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Josué Fernández es autor de 'Evanescencia de la Imagen Corporativa', en tándem con Carlos Alarico Gómez, Publicaciones UCAB, 2016

Josué Fernández es autor de 'Evanescencia de la Imagen Corporativa', en tándem con Carlos Alarico Gómez, Publicaciones UCAB, 2016

“La afanosa búsqueda de la verdad auténtica se hacía responsabilidad de las masas, aunque con frecuencia apoyada por ‘formadores de opinión’, los cuales tomaron asiento en medio de las tramas”

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I

La contaminación que va más allá de su derivado ambiental como amenaza al planeta, debido al calentamiento global, se manifiesta al unísono en la hipertrofiada invasión comunicativa, elevando colateralmente la temperatura de nuestros cerebros.

El fenómeno transcurre casi desapercibido, enganchados como vamos a una extensión de la mano, suerte de corvo a lo capitán Garfio, y la vista fija allí en continua y evasiva danza de dedos, supeditados a un mundo distante. Así, la imaginación y la realidad convencionales vendrían rindiéndose a sub-productos enlatados del ciberespacio, los que a su vez condicionarían la visión  y percepción particular, con escasa resistencia posible.

La imaginación que abarca a la imagen, arrastraría a esta última a la  misma celda común. Va quedando atrás la sentencia sobre imágenes que respondían a ideales y fantasías, catalogadas de “aprensión falsa o juicio de algo que no hay en realidad, o no tiene fundamento”, según lo prescribió el diccionario de la Lengua Española en las acepciones al respecto.

II

Con la aparición y desarrollo de los medios modernos de comunicación, sincronizados con el advenimiento de  la sociedad industrial y urbana, al lado despegaría vuelo el oficio de asegurar espacios en ellos para individuos, organizaciones, ideas, productos o servicios.

Los favorecidos supremos ocuparon la cumbre social en menor tiempo, ayudados por encargados de manejar sus apariciones de cobertura mediática. Por décadas, esos servidores asumieron el rol de ilusionistas, capaces de vencer los muros de la visibilidad, inaccesibles a la gente común.

Durante medio siglo al menos, fueron ellos los “creadores de imagen”, dentro de un subyacente y difícil concepto de maquillaje especializado. Pero denuncias de la prensa insurgente y los periodistas de investigación, simultáneamente prorrumpieron como amenazas orientadas a la evanescencia de esa imagen prefabricada. Los escándalos que recibían ampliaciones a la par, acabarían con reputaciones envueltas en papel periódico, ondas radiofónicas o estudios de televisión.

III

Conocer las dos caras de una misma moneda serviría de freno, a la aceptación automática de los comienzos, de los contenidos de mayor interés. La afanosa búsqueda de la verdad auténtica se hacía responsabilidad de las masas, aunque con frecuencia apoyada por “formadores de opinión”, los cuales tomaron asiento en medio de las tramas.

En sentido extendido, el maquillaje comunicativo se convertía en complemento de la función, pero no en la función misma. En ese momento se calzó la etiqueta de “imagen corporativa”, para identificar un catálogo de herramientas, derivadas de encuestas de campo, y trabajos académicos. La figura y el fondo aparecían con nitidez sin precedentes, con la fuerza de la luz de la veracidad, sobre la base de comunicaciones simétricas de ida y vuelta.

La práctica de la comunicación corporativa tendría diversas interpretaciones sin embargo, e incluso todavía se cree en recintos que propician descrédito para la disciplina, como el salvoconducto para saltar omisiones éticas con impunidad. Afortunadamente, al final se viene aceptando que las comunicaciones sistemáticas de un ente ayudan para alcanzar armonía con los otros, pero jamás como sustituto de la transparencia debida del cumplimiento del contrato social.

IV

El último período conocido de evanescencia de la imagen sigue en efervescencia, a partir de la firme tendencia generalizada de desnudar la verdad, virtual, hasta sus íntimos confines, aliviando de paso esfuerzos a la imaginación. Distraídos y ocupados los sentidos en descifrar los mensajes con sonidos, imágenes y acción instantáneos, al alcance inmediato de los dedos, la tarea de no dejar nada a la suposición pareciera fácilmente cumplida.

La comunicación corporativa compendia alegatos pertinentes para reforzar situaciones preventivas de mantenimiento en la memoria colectiva, preferiblemente, o para responder puntualmente a crisis contingentes. Es antídoto al efecto de la convergencia de propicias pesquisas de los receptores, en demandas progresivas de detalles; y la oferta multimedia cortada a la medida en las redes sociales de hoy. La verdad probable de un momento dado trepa tenazmente las fibras del éter circundante inmediato, supliendo la superficie bruñida adecuada que la torna resplandeciente.

Las tácticas y estrategias de las mejores prácticas de la comunicación corporativa para evitar la evanescencia, pivotan inequívocamente en los límites de la claridad comprobable y explicita. La imagen nítida es perceptible únicamente si existe la luz que la separa de la oscuridad, de las bocas de lobos, de las intensas negruras. La imagen desaparece cuando extinguimos el brillo a su alrededor o cuando cerramos los ojos.