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Walter Benjamin: Moscú o el diario de la derrota

“Diario de Moscú” narra las vivencias de Walter Benjamin de su viaje a Rusia entre diciembre de 1926 y febrero de 1927. Incluye narraciones de vida cotidiana, desencuentros amorosos, así como reflexiones  filosóficas y políticas

“Diario de Moscú” narra las vivencias de Walter Benjamin de su viaje a Rusia entre diciembre de 1926 y febrero de 1927. Incluye narraciones de vida cotidiana, desencuentros amorosos, así como reflexiones filosóficas y políticas

Hay casos en los que el ejercicio de escribir un diario –bien sea de ruta, íntimo, testimonial–, implica traspasar una barrera: la del constreñimiento, que queda arrinconado cuando no permite la libertad del impulso. También es excavar en profundidades, es un ejercicio intuitivo. Para algunos artistas ha implicado un acercamiento distinto de parte de un público que llegamos a sentir admiración voyerista. De allí surge “Diarios: La disciplina de los recuerdos”, este dossier dominical en que presentamos al lector ensayos de Nelson Rivera, Norma J. Socorro, Narcisa García y Grisel Arveláez explorando los universos íntimos de Walter Benjamin, Anaïs Nin, Diane Arbus o la manera cómo en dirección de cine Sofía Coppola plasma la noción de un diario

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Cuando viaja a Moscú, en diciembre de 1926, Walter Benjamin tiene 34 años. Unos meses atrás ha muerto su padre. Ya entonces, la precariedad de su economía se ha vuelto crónica. Hasta hace poco, su corazón todavía titubeaba entre Dora, la madre de su hijo, y la escultora Jula Cohn, una amiga que lo cautiva (sentirse atraído por sus amigas era común para Benjamin). La sensación de que el viaje a Moscú, como otros suyos, tiene algo de huida, parece fecunda.

Es posible que el prólogo al Diario de Moscú, escrito por Gershom Scholem en 1980 (publicado en español en la traducción que la editorial Taurus hizo en 1988), haya galvanizado la tesis de que Benjamin, además de su interés por Asja Lacis, había tomado el tren en medio del crudo invierno, también para “calibrar de cerca la situación rusa” y para evaluar su posible afiliación al Partido Comunista de Alemania (hay que recordar que Scholem desdeñaba el interés de Benjamin por el marxismo, y que la fascinación de su amigo por Lacis le resultaba todavía más irritante).

La lectura del Diario de Moscú distribuye las cosas de otro modo: Asja Lacis es la obsesión, el desespero, la dínamo que determina los excepcionales raptos de buen ánimo y, sobra decirlo, el influjo de la casi permanente aflicción del Benjamin de aquellos días. Por supuesto: el diario no se agota en los vaivenes amorosos. A medida que el enamorado reporta el desmoronamiento, no de la relación, sino de la posibilidad de establecer una relación con Lacis, la máquina-Benjamin de observación no se detiene: con precisión de tallista describe juguetes y dulces de pastelería, escaparates y museos, plazas y aderezos navideños. Nada escapa al minucioso, a pesar de que se siente arrinconado por el frío, expulsado de la cotidianidad por su total desconocimiento de la lengua rusa, derrotado en cada uno de sus sucesivos intentos por conquistar a Lacis. Es un viaje al desencuentro. El desconcierto de Benjamin es urbano y sentimental. Al tiempo que persigue a la mujer, persigue a la ciudad. Una y otra le resultan inatrapables, ilegibles. Una y otra, ajenas. Nada más revelador que los relatos de los contratiempos moscovitas, que el ansioso extraviado, que en cualquier momento levanta su mirada de miope y no sabe dónde está.

A fin de cuentas, un solitario

Comienza a escribir el diario el 9 de diciembre, tres días después de su llegada. En el andén lo espera Bernhard Reich, su rival: compañero de Asja Lacis, dramaturgo y director nacido en Austria, y autor de una biografía de Brecht. Durante los casi dos meses que duró el viaje, Benjamin dependerá de las relaciones, el manejo de la lengua y el conocimiento de la ciudad de Reich.

El primer día Benjamin experimenta la que será una alegría cada vez más infrecuente y efímera: pasar unos minutos a solas con Asja. Reich siempre está y, de no estarlo, aparece a los minutos. A veces, a Benjamin le toca la turbadora experiencia de estar allí cuando la pareja discute. Al principio, ella está incómoda: alterna el ‘tú’ con el ‘usted’. El 14 de diciembre Benjamin ha concluido que será imposible verla a solas. Cuando van a un teatro, Reich se interpone con el argumento de que para ella, que está enferma y vive temporalmente en un sanatorio, le cansará tener que traducir a Benjamin lo que pasa en la escena. Benjamin y Reich comparten una habitación. Mientras están juntos, Benjamin escribe: “Los evidentes éxitos logrados por Reich, uno tras otro, después de seis meses sumamente difíciles, a lo largo de los cuales, sin dominar la lengua, ha pasado frío y tal vez incluso hambre, hacen que tenga una posición muy fuerte”.

Por momentos, Benjamin tiene algo infantil: intenta arrancarle un beso a Lacis; o le dice que quisiera tener un hijo; a veces le teme y calcula que no sería capaz de vivir con ella bajo un mismo techo; hay momentos en que se siente unido a ella; otros, recurrentes, donde todo parece ensombrecerse. En más de una ocasión espera que ella cumpla la promesa de visitarle en la habitación. El 10 de enero discute agriamente con Reich. Por aquellos días, Benjamin ya sabe que debe marcharse y que todo aquello lleva el signo de lo irremediable.

Benjamin debe contar cada moneda para mantenerse en Moscú. En la que debe ser la escena más dolorosa del diario, Asja Lacis le pide dinero a su empobrecido enamorado. El día anterior Benjamin le había hablado a Reich de la posibilidad de que le prestase dinero para regresar a Berlín. Entre Lacis y Benjamin se produce una disputa, que nos devuelve al lado más procaz de lo cotidiano.

Ha previsto marcharse el 21 de enero, pero la llegada de un cheque de Dora le permite quedarse unos días más. Visita varias veces el Museo de Juguetes. Habla largamente por teléfono con Asja. En un encuentro, próximo a la partida, Lacis le dice a Benjamin que él ha sido la fuerza (la debilidad) que hizo imposible el matrimonio entre ambos. De regreso a Berlín, Benjamin lleva unos juguetes en su maleta y los ojos llenos de lágrimas.


DIARIO DE MOSCÚ

Walter Benjamin

Ediciones Godot

Argentina, 2011