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Los ZAPATAZOS en sus cincuenta años de publicación:
Acertadas percepción y valoración de la realidad

30 años de Zapatazos | Foto: Archivo

30 años de Zapatazos | Foto: Archivo

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El artista Pedro León Zapata nació en La Grita, ciudad de Los Andes venezolanos, el 27 de febrero de 1929. El ejerce un magisterio artístico y de ética periodística, con la obra impecable que entrega cada día a los lectores de El Nacional, con su apego a la verdad y su actitud de no callar lo que cree y siente que debe decir.

Su primera caricatura fue publicada en Fantoches en 1946, tenía 17 años y era estudiante de pintura, las firmaba como “P.P.” y recibía Bs. 7,50 por cada una; su motivación no era precisamente artística, sino la pasión taurina, pues con dos o tres que dibujara sacaba el valor de la entrada a las corridas de toros.

Estuvo en México entre 1947 y 1958. Estudió en el Instituto Politécnico y en la   Escuela de Pintura de La Esmeralda, y fue profesor en la Escuela de Bellas Artes de Acapulco. Conocedor y analista del muralismo mexicano constató entonces que algunas figuras de Orozco igual que muchos personajes de los murales de Rivera son esencialmente caricaturescos, y que los medios del pintor pueden ser puestos al servicio de la caricatura y viceversa. Su adopción de ella como disciplina fue deliberada, a conciencia tanto de las limitaciones comunicativas de otros medios como de su propio valor en el plano artístico-humorístico.

Comenzó su trabajo formal en el campo del humor al regresar a Venezuela e incorporarse, en enero de 1959, al semanario Dominguito, del veterano periodista Gabriel Bracho Montiel; pronto se dio a conocer por la calidad de sus dibujos, de un estilo novedoso, distinto en la concepción y la forma de expresión del humorismo gráfico y –según Aquiles Nazoa– por la percepción de que su tarea incluía “abrirle a la también fatigada dibujística nacional, nuevos caminos hacia el porvenir”. Desde la clausura oficial de Dominguito a fines de 1960 son incontables, como pintor y caricaturista, sus exposiciones, colaboraciones en publicaciones humorísticas, e ilustraciones en libros y revistas; además de sus programas radiales, conferencias, participaciones en foros y presentaciones en espectáculos de humor. Es la suya una vida realmente fructífera en términos de creatividad, poder innovador y logros trascendentes; y una obra que desde sus inicios ha gozado del aprecio y la admiración de todo el país.

La obra de Zapata descansa en el sólido basamento de su cultura, sobre todo pictórica y literaria; amigo en relación de admiración recíproca con los más distinguidos escritores contemporáneos de habla hispana. Es amigo asimismo de destacados humoristas de este continente y de Europa, conocedor a fondo de la obra de Chumy-Chumez, Naranjo, Rius, Sábat, por citar solo algunos; hace décadas por invitación especial visitó a Schulz en su estudio en Norteamérica, y es un calificado conferencista acerca de la dibujística de Steinberg y otros artistas.

El 21 de enero de 1965 publicó en El Nacional el primero de sus "Zapatazos", con los que él ha jerarquizado la caricatura como arte, género periodístico, medio de divulgación cultural, instrumento de denuncias, y vehículo a través del cual contribuir a nuestra educación política. Entre sus personajes, que se desplazan fluidamente dentro de una pluralidad de temas y contextos, destacan un hombre de evidente marginalidad y “Coromotico”, nacida en 1966, desnutrida y analfabeta. A sus ideas así materializadas les es reconocida desde siempre calidad editorial, y somos miles quienes cada mañana buscamos esa caricatura, cual clave para una mejor comprensión del acontecer nacional y una definición personal más clara ante los hechos.

Al fundar El Sádico Ilustrado en 1978 se propuso provocar un sacudimiento que liberara a nuestro humorismo de su sujeción a viejos moldes; y en efecto, dicha publicación transformó completamente como concepto, en forma y contenido, el humorismo venezolano escrito y gráfico. Asimismo, a las sesiones de la Cátedra Libre de Humorismo Aquiles Nazoa, que fundó en 1980 en la UCV, asistían miles de personas, cuya sensibilidad y sentido crítico en materia de humor se vieron enriquecidos en dicho marco.

Galardonado con el Premio Nacional de Periodismo en 1967 y con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1980, en el 2002 la Universidad de Los Andes le confirió el título de Doctor Honoris Causa en reconocimiento a sus aportes a la cultura nacional. Zapata ha sido profesor de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, y es difícil encontrar un tema universitario que no haya sido abordado por él. Acerca del Zapata artista y su obra han sido editados numerosos ensayos, libros, recopilaciones y antologías.

En 1985, en su 42º aniversario El Nacional, entonces dirigido por Alberto Quirós Corradi, dedicó su edición especial –Tierra de Gracia– con numerosas ilustraciones de Zapata, al humorismo venezolano.

Es conocido su rechazo al militarismo y a los regímenes dictatoriales. En octubre del 2000 el Comandante Chávez en uno de sus programas de televisión lo increpó en términos burlones y agresivos, y además de la reprobación general por ese tratamiento desconsiderado, el caudillo aprendió cuán lapidaria puede ser la respuesta de un humorista inteligente a un atropello oficial. Siendo, como siempre ha sido, indeclinable su fe en la capacidad perceptiva y de degustación del pueblo, a cuyo servicio pone su talento, una vez hizo esta confesión: “Me interesa la caricatura porque me gusta enormemente hacerla y porque la comunicación que se establece entre la gente y yo, es una comunicación superlativa, que me produce un placer muy alto”.

En su libro Por amor propio (Caracas, octubre de 2012) el autor, Nelson Rivera, aporta una serie de reveladoras observaciones acerca del protagonista, Pedro León Zapata, atentamente seguido a través de sus comentarios al dialogar. En la nota de anuncio de la presentación de dicha obra, a preguntas que le formulara la periodista Michelle Roche respondió que para él Zapata tiene el don de la multiplicidad y es transgeneracional, que “ha sabido mantener su vigencia a lo largo del tiempo”, y que es absolutamente contemporáneo “porque tiene una consciencia  de lo anacrónico, de lo obsoleto, y eso está en todas sus reflexiones y pensamientos y en su actitud como pintor y como humorista”.                                                               

Fue una justificada fiesta por todo lo alto, la de la celebración en 1995 de los treinta años de publicación de los ZAPATAZOS en El Nacional, como lo es también la de cada nuevo aniversario, por cuanto desde el inicio mismo de su inserción en dicho  diario, ha sido y es uno de los hechos creativos de mayor significación periodística, humorística, cultural y política, que registre la historia de la prensa venezolana.

El primer Zapatazo mostraba en una caricatura a dos columnas al boxeador venezolano “Morocho” Hernández, recién coronado campeón de su peso, parado (de regreso de algunos deslices) en lo alto de un envase de leche, con cara de satisfacción. El nombre “Zapatazos” fue sugerido por el periodista Omar Pérez y, venciendo la resistencia del dibujante que temía ello fuera tomado como vanidosa autopromoción suya, fue confirmado por Julio Barroeta editor del diario, sobre la base de la gracia implícita en el doble significado; la decisión no pudo ser más afortunada, como lo demostrara el hecho de que al poco tiempo ya la sección y el título que la identifica gozaban de gran popularidad entre los lectores, así como sus contenidos ya eran tema de conversación. La ubicación en página y espacio prioritarios tradujo un reconocimiento al valor de su obra, por parte del periódico y de las numerosas personas que cada mañana buscan esa caricatura como inicio de su lectura.        

Para cada empresa trascendente que se ha planteado, y para cada aporte innovador que se ha propuesto hacerle al país, invariablemente ha convocado a nuestros creadores, y lo que es más importante, en una tónica siempre respetuosa de la libertad de cada uno de ellos para el desarrollo de sus iniciativas. 

En ocasión de esa aceptación colectiva de los “Zapatazos”, Aníbal Nazoa afirmó en el prólogo que escribió para la primera recopilación de dichos dibujos, que “El Zapatazo representa el triunfo más clamoroso que haya obtenido caricaturista alguno en Venezuela” y  a juicio de Aquiles Nazoa, “el mejor caricaturista venezolano de todos los tiempos”.

Hace unos cuantos años el recordado Crítico de Arte Juan Carlos Palenzuela publicó una nota que tituló “Poesía, conciencia política y dignidad” en la cual decía: “Por las noches, cuando hay un poco de calma, uno toma el periódico para recortar la caricatura y pegarla en las paredes del cuarto, en la puerta del closet o para llevarla al día siguiente a la oficina y guardar el pedacito de papel”; agrega que lo hacía quizás para volver a reír y poder mostrar “esas cosas que se le ocurren a Zapata”, o “para enviárselas a los amigos que están en el extranjero”; cuenta que nunca le pasó por la cabeza que otros también lo hacían, hasta que se encontró con estas palabras de Soledad Mendoza: “Normalmente ante una caricatura la gente tiene cuatro reacciones coordinadas: la ve, la lee, se sonríe y la olvida. Con las de Pedro León Zapata sucede algo excepcional: la gente las recorta, las guarda, las archiva, las recuerda”.  

El conjunto de “Zapatazos” muestra la presencia reiterada de ciertos sujetos y objetos a los que bien puede entendérseles como sus “personajes”, los cuales se alternan en su aparición sin estar especializados en determinados temas, ni en algún aspecto o tipo de problema en particular, sino desplazándose fluidamente dentro de una pluralidad de temas y contextos; sin responder a una fisonomía constante ni a una indumentaria establecida, sino siendo más bien una esencia, un carácter, unos rasgos básicos a partir de los cuales y en uso de una multiplicidad de recursos es construido cada vez un dibujo diferente, dependiendo de la voluntad suya al momento de optar por una determinada forma de expresión gráfica.

El eje de su grupo de personajes lo constituyen, la imagen de un hombre  que tipifica en sí mismo la marginalidad, el desempleo y la desnutrición; y “Coromotico”, muy popular y querida, que reúne en su aspecto, en su actitud, en sus frustraciones y en sus anhelos, y en todo lo que atañe a su vida y su conducta, los rasgos esenciales del pueblo venezolano, teniendo además con su forma digna de ser y de permanecer erguida ante las circunstancias adversas, la jerarquía de un símbolo.

En 1980 él creó en la UCV la Cátedra Libre de Humorismo “Aquiles Nazoa” y opiné entonces que si alguna cátedra lo era en realidad y merecía por derecho propio el calificativo de universitaria, era ella; por la elevada calidad de sus invitados, la naturaleza interesante de los temas abordados, y la originalidad de sus proposiciones, Ese hecho cultural y fenómeno sociológico de tanta relevancia que se hizo célebre como “Cátedra del Humor”, y que en cada sesión congregaba en el Aula Magna miles de personas, tuvo en él a su ideólogo e inspirador, como antes lo fue en el terreno de las publicaciones con El Sádico Ilustrado.

En 1975, Sofía Imber lo invitó a llenar con obras suyas todas las salas del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, y la muestra fue titulada “Todo el Museo para Zapata”; la preparación y la exposición misma constituyeron un acontecimiento fundamental en la historia de nuestras artes plásticas, dado que por primera vez un artista llenaba un museo no con una retrospectiva, sino con obras realizadas expresamente para la ocasión; resultó así una expresión del más fino humor, en un contexto de elevada calidad plástica. Dentro de su sentido de contemporaneidad, ya en 1997, sus Cyberdibujos fueron colocados en Internet, y a juicio de Simón Alberto Consalvi “los 50 dibujos cibernéticos de Zapata ilustran la revolución contemporánea de las comunicaciones” y “constituyen una presencia venezolana de la mejor calidad en la red de redes”.

También son palabras de Simón Alberto Consalvi las siguientes, expresadas años atrás en una de sus “Crónicas anacrónicas”, a propósito de varias idas a Valencia al galpón en que Zapata estaba realizando su mural “Los conductores”; dijo entonces: “Pienso que es un gran mural, el canto de un gran creador a los grandes creadores del país, a los cuales no concibe aislados en sus panteones, sino confundidos con la gente a que pertenecieron y pertenecen, y de cuyo seno surgieron”. “Zapata, durante más de tres décadas ha imaginado, día tras día, las caricaturas de El Nacional. Como un mago, siempre nos sorprende al amanecer. Sus agudezas forman parte de nuestro itinerario cotidiano y la historia difícilmente se comprenderá sin repasar sus testimonios”.

En enero de 1995, El Nacional mostró en su primera página una caricatura a color bajo el título “30 años a Zapatazo limpio”, respaldada por este texto al pie de ella: “Papel Literario dedica hoy sus páginas a exaltar la lucidez creativa de Pedro León Zapata, con motivo de la publicación, hace exactamente 30 años, de su primer “Zapatazos” en El Nacional. Con el tiempo esa particular forma de interpretar la noticia con humor, se ha convertido en uno de los espacios más prestigiosos del periodismo de opinión en Venezuela”.

A los 40 años de haber salido a la vida los Zapatazos, se pudo afirmar, como hoy a los 50 con idéntico orgullo y admiración volvemos a hacerlo, cómo día a día los hechos han corroborado y corroboran que Pedro León Zapata es uno de los venezolanos que goza de mayor popularidad, y asimismo que él es uno de los artistas más respetados, en razón de su jerarquía intelectual y como creador de una obra que desde sus inicios ha sido admirada por todo el país.

A partir del 21 de enero de 1965 ha sido tiempo de dedicación de Zapata al cultivo y a la producción de un legado, tan fecundo como el que constituyen los miles de dibujos agrupados bajo ese nombre de “Zapatazos”. Del día en que aquel boxeador celebraba su victoria desde lo alto de un envase de leche, a este presente en que el espacio destinado a la caricatura tiene de necesidad que ser ocupado por la figura de un batracio uniformado, adulante, agresivo y delator, que tipifica la realidad cuartelera que hoy padecemos, es mucho lo que ha acontecido en el país, conformando una etapa de nuestra historia que ha sido recogida por Zapata fiel y dramáticamente, en ejercicio del más incisivo humor, siendo el autor de obras en las que logra conjugar con acierto lo que el dibujante humorístico debe tener de costumbrista, crítico social e historiador.

Los personajes de Zapata, entendiendo como tales a aquellos elementos de creación de presencia reiterada a lo largo de su obra, desde hace algún tiempo incluyen un extraño híbrido anfibio con botas de campaña y seres acéfalos de vistosos atuendos castrenses. Las “viejitas” (Trinita y sus amigas) son de especial significación en la obra de Zapata, sobre todo porque en relación con ellas ha producido muchos de sus mejores dibujos. Más que una fisonomía constante, en el caso de estos personajes se trata de una esencia, o de un carácter, o de unos rasgos básicos a partir de los cuales y en uso de una diversidad de recursos se construye cada vez un dibujo diferente; es lo que sucede por ejemplo con “Coromotico”, que puede ser niña o mujer o una presencia apenas sugerida.

En un recorrido a lo largo de tal cantidad y diversidad de dibujos, se hacen presentes igualmente numerosas caricaturas dibujadas a base de arabescos, trazos laberínticos, figuras geométricas, ilusiones ópticas, y combinaciones de esos elementos con diversos textos que complementan la composición, constituyendo no sólo una franca ruptura con la caricatura tradicional sino redefiniendo el género como un arte de convergencia de talento, ingenio y gracia, que con toda seguridad contaría con la gozosa aprobación de Marcel Duchamp o Max Ernst.

Podemos afirmar que se ha cumplido la profecía que hiciera José Balza en 1975, de que “Un estilo inconfundible hallará el historiador futuro cuando venga a buscar lo más hondo de esta década y de las que vienen, en la escritura gráfica de Zapata”, pues a decir suyo, éste inscribe a diario en la prensa “nuestra mejor novela, nuestra mejor crítica, nuestra filosofía”.

Los años, que ahora suman cincuenta, han servido para la confirmación de las apreciaciones iniciales, en cuanto a su calidad de humorista de fino ingenio e inagotable riqueza imaginativa, y a la jerarquización a través de su obra de la caricatura como género periodístico, elemento de educación política, medio de divulgación cultural, y como grandiosa travesura plástica.

Zapata ha incursionado e indagado el terreno de la caricatura política en toda su extensión, tanto en lo nacional como en lo internacional, sorteando hábilmente el peligro de quedar atrapado en las redes de un anecdotario  intrascendente, y ha sabido asociar en sus caricaturas los sucesos de la política venezolana con lo que acontece en otros países, mostrando de paso la medida en que esos hechos se interaccionan. En cuanto a su visión del mundo contemporáneo, ha sido capaz de abordarlo en lo que éste tiene de amalgama de desigualdades y de suma compleja de valores y hechos contradictorios, correlacionando debidamente en sus dibujos los fenómenos sociales, culturales, científicos, tecnológicos, ecológicos, militares, políticos y económicos, inherentes al mismo.

Su incursión en lo internacional es una extensión natural de su preocupación por lo local, en la misma medida en que dicha preocupación expresa una particularización de su visión cosmopolita; y es precisamente en el tratamiento de lo político donde más se aprecia la importantísima función pedagógica desempeñada por él y se reafirma la significación de los “Zapatazos”. Para él, “el humor no explica al mundo pero nos dice lo desequilibrado y lo inexplicable que el mundo es. No se rehúye con el humor la realidad dolorosa que vivimos sino que más bien se la enfrenta”.

Zapata en defensa de la Universidad le ha salido invariablemente al paso a la barbarie, consciente de que al hacerlo defiende valores esenciales de nuestra cultura y el derecho de la juventud al estudio y a la libre expresión del pensamiento. Como artista participa de la era en que vive y es un cronista de la misma; siendo el mundo moderno una suma compleja de valores y hechos contradictorios, él ha logrado abordarlo en esa pluralidad temática, consciente por otra parte, de que será de la solución de esa amalgama de desigualdades y contradicciones de donde habrá de emerger una sociedad mejor. El lado oscuro se manifiesta en la carrera armamentista, ante lo cual él ha mantenido y así consta en la colección de sus dibujos, una firme actitud de denuncia y condena.

Veamos asimismo qué han opinado de él y de su obra algunas de nuestras más distinguidas figuras de las letras y del mundo político:  Al ser celebrados 30 años de los “Zapatazos”, Elisa Lerner, Salvador Garmendia y José Ignacio Cabrujas consignaron sus comentarios al respecto; dijo la escritora que “los sorprendentes guijarros del trabajo periodístico de Zapata durante treinta vigilantes años, han iluminado en Venezuela, los caminos de la expresión democrática, de la libertad y la originalidad en las ideas”; Garmendia consideraba que “el Zapatazo como género periodístico único en su especie es capaz de expresar descontento, ira o violencia social, junto a una sensibilidad alerta y perspicaz que se esmera en la consecución de la belleza, precisamente allí donde parece que no le correspondiera estar”; Cabrujas comenzó por informar “mientras yo escribo, el dibujo de Zapata me habla, reduciendo el país a un efectivo comentario como si allí, y no en las ejecutorias del gobierno o en la rutinaria quiebra de un banco, estuviera lo que realmente sucede y nos afecta”, calificó el Zapatazo de “dibujo que habla, el más grande homenaje que artista alguno en Venezuela haya hecho a la escritura”, y confesó ser “un orgulloso lector de Zapata”.

Y ¿qué tenemos hoy? Un país degradado y más hundido cada día en vergonzoso y doloroso atraso, por parte de ineptos con manifiesta vocación delictiva. Un país arrasado  por una mafia en goce de los bienes  nacionales. Universidades agredidas, padeciendo la cultura y la educación bochornoso desprecio de parte de los entes oficiales supuestos responsables de tales áreas. Pérdida de valores éticos con auge de la criminalidad y proliferación del número de pandillas oficialmente armadas, entrenadas y con impunidad garantizada. Desatención indolente de la salud pública, hospitales y sanatorios carentes de recursos. Por otra parte morgues abarrotadas  de cadáveres y de familiares exigiendo la entrega de los mismos. Contraviniendo tradiciones existenciales, hoy vemos a centenares de ancianos solicitando los cuerpos de hijos y nietos jóvenes para ellos darles sepultura.

Ante todo ello Zapata, fiel al país que ama y que sabe que a él lo siente suyo, mantiene en alto su preocupación, su identificación con nuestro pueblo, y su entrega solidaria al mismo.