propaganda, el empobrecimiento brutal y la aniquilación de los pocos bienes del vasto territorio como consecuencia de la estupidez y el odio de los involucrados; hasta las escenas de la vida cotidiana de finales de los ochenta en las que vemos la miseria, la corrupción, la escasez y las filas interminables para conseguir alimentos. Ante imágenes de archivo del juicio de Núremberg se sugiere al espectador la idea de que ha debido existir un juicio similar para los comunistas que durante más de setenta años destruyeron todo a su paso, exhortando a que es necesario que respondan por sus crímenes como lo hicieron los nazis. El director acompaña con su voz profunda las imágenes diciendo, en off, “los crímenes del régimen nazi no pueden siquiera empezar a medirse con todo esto en crueldad y escala, especialmente si se toma en cuenta que fue hecho en contra de sí mismos”.

El 11 de junio de 1990 Associated Press publica un reportaje sobre el preestreno de un documental llamado No podemos vivir así, dirigido por el cineasta y actor ruso Stanislav Govorukhin. La nota explica que la película estaba por ser estrenada en los circuitos de Moscú y que ya había sido proyectada en varias ocasiones como un evento privado. “No puedo entender cómo a Gorbachov le ha gustado”, declararaba Govorukhin. Al parecer el presidente había asistido a una proyección privada y declaró que le parecía “maravillosa”. Un periódico local había predicho que Govorukhin sería acusado de ataques malintencionados y campañas de desprestigio: no fue así. Algo había cambiado.

II

El pasado 29 de marzo fue noticia en la prensa rusa que Stanislav Govorukhin celebraba sus ochenta años. Nacido durante la Purga, Govorukhin iba a ser geólogo, sin embargo terminó por dedicarse a hacer películas. Su obra le ha valido gran reconocimiento y éxito, desde su primer largometraje, Vertical (1967) hasta 2015 cuando estrenó su película más reciente. Govorukhin ha dirigido una veintena de largometrajes, muchos de ellos adaptaciones literarias como Las aventuras de Tom Sawyer y Robinson Crusoe. Su fama fue creciendo junto a su producción, pues cuando no realizaba comedias que podían ser disfrutadas por toda la familia, se inclinaba hacia un estilo casi policial, en el que un hombre busca venganza y debe bordear los límites de lo moral y legal para llevarla a cabo.

En los años noventa Govorukhin dejó a un lado el cine para dedicarse a la política. Después de haber presentado semejante sentencia en contra del comunismo soviético, e incluso de haberle realizado una entrevista a Aleksandr Solzhenitsyn, Govorukhin se convirtió en uno de los hombres de apoyo del candidato opositor a Boris Yeltsin, y en 2011 el ex agente de la KGB y villano Bond Vladimir Putin lo nombró jefe de su campaña. Pertenece al Frente Popular de Rusia. Tiene cargos culturales dentro del Estado, se reunió con el senador norteamericano Jim Honeyford para conversar acerca de la construcción de un museo pequeño en Washington en honor a Valery Chkalov, quien hizo el primer vuelo transpolar de Rusia a Estados Unidos. Firmó el documento que apoyaba la anexión de Crimea. En su cumpleaños número ochenta fue felicitado públicamente por el dictador bielorruso Alexander Lukashenko, quien dijo que estaba “convencido de que sus actividades productivas ayudarán a desarrollar y mejorar los lazos culturales entre las naciones de Bielorruisa y Rusia”. Es como si Sísifo arrastrara una gran bola de cadáveres y no de piedra.

III

Enfrentarse a la dura realidad puede ser difícil. Las voces en El fin del homo sovieticus de la nobel Svetlana Aleksiévich repiten incansables que eran felices. ¿Cómo era posible? ¿Cómo es posible que bajo un totalitarismo malsano y asesino los rusos se sintiesen felices y escogiesen no reconocer la barbarie a la que se habían sometido? Pareciese tratarse de un quiebre irreparable. Un megalómano genocida llega a gobernar a un pueblo porque este así lo quiso, porque desde la revolución y como consecuencia de ella, no saben qué hacer consigo mismos, con su libertad. La coartada de estar construyendo la Patria grande seduce y encamina los resentimientos y la falta de rumbo y madurez. “El que quiera restaurar el comunismo no tiene cabeza; el que no lo eche de menos no tiene corazón”, es una cita de Putin, pero bien puede serlo de Govorukhin, pues si bien No podemos vivir así condena con fuerza los setenta años de comunismo, el cineasta y su amigo el presidente, sienten nostalgia de ser la Gran Rusia: la nostalgia de la mentira. Por supuesto, no hay ningún juicio en la mira.

A tono con la Rusia nostálgica, y como confirmación de su proceder, uno de los espectadores en el preestreno llegó a declarar: “Ya sabemos que no podemos vivir de esta manera. Lo que necesitamos saber es cómo debemos vivir”.