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Viaje a la incertidumbre

Viaje a la incertidumbre  / Stock.Xhchng

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Viaje a la incertidumbre, de Juan Páez Ávila, es la segunda novela de una trilogía donde se trata del drama de la izquierda ex guerrillera, que se autojustifica para seguir asaltando las arcas públicas y hundirse en el pantano del narcotráfico y el sicariato

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La sensación que experimenta el lector con la nueva novela de Juan Páez Ávila es la de atravesar un espejo, como en las películas de ciencia ficción, que, con sólo tocarlo, te traslada a un mundo paralelo, bastante familiar para cualquier venezolano de nuestros días, que en la ficción del novelista se convierte en una especie de Aleph borgiano; un vórtice del espacio-tiempo  que nos permite vivir una coexistencia con el ahora y el pasado no muy lejano. El lector de novelas tiene el privilegio de observar el desarrollo de la trama y, al mismo tiempo, leer los pensamientos y emociones más internas de los personajes.

En la ciudad-nación de Carohana, que Juan Páez Ávila introdujo hace unos años en su novela Coroneles de Carohana, el abogado constitucionalista y profesor jubilado, Juan Cecilio Manovuelta, protagonista principal de esta obra, emprende ilusionado un viaje en busca de la amante de su juventud, Isa Montes, quien lo abandonó para embarcarse en la peligrosa aventura de  la guerra de guerrillas. Su búsqueda comienza en un momento en el que ocurren cambios importantes en su vida: fue abandonado por su esposa y obtuvo su jubilación como docente de la universidad. Juan Cecilio sueña con encontrar a la hermosa guerrillera, con la que vivió apasionados momentos y que desapareció hace años, tras versiones contradictorias sobre su suerte. Unos le dicen que fue fusilada por sus propios compañeros de guerrilla, tras ser juzgada por traición a la causa. Otros, afirman que bajó de la montaña, en desacuerdo con los comandantes guerrilleros que se acogieron a la paz ofrecida por el gobierno central de Carohana, y que viajó a Corea del Norte, a estudiar su versión personal idealizada de esa sociedad comunista y buscar ayuda en armas y dinero para continuar la guerra.  

En su trayecto, Manovuelta se va relacionando con una pléyade de personajes ligados a la izquierda guerrillera, muchos de ellos  convertidos en altos funcionarios del gobierno, dedicados al enriquecimiento vil, producto de la más descarada corrupción y a actividades relacionadas con el narcotráfico, la extorsión y el robo de propiedades basado en las ocupaciones de tierras productivas, previamente invadidas por “campesinos portátiles”, convenientemente transportados desde las ciudades por los corruptos funcionarios, en plena complicidad con oficiales de las fuerzas armadas y policiales de la ciudad-nación.

Juan Cecilio se conecta con capos de  peligrosas mafias de ex-revolucionarios, en la búsqueda del rastro perdido de Isa. Se entera de que las fuerzas del orden y los tribunales son simples instrumentos de coerción y extorsión de las mafias del narcotráfico y del peculado apoyadas desde lo más alto del poder político. Al mismo tiempo, a través de un inteligente niño de la calle, Joseíto, se da cuenta de que, en un segundo plano, los pobres viven bajo la amenaza constante de bandas de malandros manejadas por las mafias de la droga, que roban, matan y violan a su antojo en las barriadas más humildes. Es un contraste que le angustia y le hace preguntarse ¿cómo puede él ayudar a esas personas a salir de una vida miserable y peligrosa? Se retrata el abogado como un personaje  humanitario, idealista, que nunca aceptó la vía de la violencia política y creyó en la justicia y las leyes, como debería ser en naciones civilizadas.

En contraste con Manovuelta y sus ideales democráticos, Isa su amada guerrillera, representa el dogma de la izquierda mundial que crea un discurso heroico, mitológico, idealizado y sustituye con él las realidades sociales, políticas y económicas de las sociedades. Esa visión filtrada hace que las más horrendas y corruptas dictaduras sean para la izquierda, “políticamente correctas”  o aceptables bajo el prisma del lente de la revolución que jamás llega al presente, siempre es algo “por hacerse” en una promesa que nunca se cumple.

También se encuentra con ex guerrilleros como Levy, el dirigente de una ONG, luchador social, que realmente comprende la inutilidad e inconveniencia de la lucha armada y se convierte en un socialdemócrata, que lucha dentro del sistema legal y político por los derechos de los más pobres del campo y la ciudad. Entre sus contactos, otro grupo se dedica a vivir una vida productiva de trabajo y de diversión, alejado de las viejas militancias ideológicas. Así, se ve envuelto en una relación pasional con una hermosa arquitecta, Maritza Machado,  muy próspera e independiente, que hace grupo con el doctor Edwin Querales, médico y su amiga Elsa, amante de este. El trío visita asiduamente los buenos restaurantes, las discotecas y los lugares de diversión y trata de abstraerse e ignorar los problemas del entorno. Hasta que los crímenes y el sicariato de los carteles de la droga, que manejan el gobierno, los convencen que Carohana está en una crisis demasiado profunda para ignorarla y, entonces, deciden emigrar. En su despedida, Maritza le dice a Manovuelta: “Sí, Juan Cecilio, no hay posibilidades siquiera para amarse sin sobresaltos. No sabemos si en las próximas horas somos las nuevas víctimas del odio que nos divide en amigos y enemigos”.

En esta segunda novela de una trilogía el drama tratado es el de la izquierda ex guerrillera, que se autojustifica para seguir asaltando las arcas públicas y hundirse en el pantano putrefacto del narcotráfico y el sicariato. La primera, Crónica de una utopía fue dedicada a las contradicciones de los militares que detentan el poder, gracias a su comandante, y coexisten con los civiles a quienes combatieron en las guerrillas. ¿A dónde iremos con la tercera novela? La búsqueda de Isa, la comandante guerrillera que se aferra al dogma comunista,  el idealizado amor de Juan Cecilio continúa. Hay que leer Viaje a la incertidumbre”, escrito por un hombre, Juan Páez Ávila, que ha dedicado su vida a la comunicación y la política, siempre guiado y apegado a sus valores y que ha observado cómo a su alrededor la corrupción y los antivalores sustituyen en viejos izquierdistas a los ideales de la revolución.

Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia, como diría el cuadro final de una película.