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Ulrico Schmidel, el sobreviviente

Ulrico Schmidel Viaje al Río de la Plata

“Relatos de la conquista del Río de la Playa y Paraguay”, Ulrico Schmidel

Viajero e historiador alemán, Ulrico Schmidel acompañó al español Pedro de Mendoza en uno de sus viajes a América, de 1534 a 1553. Fue uno de los pioneros en la fundación de la ciudad de Buenos Aires

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1. Lamentablemente, son imprecisos y pocos los datos que tenemos para satisfacer la curiosidad que provoca un hombre como Ulrico Schmidel: parece haber nacido hacia 1510 en una familia de comerciantes de la Baja Baviera. Es probable que haya escrito su relato de la conquista del Río de la Plata y Paraguay entre 1562 y 1565, y quizás murió entre 1579 y 1581. Incertidumbres a las que hay que sumar todavía una más importante: qué impulsó a Schmidel a viajar hasta Cádiz, para embarcarse como soldado en una de las expediciones que capitaneó el adelantado Pedro de Mendoza, y que partió hacia las Indias en 1534.

 

2. Apostaría: se trataba de una formidable voluntad por la aventura. Pero esto también está en la zona pantanosa de lo probable. Lo cierto es que este alemán sobrevivió durante veinte años (1534 y 1554) a todas las muertes que aguardaban a los conquistadores de América, y escribió al regresar a su pueblo en Alemania, el breve y extraordinario relato “Historias verdaderas de una maravillosa navegación que Ulrico Schmidel, natural de Straubing, hizo durante los años 1534 hasta 1554 a las Indias o Nuevo Mundo, en especial por el Brasil y Rio de la Plata; lo que experimentó durante estos diecinueve años, y los extraños países y gentes que vio”. Todo ello descrito por el propio Schmidel.

 

3. 1534. En París, Ignacio de Loyola creaba la Compañía de Jesús, y en Cádiz, Ulrico Schmidel se embarcaba como lansquenete (soldados alemanes que pelearon por España contra la dominación de la Casa de los Austria), en el barco propiedad de los comerciantes alemanes Sebastián Neithart y Jacobo Welser, que formaba parte de la flota de catorce embarcaciones con que el adelantado de la Corona española, Don Pedro Mendoza, se disponía a zarpar para Nueva España. Aquí comienza la relación de veinte años, en la que Schmidel puso a prueba una y otra vez su increíble fortaleza física para el hambre, las enfermedades y los combates, su ingenio y valentía para no caer sorprendido en un ataque relámpago o el estoicismo con que soportaba días y noches enteros, caminando por aguas pantanosas en las que se hundía hasta la cintura. A lo largo de todo el relato uno tiene la tentación de pensar que sin la intromisión de ese factor que tan superficialmente llamamos la suerte, Schmidel no habría vivido para contarlo. Sólo los que decidan sus relatos podrán entender la dureza de este alemán que se enfrentó a realidades culturales tan distintas a la suya (canibalismo, tribus cortadoras de cabezas), o a situaciones tan lacerantes como ver morir a sus compañeros por hambre o por causa de raras enfermedades, envenenados con dardos, o en voraces naufragios. Ese mismo hombre que también participó en la fundación de Buenos Aires y La Asunción, es el que a posteriori, en el reposo de Straubing a orillas del Rhin, nos dejó este notable relato autobiográfico.

 

4. Las decisiones que Schmidel tomó para escribir estuvieron ligadas todas al formato de una narración directa y breve (probablemente influenciado por el ideal estilístico de la brevedad, tan importante en toda la Edad Media/Curtius), a una oralidad bien delimitada y a un riguroso uso del tiempo lineal. Sensata crónica autobiográfica de un raro protagonista que no es intelectual ni un lírico, ni un cronista ligado a la oficialidad política o militar de los conquistadores. Se trató entonces, de un hombre más ligado a Bernal Díaz del Castillo que a Gonzalo Fernández de Oviedo o López de Gómara: no olvidemos que esta es la historia de un simple soldado que estuvo más cercano al respeto antropológico que al nacionalismo cultural, que supo recordar al escribir, las atroces injusticias cometidas por sus superiores, en un relato sin intenciones literarias ni antropológicas, ni religiosas ni militares.

 

5. Del relato se desprende un hombre que tuvo poco que ver con el impulso individualista del Renacimiento. Se le puede relacionar más fácilmente con el organismo social del Medioevo y con un cauto interés por el colectivo. De hecho, no se da la postulación de un héroe literario: durante todo el recorrido, Schmidel tiende a confundirse entre el ramaje que le proporciona el uso de la primera persona del plural, como si escribiese para contar las hazañas de un yo colectivo, encarnado por sus muchos compañeros de aventura. Allí precisamente es donde destacan la tenacidad sobre el heroísmo, la solidaridad al grupo antes que la sumisión a la autoridad, la puntual perseverancia para sobrevivir sobre la vanidad de un hombre que cuando volvió a Europa, pasaba las tardes contando a todos los que quisieran oírlo, sus maravillosas experiencias en el Nuevo Mundo.

 

6. Hay un carácter inusual para un cronista como Ulrico Schmidel: su dosificado sentido del humor. Para un soldado como él, fue fácil acceder a esa cultura cómica popular (Bajtin) que no sólo tendía a la ridiculización de la cultura oficial, sino a buscar el apoyo que el humor podía darle para hacer menos dura la vida de todos los días. Esto es lo que nos permite explicar que este escritor no se haya sentido mayormente rechazado por el Nuevo Mundo, y que llegado el turno de escribir, lo haya hecho sin resentimientos, testimoniando con dignidad y entereza los sufrimientos de esos largos veinte años.

 

7. Lo fascinante de esta lectura es que nos permite el conocimiento de unos hombres que participaron en unas guerras y unos esfuerzos que no eran los suyos, como persiguiendo pruebas que les permitieran calibrar el coraje y la virilidad, valores exactos de un estoicismo que los mejores hombres de Europa buscaron muchas veces fuera de su Continente. De esa fortaleza interior es que nace un relato de las dificultades como este, donde no hay vencedor ni derrotado. El resultado es el sobreviviente de un arriesgado itinerario, en el cual están anunciados los rasgos dominantes de la época moderna: hombres que parten a la lucha, muchas veces en terreno enemigo, a debatirse solos o acompañados, a favor o en contra de las divididas fuerzas de la historia y la naturaleza.

 

8. Schmidel puede además, ser muy estimulante si pensamos que su relato tiene peculiaridades, llamativas ausencias en medio de una acción incansable y voluptuosa, donde unos hombres tratan de conservar la vida con muy poco éxito, al tiempo que entre parciales victorias y derrotas van arrasando con el enemigo. Me interesó, por ejemplo, su total desinterés por describir la naturaleza. También, la íntima satisfacción que sentía consigo mismo, por la forma como describe repetidamente las mismas características (con mínimas excepciones) para describir más de cuarenta naciones indígenas distintas que encontró durante su viaje. Me parece asombroso que se refiera a la fundación de ciudades como Buenos Aires y La Asunción en apenas dos líneas. Me desconcierta constatar que en su pensamiento y en su lengua no cabían los extraordinarios contenidos que se esperan de un europeo cuando se encuentra con el Nuevo Mundo.

 

9. Y me deleita su falta de pasión para quejarse, su sencilla manera de escribir, la extraordinaria vitalidad que emana, a menudo acompañada de una delgada y discreta ignorancia. Me deja pasmado que no haya reflexión. Que no haya el deseo obvio de auto-encumbramiento como en el caso de Bernal Díaz del Castillo que procuraba confundirse con los héroes y los capitanes. Me conmueve su sistemático sentido de la acción, casi cercano a una épica sin héroes, donde los hechos se van acumulando con insistencia. Me asombra que no planteé ninguna discusión sobre la legitimidad o no de la acción en la que tomaba parte. Me desconcierta que no quisiera opinar, ni hacer tesis, ni proponer soluciones, y que en ninguna parte uno lea que esa era una batalla del progreso o de la razón o de Occidente o de España o de los comerciantes alemanes. Es más, estrecharía la mano de Schmidel por haber sabido ocultar su vanidad en ese estilo breve y directo, que hace énfasis en la acción, orgulloso de la supuesta objetividad de haber visto y vivido cada uno de los hechos.

 

RELATOS DE LA CONQUISTA DEL RIO DE LA PLATA Y PARAGUAY

Ulrico Schmidel

Alianza Editorial

España, 1986