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Universos de ensueño

Cardenal No. 3, 2012. Acrílico sobre tela, 1.24 x 1.17

Cardenal No. 3, 2012. Acrílico sobre tela, 1.24 x 1.17

Irrumpir en el universo onírico de Carmelo Niño (Maracaibo, 1951) implica entrar en un espacio que mientras más lógica pierde mayor fuerza cobra, sumerge en ensueños y fantasías

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Irrumpir en el universo onírico de Carmelo Niño (Maracaibo, 1951) implica entrar en un espacio que mientras más lógica pierde mayor fuerza cobra, sumerge en ensueños y fantasías. Le interesa mantenerse dentro de la pintura figurativa, “soy un artista figurativo” asegura con énfasis pero, tras la aparente evidencia de sus figuras y formas, se apoya en exploraciones del color y de las posibilidades de los materiales para crear una plástica que revela trasfondos ambiguos: queda en entredicho cualquier lógica y prevalecen escenarios fantásticos desplegados según las especificidades de cada personaje, todos producto de la imaginación de Niño.

Arlequines ensimismados en sus acciones, por ejemplo tocando flauta, encuadrados por formas fantasmales de otros arlequines que parecen volar o levitar. Grupos familiares ubicados en escenarios campestres, o de playa, o simplemente posando al pintor, acompañados de peculiares mascotas, pocas veces tiernas o angelicales –algunos de sus perros los ha humanizado como lo hace la mente humana al soñar; no obstante, no son animales estrictamente antropomorfos-.

En sus retratos las miradas penetrantes y fijas intimidan, son figuras hieráticas que emanan abolengo pero también profunda soledad. De alguna manera, la atmósfera pictórica de Carmelo Niño despunta fuerza onírica para generar interrogación a la par de cuando despertamos de un sueño y nos preguntamos cómo la mente puede crear imágenes tan insólitas.

Nacido en la ciudad de Maracaibo, desde pequeño estuvo rodeado de ambiente artístico, sobre todo musical. A los 15 años ingresó en la Escuela de Artes Plásticas Neptalí Rincón en Maracaibo y, en 1969, se marcha a estudiar en la Academia San Fernando de Madrid donde aprovechó para reforzar sus estudios teóricos y prácticos visitando talleres y museos. Al regresar a Venezuela se hizo cada vez más un hecho el florecimiento de su arte. Siempre se ha caracterizado por ser un artista activo, que constantemente está creando y ha estado vinculado al mundo de las exposiciones. Así pues, esta trayectoria ha dado lugar a que Niño formase una paleta particular que navega en las libertades de las temáticas fantásticas.

Sin duda, Carmelo Niño es un conocedor del arte clásico y de vanguardia. Esto, junto con la trayectoria que atesora, ha alimentado el contenido visual y estético de su imaginación: sus retratos recuerdan al barroco flamenco, los arlequines podrían rememorar a la pintura metafísica y, sin embargo, aunque se atisban estas vertientes del arte, su producto final refiere a su propio imaginario.

A pesar de esa libertad artística que le confiere plasmar universos fantásticos, Niño se mantiene dentro de los esquemas clásicos de composición: encuadra sus personajes en estructuras piramidales; aparece un punto de fuga y, por ende, surge el virtualismo de la perspectiva; prevalecen composiciones en base a figuras-fondos y se evidencia la división de planos. El distintivo es que sus figuras vuelan, levitan, esperan eternamente, hurgan en nuestras miradas, no las afectan sus entornos.

No pasa nada y, a la vez, sucede mucho en aquellos universos de ensueños. Esta dinámica entre onirismo, fantasía y realidad queda expresada en la exposición Figura y ensueño. Pinturas de Carmelo Niño curada por la historiadora del arte Bélgica Rodríguez que exhibe la Galería de Arte Ascaso, en Caracas.

FICHA TÉCNICA

Cardenal No. 3, 2012

Acrílico sobre tela, 1.24 x 1.17