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Violencia y frenesí en el discurso de José Pulido

Los héroes son villanos tímidos, de José Pulido

Los héroes son villanos tímidos, de José Pulido

En Los héroes son villanos tímidos, José Pulido hace un “retrato de la realidad del barrio venezolano, que ha resultado ser una manifestación hiperbólica de los asentamientos humanos en Latinoamérica, es en este contexto un documento que servirá el día de mañana para el trabajo de investigadores que indaguen en este sustrato”

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La representación que hace José Pulido en su narrativa sobre la realidad venezolana es demoledora. En efecto, la construcción planteada en el libro Los héroes son villanos tímidos supone una profunda reflexión acerca del verdadero drama social en Venezuela: la violencia. Y no queda únicamente aquí el abordaje de esta pieza, sino que se aproxima a aspectos incluso lingüísticos que son resultado obvio de la situación de deterioro nacional que experimentamos en el presente.

Basado en una sucesión frenética de atmósferas, el autor hace una puesta en escena de la violencia desmedida y sin asideros. El retrato de la realidad del barrio venezolano, que ha resultado ser una manifestación hiperbólica de los asentamientos humanos en Latinoamérica, es en este contexto un documento que servirá el día de mañana para el trabajo de investigadores que indaguen en este sustrato. Y es que el dialecto del malandro, del asesino y del traficante no puede ser observado desde una perspectiva moral, sino como la manifestación de algo que, en efecto, ha resultado nocivo en la medida que redunda en condiciones de vida deplorables y en la tragedia ilimitada.

Encontramos una variedad de historias tan variopintas como insólitas en este libro de cuentos; aparecen así el asesino compulsivo y sin emoción, el traficante de drogas, el joven de “buena familia” que termina siendo un vago de solemnidad, las hermanas que son prostitutas, los personajes del barrio en el clásico juego de fútbol o “caimanera” y  el prospecto de grandes ligas que termina, al igual que nos ha ocurrido como nación, saboteando su propio éxito cuando éste está en puertas.

Y es que por la naturaleza de las atmósferas la verosimilitud es extrema aun cuando pareciera que los relatos están situados en el lugar más ruinoso del mundo. Esa es parte de la naturaleza del barrio, una mágica religiosidad que redunda en esta suerte de género bien particular que me atrevo a nombrar como fantástico creole. En este sentido no dejan de haber matices de misticismo cuando el narrador alude a momentos trascendentales como la muerte del padre de los protagonistas en el cuento Nunca llegaron rosas para el amor de ayer. De esta forma, con palabras que dan un máximo nivel de realismo a la escena el autor nos refiere que “el hombre abrió los ojos hasta desorbitarlos y luego los cerró llevándose un trozo de techo blanquecino, unas aspas y un aleteo de persianas para el más allá”.

Sin embargo, hay una dimensión de lo emocional muy patente en estos pasajes en lo referido a la interrelación padre hijo. Aparece, en este espíritu, el obvio rencor del hijo ante el padre que lo abandona, al igual que el deseo de aquél por matar a éste.

Algo que es leit motiv en este trabajo es la forma como están elaborados los knock outs o cierres de las historias que sin duda llegan a una constelación del absurdo con matices surreales. En líneas generales, el lector culmina los cuentos con un sobresalto que lleva a la interrogante de qué pasó aquí y —más allá de ello— incluso fuera de la ficción y en la realidad aludida por ésta a qué está pasando aquí. En este punto lo paradójico del texto y de la tragedia venezolana aludida por éste se bosqueja en el hecho de que terminemos riéndonos de ella, de que la desgracia termine siendo algo chistoso, así como los 52 muertos de El Yimi, uno de los antihéroes de José Pulido.

Pero en medio de esa baraúnda de caos continuado al que alude el escritor, hay momentos que se refieren a emociones cargadas de profunda belleza melancólica, como ocurre cuando es relatada la cremación de la madre del protagonista del cuento El asunto es morirse. En ese instante la narración fluye con un “se fue a la calle a esperar y con el reproductor bajo el brazo, se sentó en un murito y se puso a llorar acompañado por el viento, las hojas y una mariposa”.

Asistimos con Los héroes son villanos tímidos a una fotografía sin precedentes del descalabro que suponen estos tiempos en Venezuela. Este trabajo invita a la reflexión de lo que somos y de aquella cultura en la que estamos inmersos y que pareciera llevarnos irremediablemente a un territorio apocalíptico.

 

Los héroes son villanos tímidos.

José Pulido.

Otero Ediciones.

Caracas, 2013.