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La XIV Feria Internacional del Libro de Costa Rica 2013

Feria Internacional del Libro en Costa Rica / Cortesía

Feria Internacional del Libro en Costa Rica / Cortesía

Una tarde completa se dedicó a las crónicas. Entre otros panelistas, Sergio Ramírez (el veterano escritor nicaragüense que también presentó en la feria su último libro de cuentos, Flores oscuras), comentó que el uso del Twitter es un gran entrenamiento para la crónica

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Costa Rica es un pequeño país (51.100 km²) que sabe dar saltos cuánticos. La feria de libro, por primera vez, se organizó gracias al esfuerzo conjunto del Estado con el sector privado. San José fue el escenario de este encuentro de relieve que congregó a reconocidos autores de Argentina, Chile, España, algunos de los mejores narradores y poetas de Costa Rica, acompañados de colegas centroamericanos de Guatemala y Nicaragua, y que tuvo como país invitado a México (cifras oficiales hablan del 8.000 libros enviados por este país en contrastes con los 2.000 embarcados a la Feria de Nueva York), todo ello dentro de un marco organizativo digno de elogios.

La feria tuvo lugar en lo que podríamos llamar “el circuito del tren”. La Antigua Aduana sirvió como sede del evento. En la nave central se ubicaron las grandes editoriales tradicionales, como la Editorial Costa Rica y la UNED, así como el pabellón de México y las dos cadenas de librerías más importantes del país: Lehmann e Internacional. La Casa del Cuño, un moderno cubo de cristal que arropa en su interior el esqueleto de hierro de la antigua estructura declarada patrimonio cultural, fue la sede de las editoriales independientes (Lanzallamas, Germinal y otras). Mario Bellatin la bautizó como el pabellón Mac, mientras que la nave central decía que era el PC. Este autor habló el primer día como máximo exponente de la delegación del país homenajeado, precedido por la  apertura  de la exposición de fotografías de la mexicana Lourdes Grobet con su Espectacular de lucha libre.

Una tarde completa se dedicó a las crónicas. Entre otros panelistas, Sergio Ramírez (el veterano escritor nicaragüense que también presentó en la feria su último libro de cuentos, Flores oscuras), comentó que el uso del Twitter es un gran entrenamiento para la crónica, que el auge actual de la misma le quita espacio a la ficción y dejó en el aire esta pregunta: “¿hasta qué punto es permitida la invención en un crónica?”. El costarricense Carlos Cortés enfocó su exposición en el contexto centroamericano. Le gusta llamar a la crónica como ficción real y habló del determinismo geográfico en la crónica en Centroamérica. El argentino Roberto Herrscher centró su exposición en el libro Miguel Mármol, de Roque Dalton. También intervinieron Hernán Casciari (lúcido e irreverente –la crónica me aburre un montón–), Jorge Carrion (la crónica como etiqueta menos útil que la no ficción), Sanjuana Martínez y Álvaro Murillo. Carrion, a su vez, había presentado Teleshakespeare, de la editorial Germinal: un ensayo que trata sobre las series de televisión  norteamericanas y su influencia en nuestra cultura.

Dos cosas quedaron claras en el conversatorio con las editoriales independientes: una, que la motivación principal de los editores es el amor por lo que hacen; y la segunda, reflejada en la observación que de alguna manera compartieron los miembros de la mesa, cuando Gerardo Guinea Diez, editor guatemalteco de Magnaterra, dijo: “ser editor independiente es el peor error de mi vida”.  Oscar Castillo, de la costarricense URUK, con treinta años en el mercado, afirmó que estuvo dos veces a punto de quebrar. Eugenia Wo Ching, de REA  y Ediciones Lanzallamas, puso énfasis en la calidad de las obras (que imprimen en Estados Unidos), y los ochos pasos de revisión antes de ir a la imprenta. Lina Meruane, de Brutas Editoras, habló sobre su experiencia de montar una editorial en Nueva York. Se puede deducir de las intervenciones que un tiraje promedio para un mercando como el de Costa Rica oscila entre los 300 y 500 libros y existen unos 500 puntos de venta (librería y otros).

Una abarrotada concurrencia se dio cita para la presentación de Larga noche hacia mi madre, de Carlos Cortés en la sala de ensayos de la Compañía Nacional de Teatro, obra galardonada con el XIII premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte, presentada por Alfaguara, que ocurría de manera simultánea a la del Teatro de la Aduna, Con sangre en el ojo, de Lina Meruane, ganadora del XX Premio Sor Juana Inés de la Cruz de la FIL Guadalajara 2012.

En medio de la fiesta de las letras se oía a menudo, desde los salones, las bocinas de los trenes, las campanas aledañas de la Iglesia de Santa Teresita, la lluvia mordaz y matemática de las tardes. Una feria que recibió más de 30.000 visitantes, lo que en un país de unos cuatro millones y medio de personas, es una cifra respetable (casi el 1% de la población). Costa Rica  sorprendió con una feria de primer mundo.