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Nuestro amigo común: Ex machina

El <i>thriller</i> del 2015 es del guionista británico Alex Garland

El thriller del 2015 es del guionista británico Alex Garland

“Como lo dicta el género, la película va sobre el hombre enfrentando a la máquina, pero luego se revela también sobre el hombre enfrentando al hombre”

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El género de ciencia ficción tiene un hermano, el cine de terror. Con frecuencia los límites entre ambos géneros se borran. Pareciese, como dicen algunos teóricos, que el primero se encarga de lo consciente y el segundo de lo inconsciente, ambos como alegoría de una ideología, una cultura, una etapa política y social. La ciencia ficción existe como telón de fondo de nuestra actitud hacia lo real, dice el profesor J.P. Telotte, y su enfrentamiento con la otredad lo vincula de inmediato con el cine de terror.

Ex machina (2015, del guionista británico Alex Garland) es un thriller de ciencia ficción. No es la primera vez que Garland trabaja con esta fusión de géneros, pues ha sido el guionista de 28 días después (2002), ambientada en una Inglaterra post apocalíptica. El joven programador Caleb (Domhnall Gleeson) trabaja en una empresa similar a Google llamada Blue Book, y es anunciado ganador para ir a conocer y trabajar con el creador y director de la compañía, Nathan (Oscar Isaac, maravilloso como siempre), una suerte de chico de fraternidad genial, arrogante y soberbio. Este vive y trabaja con su asistente muda, Kyoko (Sonoya Mizuno) desde un lugar con altísima tecnología construido en las montañas y al que solo se llega en helicóptero. Nathan ha construido un robot con inteligencia artificial, Ava (Alicia Vikander) y quiere ponerla a prueba a través de Caleb, quien está allí para estudiarla y determinar luego de varias sesiones con ella si esta posee o no conciencia. Las cosas se ponen tensas cuando Caleb empieza a descubrir algunos asuntos extraños del lugar y de quienes están allí. Tres locaciones, cuatro actores.

Sesiones

Las influencias se rastrean con mucha facilidad: Frankestein, Metrópolis, Blade runner, 2001, Yo robot, entre otras. En principio, como lo dicta el género, la película va sobre el hombre enfrentando a la máquina, pero luego se revela también sobre el hombre enfrentando al hombre. Incluso literalmente: Nathan bebe, boxea y tiene una barba gruesa y poblada, y muestra desde el inicio una personalidad dominante casi al margen de la violencia, mientras Caleb es un muchacho alto y delgado, menudo, imberbe, un poco nervioso, asombrado del lugar, el hombre y la tarea que acaba de conocer. El duelo aún no es entre hombre y máquina: Nathan no tiene nada que probarle a Caleb porque su arrogancia no le permite siquiera planteárselo, y Caleb en su entusiasmo quiere tener conversaciones complejas con su jefe y este se las desinfla una y otra vez.

Cuando comienzan las sesiones de Ava y Caleb, vemos gracias al lenguaje cinematográfico quién pone a quién a prueba. Las sesiones se dan a través de un vidrio como lo hicieron Clarice y el doctor Lecter. En la primera, Garland mantiene la cámara del lado de Caleb, apenas estamos conociendo junto a él a Ava, quien procura no acercarse demasiado al vidrio y permanecer como algo que quiere ser visto. A medida que las sesiones suceden, Ava se presenta ante Caleb de una manera inofensiva, desamparada, en busca de empatía y digna de confianza a través de los picados leves con los que Garland la muestra. Sin embargo la manera de encuadrarla cambiará, Caleb aparece cada vez menos como referencia en los planos que la encuadran como sujeto principal, ambos pasarán a estar encuadrados primero al mismo nivel y luego Ava en contrapicados y Caleb en picados. Como procura todo buen director, esta dinámica de planos revela la de los personajes. Los reflejos en los vidrios suelen ser únicamente de Ava, como si Garland sugiriese que su naturaleza es doble. Estamos ante el conflicto entre hombre y máquina.

El desenlace puede intuirse. Garland ha dejado el rastro apenas suficiente para hacerlo y las reglas de este género híbrido son claras: como este se trata del llamado thriller de confrontación moral, la estructura exige la evanescencia de la inocencia, la lucha entre el bien y el mal y ambigüedades morales, a la vez que la ciencia ficción abre el desenlace permitiendo que de la confrontación final emerja cualquiera de los principales.

La alegoría del género

Ex machina no solo aborda el asunto tecnológico sino su sustento filosófico amplísimo. Habla sobre la condición humana y plantea lo que el personaje de Isaac sabe: a medida que la inteligencia artificial se acerque más a la noción de conciencia, tanto más se acerca a dañar, como los hombres. No es casual que esta película británica plantee el miedo al otro, dadas las amenazas del ISIS a Occidente. Se justifica el que Caleb dude de su humanidad en esa escena en la que desesperado se acerca al espejo, pero que Occidente lo haga no. El monstruo de estos mundos de la ciencia ficción está aquí y hace lo mismo que el de Ex machina: usar nuestras armas en nuestra contra. Occidente no debe verse al espejo o cubrir sus estatuas, sino, como Nathan, tener muy claras las cosas y reaccionar. Hay que dejar el vino sobre la mesa.