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Treinta y tres piezas memorables para dibujar un mapa de las emociones

Ednodio Quintero es cuentista, ensayista, guionista y novelista venezolano (Caracas, 2013) / Foto William Dumont. El Nacional

Ednodio Quintero es cuentista, ensayista, guionista y novelista venezolano (Caracas, 2013) / Foto William Dumont. El Nacional

Una cuidada selección de Ednodio Quintero trae al lector “Cuentos memorables venezolanos” (Editorial Planeta, Caracas, 2015), antología que ofrece 33 relatos, desde Rufino Blanco-Fombona a Enza García Arreaza

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1.

Llevo más de cincuenta años –muchos más, pues es fama que aprendí a leer antes que a hablar– leyendo como un poseso, como un fanático, todo lo que pasa por mis ojos y por mis manos, incluyendo las contraindicaciones del Atamel, los numeritos de un partido de béisbol, la basura virtual de Internet y, cómo no, los centenares, tal vez miles de cuentos de mis paisanos de la Pequeña Venecia. Con el paso del tiempo mis lecturas han ido derivando casi exclusivamente hacia la literatura, en particular hacia la narrativa, y aunque en algún momento se me acusó de apátrida por haber manifestado mi predilección por un autor de lengua alemana –por añadidura checo y judío–, Franz Kafka, confieso, sin rubor, que he leído muy probablemente a todos y cada uno de los narradores de mi país. ¿Unos trescientos? Quizá.

2.

Por allá a finales de la década del setenta hice una lista de mis diez cuentos favoritos de la narrativa venezolana, con la idea, un poco ingenua, de que algún día los publicaría en una especie de antología personal. Pero nunca me atreví siquiera a proponérsela a un editor. En 1980 publiqué una antología: Narradores andinos contemporáneos, que incluía a trece autores de esa región del país. Al año siguiente, iniciando una efímera colección de cuadernos de la revista Azul de la Universidad de los Andes, reincidí con una muestra de siete autores titulada Nuevos narradores en Mérida.

3.

Ha pasado mucha agua bajo los puentes desde aquella lista primigenia y la publicación de aquel par de antologías regionales. Y ahora se me ofrece la oportunidad de compartir con un grupo de lectores, que imagino inmenso y unánime, en su mayoría de jóvenes y curiosos, recién llegados al territorio de lo imaginario, ávidos de propuestas novedosas, compartir, digo, mis predilecciones por la cuentística de mi país. Mi país, tu país. Gracias a la persistencia y generosidad de mi editora favorita Mariana Marczuk y al ojo agudo y perspicaz de Lourdes Morales, ambas editoras de Planeta Venezuela, mi idea original de ver en un libro mis cuentos venezolanos predilectos se ha concretado con esta compilación, Cuentos memorables venezolanos. Resulta lógico que la lista inicial de apenas una decena de cuentos se haya ampliado, al parecer considerablemente, a treinta y tres. No a causa de una relajación en mi gusto ni como sucede en los programas musicales de la radio para complacer peticiones, sino por algo tan elemental como el transcurrir del tiempo. Que se ha traducido, entre otros avatares, en el surgimiento e incluso en el nacimiento de nuevos autores. Considérese, por ejemplo, que si ubicamos los diez relatos originales en el hit parade de 1978, algunos de los autores incluidos en esta antología no habían nacido para esa fecha, otros andarían gateando o en la escuela primaria y así por el estilo. Considérese además el caso de los escritores tardíos, aquellos que publicaron sus primeros trabajos pasada la cuarentena o el medio cupón…

4.

Una antología, la que sea y de lo que sea, debe obedecer a un criterio. Esta que ahora entrego a consideración de los lectores se basa en mi pasión por la lectura y en mi memoria de lector. Como sabemos, la memoria es selectiva y a menudo caprichosa, de tal manera que los cuentos seleccionados aquí no provienen de una exhaustiva investigación con el fin, digamos, de postular un canon, sino de la idea de compartir con los lectores aquellos relatos que mi memoria guarda como un tesoro, como las perlas que muy de vez en cuando aparecen en las entrañas de las ostras. Por supuesto, hay mucho de exhaustivo en la escogencia, ya que podría afirmar que me inicié en estas lides de lo vernáculo a los trece años leyendo por puro placer los Cuentos grotescos de Rafael Pocaterra cuando estudiaba en el Liceo O’Leary de Barinas y que en el presente disfruto cada vez que aparece un nuevo libro de Enza García Arreaza. Considérese que entre Pocaterra y García Arreaza media un siglo de distancia. Y un siglo largo es el espacio que cubre esta antología…

5.

Volviendo al criterio o al punto de vista del antólogo, debo recalcar que por motivos diferentes, a veces inexplicables o esotéricos, estos relatos me han producido una impresión inmediata, como el amor a primera vista, que se ha convertido en perdurable. Imágenes fulgurantes, anécdotas bizarras, sutiles formas de narrar, enfoques sorprendentes, puntos de vista sesgados, revelaciones, intuiciones y demás eones que persisten en mi memoria como tatuajes, como mantras, como señales en la niebla, como el reclamo de unos personajes que pugnan contra el olvido. Al releerlos en conjunto, para mi sorpresa y satisfacción encuentro que mi gusto coincide casi como un calco con lo que podríamos denominar literatura de iniciación, aquella que señala los ritos de paso de la juventud a la madurez, la que propicia el interés por la lectura, probablemente la más adecuada para los nuevos lectores, jóvenes, estudiantes de secundaria, mujeres solas, seres inteligentes y curiosos de cualquier edad y condición.

6.

Una propuesta de lectura, como un juego, sería la de abordar esta antología como si se tratara de un puzzle, de un artefacto para armar. En tal sentido, el lector abriría el libro por cualquier página y leería el cuento que le depare el azar, y luego repetiría la suerte hasta dibujar la figura final. Aunque también es válida la lectura lineal, siguiendo el orden cronológico o comenzando de atrás hacia delante. O cualquier otra alternativa que a usted se le ocurra, pues leer, como escribir, como amar, es una forma del ejercicio de la libertad.

7.

Tuve la tentación de escribir un prólogo extenso y explicativo, erudito, que comenzara con los orígenes de nuestra literatura, es decir con la crónica del tercer viaje de Colón, y continuara con alusiones a la obra de don Andrés Bello hasta llegar a la confusa contemporaneidad. Me abstuve de semejante empresa cuando observé las notas bio-bibliográficas que elaboré con esmero, cuidado y dedicación, intentando mantener cierto equilibrio en mis apreciaciones críticas y dedicando el mismo espacio para cada autor. Creo que en esas notas está lo esencial para abordar la obra de los cuentistas escogidos y así complementar la lectura de cada cuento en particular. Pienso, además, que leídas en conjunto constituyen una aproximación, admito que muy personal, ojalá que original, a la cuentística venezolana del siglo XX y lo que va del XXI.

8.

Más arriba utilicé el término mantra, que ampliaré al más castizo –y cristiano– de letanía para ofrecer a los lectores, a manera de menú o guía, una síntesis de los argumentos de estos treinta y tres relatos. Ahí van, en orden de aparición:

  1. Un adolescente cruel se ensaña con un indefenso jumento.
  2. Las gracias de la fea, la bonita las desea.
  3. Un maravilloso periplo al País de la Imaginación.
  4. Con pasos de zamuro el zamarro coronel camina por la cuerda floja.
  5. Una bella mujer abrazada a un muro carcomido por el salitre.
  6. El encarnizado combate de David contra un repugnante ser.
  7. Fragmentos de sangre, sudor y semen en los desiertos de Unare.
  8. El viajante se inclina sobre una chica famélica, desnuda como una piedra.
  9. Un jinete extraviado en una ensoñación arriba a una ciudad solitaria y despreciable.
  10. El niño montañés evoca al forastero que gira en el campanario como un gallo de metal.
  11. Un joven magnicida condenado al infierno del conocimiento… y la postergación.
  12. Un hermoso y esquivo pájaro de oro posado en el árbol del deseo.
  13. La cometa se eleva y se eleva hasta el alto cielo cargado de relámpagos.
  14. Un pollito amarillo aleteando fuera de lugar como un corazón delator.
  15. El demonio tan temido muestra su siniestra sonrisa en una estación del metro.
  16. El abrazo sangriento y letal de un hermoso leopardo.
  17. El espectro de una bella desconocida vagando por París.
  18. Canto ceremonial para una madre ausente.
  19. Nieto y abuelo comparten un ardiente y aromático secreto.
  20. La entrega ritual de una virgen desata la peor de las pestes: el amor.
  21. Un antiguo juego de estrategia deviene en metáfora de los sentimientos encontrados.
  22. La niña clarividente se posesiona de las débiles mentes de sus contertulias.
  23. Un enjambre de horribles insectos como representación de la más pura desolación.
  24. El pasado que regresa como un bumerang, como una admonición.
  25. En un ambiente opaco y desolado el anti-héroe se entrega con resignación a su infeliz destino.
  26. Perros, perros, perros huyendo de un excéntrico personaje dispuesto a morder a las primeras de cambio.
  27. El desvaído retrato de un inmigrante portugués.
  28. El niño Alejandro (Magno) salvado de un atentado mortal por un inocente cordero.
  29. La solitaria Elisa recibe en su cumpleaños un enigmático e inesperado regalo.
  30. Al igual que el boxeo de sombra, el fútbol se ofrece a menudo como metáfora de la confrontación.
  31. Los piojos púbicos van punteando, como una caravana de camellos atravesando un oasis, los avatares de una pareja de adolescentes.
  32. Un escritor frustrado encuentra en las “travesuras” de su mujer el perfecto motivo para la iluminación.
  33. El trágico encuentro de un niño caraqueño con un zorro blanco, en el país de Hokusai.

Amén.

9.

En fin, treinta y tres historias cotidianas que rebasan las pútridas fronteras patrias para insertarse en el no menos cuestionado territorio de la lengua… Treinta y tres piezas para dibujar un mapa de las emociones, el rostro pálido, anémico y furioso de un país, una especie de espejo convexo donde el lector contemporáneo tal vez alcance a reconocerse con asombro y estupor.