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Nuestro amigo común: Night will fall

El documental fue dirigido por André Singer / Foto cortesía

El documental fue dirigido por André Singer / Foto cortesía

Sidney Berstein y Alfred Hitchcock comenzaron a recoger material fílmico de la liberación de los campos de concentración en 1945 pero nunca pudieron completar su idea. Setenta años después André Singer cuenta su historia

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Berlín se encuentra como si fuese el fin del mundo. Los edificios bombardeados y las calles llenas de escombros. En un jeep del ejército americano que transita por la Kurfürstendamm, el corazón del barrio de los espectáculos de la ciudad, viaja un grupo de hombres cuyo conductor trata de esquivar los baches. Un transeúnte, al verse casi atropellado le grita un insulto en alemán al conductor. El jeep se detiene en seco y de él baja el cineasta Billy Wilder a informarle al peatón que no debería suponer que porque vistan uniformes americanos no le entenderían el insulto, grosería que jamás habría enunciado tratándose de un nazi, y le ordena permanecer allí hasta que informasen a las autoridades de lo que acababa de suceder. Erich Fromm y Siegfried Kracauer han señalado con mucha lucidez la necesidad de sumisión de la sociedad alemana que se entregó de inmediato al nazismo como para llenar algo del vacío que dejaran la derrota en la Primera Guerra y la pérdida de los ahorros y la calidad de vida durante la República de Weimar. Wilder no tenía intención de informarle nada a nadie, sin embargo cuando pasaron por el sitio horas después el hombre seguía allí de pie, acatando obedientemente la orden del cineasta.

Un documental inconcluso

Cuenta Ed Sikov que el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada y el gobierno de los Estados Unidos envían a Billy Wilder a Berlín para trabajar en la desnazificación de la cinematografía alemana, un proceso que además de supervisar los interrogatorios a los técnicos y personal de la UFA, incluía hacer una película que enfrentase al alemán con las atrocidades que había ejecutado o permitido ejecutar a partir de un material que filmaran los camarógrafos aliados que acompañaban a quienes liberaban los campos de concentración. Molinos de muerte (1945, Wilder) se convirtió en una de las primeras películas sobre el horror del Holocausto a partir del material destinado para German concentration camps factual survey, una idea para un documental del productor Sidney Berstein en colaboración con el director Alfred Hitchcock y que no pudo completarse sino setenta años después. Esta es la historia que cuenta el documental Night will fall (2014, André Singer).

Singer es un antropólogo y cineasta que ha trabajado para el canal Discovery y la BBC. Ha colaborado con Werner Herzog en Into the abyss (2011) y con Joshua Oppenheimer en The act of killing (2012) y The look of silence (2014). Narrada por la actriz Helena Bonham Carter, Night will fall (o “caerá la noche”) es un documental sobre un documental inconcluso, aquel que Berstein, Hitchcock, el editor Stewart McAllister y el guionista Richard Crossman no completaron debido al alto exigido por el gobierno británico. La película cuenta con al menos doce minutos correspondientes al documental de Berstein, entrelazados con entrevistas a sobrevivientes de los campos y camarógrafos del ejército, incluso contiene declaraciones del propio Hitchcock, de Berstein y de Wilder. Y es que cuando la guerra estaba por acabar los británicos enviaron camarógrafos a que documentasen las matanzas de judíos, pues aquellos ya sabían que el régimen nazi las llevaba a cabo antes del fin de la guerra en 1945. Camarógrafos estadounidenses, británicos y soviéticos entraron junto con los soldados a liberar campos de concentración como Bergen-Belsen, Majdanek, Auschwitz, Buchenwald y Dachau. Lo primero de lo que se habla: el olor, al que Billy Wilder se refiere también cuando narra su viaje a Berlín; el verano fue muy caluroso y el hedor se levantaba cubriendo toda la ciudad.

Las imágenes que siguen al entrar en los campos son indescriptibles. Los sobrevivientes entrevistados se ven a sí mismos en el material que registra la liberación, piel y huesos, jovencísimos, con apenas fuerzas para asomarse a las puertas de los galpones. Tanto material le llegaba a Berstein de distintos lugares de Alemania (incluyendo material a color, revelado en los Estados Unidos) que la construcción del guion y el inicio del trabajo de edición fueron procesos lentos. Con la llegada de Hitchcock a Londres se estableció que lo importante era que la película estuviese hecha de tal manera que fuese imposible para los alemanes pensar que se tratase de un trucaje. Para esto ya habían tomado precauciones: uno de los camarógrafos en Bergen-Belsen llevó a soldados nazis al campo y los filmó viendo las fosas comunes, así como en Weimar llevaron a los ciudadanos cercanos al campo a que viesen lo que sucedía a pocos kilómetros de sus hogares. Night will fall cuenta entonces toda la historia de este material y las decisiones que llevaron a que se trabajase en él, desde las impresiones de aquellos involucrados hasta las decisiones que produjeron que quedase sin terminar, archivado por setenta años y finalmente estrenado en 2014 en el Festival Internacional de Cine de Berlín gracias a la restauración del Museo Imperial de la Guerra en Londres.

La conclusión de una voluntad

Un amigo que estuvo en Berlín el año pasado y fue al cine, me cuenta que una vez en la sala, Hitler te pide que mantengas el teléfono apagado. Se trata de imágenes del Führer dando un discurso que ha sido doblado para pedirle silencio a la audiencia durante la función. Al parecer, me dice, los que estaban allí lo disfrutaban, e imagino que acataban la orden. Night will fall se llama así por un texto del narrador quien advierte que si la lección que nos dan esas imágenes no se aprende, la noche caerá. El documental inconcluso es, de cierta forma, concluido a través de esta película, pues sin documentos como este que muestren lo inefable, sin la reciente publicación de Mi lucha con anotaciones que desmonten las ideas nazis, sin la constante publicación de libros como Tierra negra de Timothy Snyder, sin la producción de películas como El hijo de Saúl (2015, László Nemes) será más probable que existan muchos hombres como aquel que se quedó esperando las órdenes de Wilder, y entonces con seguridad la noche caerá de nuevo.