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Estado de la lengua en Venezuela VIII
Responde Luis Alfonzo Herrera

Luis Alfonzo Herrera / Archivo El Nacional

Luis Alfonzo Herrera / Archivo El Nacional

Siete preguntas conforman la serie, que dio inicio ayer. 12 intelectuales y escritores han respondido a las preguntas formuladas. El lector está invitado, desde el 17 hasta el 28 de julio, a seguirla diariamente en la página web de El Nacional

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―¿A la crisis venezolana, se corresponde una crisis de la lengua en Venezuela? En otras palabras: ¿cuál es el estado en nuestro país, de la lengua en uso?

En efecto, puede establecerse un paralelismo entre la crisis padecida en los planos político, social, económico y jurídico y la que sufre la lengua del venezolano (tanto la de oficialistas como la de los que no lo son). Esa crisis se expresa en el empobrecimiento del contenido y los usos de la lengua, la cual se ha llenado de insultos, palabras inventadas, lugares comunes, frases vacías y eufemismos. En el habla común predominan narraciones y oraciones aisladas, y están ausentes explicaciones y argumentos. El habla expresa el pensamiento y la capacidad cognitiva, de modo que la crisis de la lengua implica crisis en la capacidad de formarse ideas, juicios, conceptos, usar la lógica y razonar. El deterioro comenzó antes de 1998 (como lo advirtió Rafael Cadenas en En torno al lenguaje), pero la situación de la lengua empeoró con la llegada de Hugo Chávez al poder, ya que se convirtió en política de Estado su manipulación y degradación. El estado actual de la lengua en uso es decadente, lo que la inhabilita para lograr objetivos como comunicar, informar, persuadir, conmover, juzgar, etc.      

―Los estudiosos señalan que una de las consecuencias, derivadas de la lengua totalitaria, es la alteración del vínculo de las personas con lo que llamamos verdad: con los hechos y con la lógica de los hechos. ¿Ha logrado la lengua del régimen y sus prácticas, alterar la percepción de la realidad por parte de los ciudadanos.

―Son varios los efectos derivados de la instauración en una sociedad de una “lengua totalitaria” (una lengua artificial, tramposa, diseñada desde el poder para dominar y anular a los individuos, mediante el miedo y la subordinación absoluta a un mando central, como lo describió George Orwell en 1984 al describir el proceso de creación de la neolengua). Entre ellos figuran dividir a la sociedad (incomunicar), ocultar la verdad (entronizar la mentira), crear verdades oficiales (manipular el pasado y el presente), imponer un pensamiento único (anular el pluralismo de ideas y valores) y abolir las instituciones que garantizan la alternancia en el poder, la propiedad privada y la libertad individual. Varios de estos negativos efectos se lograron en la sociedad venezolana. La mayoría usa palabras y expresiones impuestas por el poder: los disidentes emplean términos peyorativos usados por el régimen en su contra para identificarse a sí mismo, como “escuálidos”. No se habla de revendedores, sino de “bachaqueros”, ni de República democrática, sino de “cuarta república”. Hay división, la alternancia en el poder, la propiedad privada y la libertad individual no existen y en su lugar funcionan instituciones colectivistas. Es la mentira la que rige las relaciones entre el poder y la gente. De modo que sí ha tenido éxito el régimen socialista en alterar la percepción de la realidad de los venezolanos, y mucho. Y ni los resultados del 06.12.15, ni el repudio mayoritario a Nicolás Maduro son prueba de que esa alteración haya sido superada.    

―Chávez puso en práctica el uso reiterado del insulto a sus oponentes. ¿Cree que los insultos del poder deben responderse en los mismos términos?

―Una acción al alcance de todos los que rechazan la lengua totalitaria, es no responder a los insultos con otros insultos. Y ello no quiere decir que a la descalificación no se la deba contestar. Hay que hacerlo, pero con inteligencia e imaginación, sin caer en la vulgaridad y violencia a las que el régimen socialista desea reducir a los venezolanos. Es muy criticable que los políticos de oposición o los ciudadanos en general respondan a insultos con otros insultos, o que critiquen a quienes detentan el poder con groserías, insultos o descalificaciones en lugar de hacerlo mediante denuncias y alegatos basados en ideas, hechos y valores. Al actuar así, le hacen el juego a la lengua totalitaria, ya que no permiten a la población diferenciar entre la lengua civil y democrática, y la lengua hegemónica y violenta del régimen socialista.

―¿Hay algún insulto, afirmación, eslogan o acusación lanzada por el régimen de Chávez y Maduro que le haya afectado personalmente?

―En lo personal no he sido afectado. Sin embargo, los insultos usados por el poder hacia quienes somos críticos del colectivismo impuesto afecta en diferentes formas la vida cotidiana. Por ejemplo, quienes trabajamos en organizaciones civiles privadas se nos descalifica e insulta por traidores, espías, etc. Ello implica una discriminación inaceptable, y plantea riesgos de tipo legal, contrarios a la libertad de asociación y Pactos internacionales de derechos humanos.

―Deseo pedirle que comente la frase que sigue a continuación, copiada de la cuenta oficial de Twitter del Ejército: “La lucha por la independencia continúa, Bolívar galopa con su espada desenvainada”.

―Esta frase es tan falaz como peligrosa, y por desgracia expresa dos mitos muy arraigados en buena parte de los venezolanos, desde antes de la llegada del régimen socialista al poder. En primer lugar, sostiene que la independencia de toda forma de dominación extranjera es un proceso que todavía no culmina (¡¡luego de 205 años!!), y que más importante que construir una República liberal democrática basada en la propiedad privada y el Estado de Derecho, es luchar contra los enemigos externos e internos de la independencia, y claro, que deben ser los militares siempre, y nunca los civiles, quienes dirijan al país en esa guerra sin fin. En este relato, la independencia de la Nación (ente colectivo) sepulta a perpetuidad la conquista de la libertad y felicidad individual (de personas reales). Es una tragedia que los venezolanos continuemos creyendo el idiota cuento marxista del imperialismo y la lucha de clases. En segundo lugar, sostiene que para lograr el único objetivo tribal que tendríamos como sociedad (la independencia), tenemos que ser fieles siervos de la acción y pensamiento de Simón Bolívar; que hay que asumir el bolivarianismo como única “filosofía política y de la historia”, exigencia que hoy día es derecho positivo pues vergonzosamente la Constitución de 1999 (que de Constitución tiene muy poco la verdad) estableció que la República es bolivariana. No hay nada más contrario a la libertad, a la democracia, al pluralismo y la república que imponer una doctrina única. A Bolívar hay que dejarlo que descanse en paz, pues poco o nada tiene que decirnos a los venezolanos del siglo XXI, en especial por sus iliberales ideas roussoneanas. Hay que liquidar esos mitos que generan servidumbre y pobreza. Urge hacer populares las ideas contenidas en libros como Del buen salvaje al buen revolucionario de Carlos Rangel, De la patria boba a la teología bolivariana de Luis Castro Leiva, La Herencia de la Tribu de Ana Teresa Torres, El Culto a Bolívar de Germán Carrera Damas y El Divino Bolívar de Elías Pino Iturrieta, entre otros.   

―¿Es legítimo el uso de la palabra traición en la opinión pública? ¿Hay quienes han cometido traición? ¿En qué sentido ha ocurrido?

Ni jurídica ni políticamente esta palabra debería tener cabida en el discurso público de una sociedad democrática. En el plano político, su uso abusivo o como vía fácil para descalificar al contrario ante los electores, debe ser advertido y rechazado por estos, ya que por esta senda se avanza hacia la criminalización de quienes piensan diferente, lo que liquida el debate democrático, el pluralismo y la posibilidad de elegir entre diferentes tendencias políticas. Jurídicamente, deben ser derogados todos los tipos penales que establezcan como delito la “traición”, término abierto a interpretaciones arbitrarias.

―¿Debe ser la lengua una política pública del Estado democrático? ¿Dirigida a qué objetivos?

―Sí, debe serlo. En gran medida, por no serlo entre 1958 y 1998, hemos llegado a esta tragedia colectiva que es la Venezuela de 2016. Tal y como lo explica Martha Nussbaum en sus libros Sin fines de lucro y Emociones Políticas, formar ciudadanos capaces de actuar libremente en el marco de instituciones democráticas pasa por educar en el uso de la lengua propia y lenguas extranjeras, más allá de los anquilosados y tristes cursos de castellano y literatura. Pasa por convertir el uso de la lengua en una actividad lúdica y cognitiva a la vez, cultural, entretenida, que permita debatir, argumentar, reconocer y apreciar las diferencias, usar la literatura y el teatro para promover la tolerancia y la convivencia, mostrar nuestras comunes vulnerabilidades y permitirnos llegar a acuerdos a pesar de las diversas visiones del mundo que tengamos. Preocupa que políticos, la academia, organizaciones civiles y centros culturales no le den importancia a este problema. Solo algunos académicos como Carlos Leañez, Colette Capriles, Francisco Javier Pérez y Oscar Lucien han insistido en la gravedad del asunto. En Alemania, debido a lo que describe Víctor Klemperer en LTI. La Lengua del Tercer Reich, se adoptaron medidas para recuperar la lengua alemana del daño que le ocasionó el nacionalsocialismo. Aquí habrá que hacer algo similar: urge depurar los textos de educación básica repletos de la neolengua oficialista, eliminar la simbología partisana bolivarianista y recuperar los símbolos de la República civil democrática, no usar en discursos públicos términos castrenses (comando, batalla, etc.), palabras inventadas (pranes, colectivos, claps, etc.), insultos y lugares comunes colectivistas (pueblo, poder popular, contraloría social, etc.), empleados para engañar e idiotizar a las personas, derogar la Ley para sancionar los Crímenes en el Periodo 1958-1998, y restablecer a plenitud la libertad de expresión e información. En el libro La Neolengua del Poder en Venezuela. Dominación política y destrucción de la democracia, varios especialistas proponemos acciones concretas para revertir el deterioro de la lengua para sea un pilar de la convivencia libre y democrática.