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Nuestro amigo común: Ser Aleksei Kapler

“Lenin en octubre” / Fotograma

“Lenin en octubre” / Fotograma

“En 1938 el mismísimo Josef Stalin lo había llamado a su dacha para encargarle el guion para una película sobre Lenin”

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La proyección en la Unión Soviética de Blancanieves y los siete enanitos a principios de los años cuarenta fue uno de los eventos que acercó al cineasta Aleksei Kapler a quien sería su próxima pareja, una jovencita de dieciséis años de nombre Svetlana. Kapler había dirigido un par de películas y era guionista para otras tantas, de manera que gozaba de cierto prestigio. En 1938 el mismísimo Josef Stalin lo había llamado a su dacha para encargarle el guion para una película sobre Lenin. “Algo sabio” dijo Stalin sobre su guion en las reuniones, cuenta Kapler. Como Sergei Eisenstein, Grigori Aleksandrov y otros grandes cineastas contemporáneos, Kapler quedó impresionado por el trabajo de Walt Disney y como podía esperarse, no dudó en compartirlo con Svetlana.

Lenin en octubre (1937) y Lenin en 1918 (1939, ambas dirigidas por Mijaíl Romm) fueron el resultado del encargo de Stalin para Kapler: un par de películas que tuvieron éxito y que le valieron en 1941 el Premio Stalin de las Artes al guionista. Si bien Lenin consideraba al cine el arte más importante para los soviéticos, nunca le prestó mayor atención a los nacionalismos: su ideal era la lucha de clases. Su ameno sucesor, sin embargo, no solo disfrutaba muchísimo el cine (mientras más agringado, mejor), sino que insistió en el nacionalismo como doctrina de su régimen. Kapler, obnubilado ante la presencia del Padrecito, pareciese no haber notado que este tal vez no era como su antecesor, pues tal vez vería mal sus tendencias bohemias, sus viajes al exterior y sobre todo su fe. El antisemitismo de Stalin fue casi tan ferviente como el de su colega alemán.

Recién celebrado por su excelencia en la cinematografía soviética, Kapler es enviado por el Partido a otra ciudad a hacer un trabajo fotográfico. Su relación con la joven Svetlana iba de maravillas. Le escribió unas cuantas cartas donde manifestaba su cariño por ella. Kapler realizó el guion de un par de películas más entre 1942 y 1943 y desapareció por más de diez años, hasta 1956, cuando se estrenó una comedia cuyo guion era suyo.

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Svetlana Stalin, hija del hombre del bigote de cucaracha (descripción que le valió al poeta Ossip Mandelstam la muerte) había leído en el periódico una nota de su novio en la que describía con detalle sus largas caminatas juntos por las calles de la tierra del hombre nuevo. Cuenta que pensó en lo que diría su padre. Su hermano se había encargado de hacerle llegar algo de información al respecto a Stalin, quien irrumpió en su habitación y le gritó enfurecido que era una tonta, que nadie va a quererla después de esto, pues estaba convencido de que Svetlana se había acostado con el cineasta judío. Le exigió le entregase toda la correspondencia y le dijo que no se vería más con ese hombre. La joven Svetlana entendió poco después lo que le pasaría a Kapler: fue enviado por órdenes de su padre al campo de trabajos forzados conocido como Vorkutá, al norte del territorio, por cinco años. El segundo más grande después de Kolimá, este gulag era tan lejano y de clima tan hostil, que en un principio no hubo necesidad de cercarlo, puesto que escapar de él no tenía sentido: el trayecto hasta una ciudad podía llevar hasta tres meses en la nieve. Cumplidos los cinco años Kapler visita Moscú por apenas unos días cuando es apresado de nuevo y enviado a otro gulag por cinco años más. Salió de él con el pelo blanco, en 1953, meses después de la muerte de Stalin.

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Una vez vio a Svetlana. Casado y con hijos, vio a la joven a la que había llevado al cine a ver Blancanieves. Kapler se casó tres veces: su última esposa, la poeta Yulia Drunina fue parte del parlamento soviético durante la perestroika, luego del deshielo provocado por Kruschev, ese héroe de la retirada, como lo llama Enzensberger. Precisamente luego de su famoso discurso, Yulia insistió a su marido para que hiciese una llamada de consuelo a Svetlana: esta se reunió varias veces con la pareja, pero por celos cesó los encuentros. Luego se referiría a la mujer de Kapler como “mediocre”. Kapler, ese cineasta que surgió del frío, dirigiría y escribiría nuevas películas e incluso tendría un programa de televisión sobre cine, habiendo sobrevivido junto a otros artistas –como el músico de jazz Eddi Rozner (“el Louis Armstrong blanco”) y la actriz Tatyana Okunevskaya, violada por Beria antes de ser prisionera– al gulag de Vorkutá. También sería quien informase a su colega Sergei Bondarchuk, quien a su vez informase a Orson Welles, que Stalin había mandado a agentes de la KGB a asesinar a John Wayne. Pero esa es otra historia.