• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Trenes y nostalgias

“La memoria de los trenes” (Eclepsidra, 2015) / Foto victoria.ca.eventsdroid.com

“La memoria de los trenes” (Eclepsidra, 2015) / Foto victoria.ca.eventsdroid.com

El pasado mes de julio, en un acto que tuvo lugar en el Museo Sefardí, la presentación del libro de poemas, “La memoria de los trenes”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Antes de compartir mis breves palabras sobre este hermoso poemario, quiero contarles que Victoria Benarroch y yo nos conocemos desde el año pasado y concretamente en una circunstancia muy particular. El país se encontraba en estado de conmoción y Victoria y yo nos empezamos a comunicar por vía de la red social del Facebook. Victoria tiene esa facultad de entrar y salir de las redes, con mucha  destreza. Nuestra comunicación fue intensa, nos dábamos aliento, apoyamos como pudimos, y sin saberlo tramamos un lazo que aterrizaría en el hecho de que yo sea la presentadora de este libro que me ha conmovido profundamente. Ese dolor-país, que es el eco de tantos dolores propios y ajenos está en el poemario. Transita por él, desde el único lugar posible para traducirlo: la experiencia íntima.

Pero es que en ese contacto de redes, descubrimos algo más. Mi primera estación había sido el encargo de un libro familia, donde yo recogería todas esas voces posibles venidas desde el lejano Tetuan, y que conforman sus ascendientes: los Taurel- Benatar, los Benarroch en un largo tránsito de herencia cultural y religiosa del Sefarad. Este libro Memoria de los Trenes, fue nuestra tercera estación.

Joseph Brodsky el poeta ruso, nacido en Leningrado, premio Nobel y asumido  norteamericano, fue castigado al ser considerado un “paria social” era poeta. Brodsky dice que  “la poesía no es un arte ni una rama del arte, siempre es algo más”

Me gusta la idea, y la hago mía, de la poesía como ese algo más, porque entonces se desprende de la necesidad de ser algo con respecto a otra cosa, al objeto que nombra. No necesita de más nada, “se basta “a sí misma es esencia. Sustancia poética.

Me gusta esa amplitud de decir que es algo más, porque la poesía es la gran casa, la poesía es la casa de la palabra: lo es todo, porque da voz al silencio último. Lo hace hablar, como dice Luis Yslas en su libro A la Brevedad posible. La poesía nos hace “pronunciar un idioma dentro de otro idioma”.

Algo similar ocurre con este libro, devenido en bitácora de navegación llamada La memoria de los trenes.

Dice el poeta Antonio Machado “Yo nunca duermo en el tren y sin embargo voy bien…”

En el tren hay un perpetuo estado de vigilia, como en el poeta. No importa, si duerme, siempre habrá de estar expectante ante la posibilidad de que llegue el poema.

Es una espera activa como dice el maestro, Armando Rojas Guardia, pero espera al fin, que deviene en persistencia en lo esperado.

“Este placer de alejarse…” Dice Antonio Machado más adelante en su poema de los trenes y nos entrega un vagón mas en este viaje, este placer de alejarse decimos junto al poeta, que es el goce de celebrar la errancia como condición de la humanidad primera. 

Como todo libro no responde preguntas, abre interrogantes, nos deja lleno de preguntas:

¿Desde qué lugar partimos? ¿A dónde llegaremos una vez que emprendemos el viaje? ¿Dónde nos bajamos? ¿Qué lugar pasan a tener las estaciones en las que no nos bajamos? ¿que van quedando como paisajes no habitados?

Se huye o se va tan solo en tránsito. O sucede como dice Fabio Morábito “los que emigran han visto demasiado”…

Hay lugares a los que no se regresa. Porque no se van nunca de uno. Eso parece decirnos la poeta en este devenir, en este transcurrir de estaciones.

El poete vive en una especie de permanentemente umbral, de espera, de vigilia, aguardando. Dejando atrás, eligiendo, viendo pasar.

El poemario de Victoria parte de la estación Sinagoga, de la oración en otros para cerrar celebrando el éxodo, como si festejara ese estadio de errancia para encontrar en ella el sentido de la permanencia.

Un espacio, de transito que se lleva en los bolsillos, una heredad que por ser tránsfuga, necesita de la tradición y la devoción. Honra su origen y sus tradiciones, va del nosotros al yo, y de ahí se hace universal, voz de todos y de la otredad.

Los invito a subirse a la memoria de este tren donde viajamos todos.

La memoria de los trenes

Victoria Benarroch

Editorial Eclepsidra

Caracas, 2015